La pelea de los vagabundos en Tulsa
The struggle of Tulsa’s homeless

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Por William R. Wynn | TULSA, OK En los últimos años Tulsa – como muchas otras ciudades en Estados Unidos- ha padecido lo que parecería ser un aumento de población “sin techo”. Dada la naturaleza itinerante de los indigentes es difícil precisar el número exacto de personas que viven en la calle, si bien muchas ciudades han intentado censar a la población intentando cuantificar lo que muchos consideran un “problema” y otros una “tragedia moderna”.

Para muchos de nosotros son una molestia, son las personas a las que miramos con desdén, que apartamos de nuestra mente simplemente porque nos recuerdan cuán fácil es caer en el precipicio y cuán rápido la fortuna de nuestras vidas puede revertirse por completo. Pero para un gran número de americanos estas almas desafortunadas son algo más – son hermanos, hermanas, hijos, tios, y hasta padres. Muchos de los sin techo están afectados no sólo por la pobreza sino por enfermedades mentales, cuestiones que en una sociedad en la que el ganador se lo lleva todo y donde rige el poderoso caballero don dinero, suelen ir de la mano.

Los miembros más jóvenes de este grupo demográfico suelen ser adolescentes con problemas que muchas veces huyen de su casa por situaciones violentas y cambian un tipo de violencia por otra. Ciertamente para algunos el abuso de drogas y alcohol están presentes, como causa o efecto, una degradada forma de auto-medicarse o escapar de los demonios internos. Se dice que todos estamos a centímetros de la calle, a una cuota de hipoteca sin pagar, a riesgo de contraer una enfermedad mental. Y quienes han servido en las fuerzas armadas de este país sufren este particular riesgo. “Los veteranos suelen terminar sin techo debido a diversas incapacidades” asegura la National Alliance to end homelessness. “Por una gran variedad de razones que van de incapacidad mental, angustia, estress post-traumático y otras condiciones, muchos veteranos tienen inconvenientes para reajustarse a la vida en sociedad.

Estas dificultades se traducen en comportamientos peligrosos, abuso de drogas y violencia, que sumados a las incapacidades de la persona pueden conducir a quedarse en situación de calle”. Durante los pasados seis años Gordon Holmes se ofreció como voluntario una vez por semana en el refugio de la ciudad de Tulsa, el “Tulsa’s Day Center for the Homeless”, donde enseña computación, manejo de correo electrónico, formas para preparar un cv y técnicas para conseguir empleo a un sin fin de personas. En su tiempo de voluntario Holmes ayudó a unas 5000 personas, individuos que desafían todos los estereotipos. “Estos no son borrachos, son personas que no tienen suerte y que no encuentran trabajo”, dijo Holmes. “El peor prejuicio es creer que las drogas y el alcohol los llevaron a la calle.

En seis años sólo olí alcohol en una persona”. Y si bien hay muchos factores que pueden empujar a una persona en malas condiciones financieras a la vid en las calles, salir de allí es un camino extremadamente difícil. “Uno de los factores que todos tienen en común es que carecen de medios de transporte”, explicó Holmes. “Nuestro sistema de transporte público es malísimo, y esta gente no puede llegar a las entrevistas de trabajo, y cuando finalmente consiguen uno no pueden ir a trabajar”. Holmes asegura que la mayor parte de las cosas que nosotros damos por sentado implican muchísimo para aquellos que lo han perdido todo, no sólo su hogar sino la conexión con la sociedad. “Cuando le preparo la cuenta de correo electrónico a alguien y los veo reconectarse con la familia que hace 20 años no ven, eso toca algo humano”, dijo Holmes. “Esos días me voy con lágrimas en los ojos”. (La Semana)

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ENGLISH

In recent years Tulsa – like many other cities in the U.S. – has seen what appears to be an increase in its homeless population. Because of the itinerant nature of many homeless individuals, nailing down a precise number is impossible to do, although some cities are engaged in efforts to conduct homeless censuses in the hope of quantifying what some see as a “problem” and others feel is a modern tragedy.

To most of us they are an annoyance, people to be looked down upon or dismissed and put out of our minds lest we consider how close we are to the precipice, how quickly and but for a turn of fortune their lives could be ours. But to a growing number of Americans these unfortunate souls are something more – they are sisters, brothers, children, uncles, aunts, and even parents. Many are afflicted with the dual curse of poverty and mental illness, conditions that in our winner take all, money centric society all too often go hand-in-hand. The younger members of this downtrodden demographic have often fled troubled or event violent homes, trading one bad situation for another. Certainly, for some, drug and alcohol abuse are also present, whether as a causative factor or an unconscious attempt at self-medication, a method of escape or a way to quiet inner demons. It has been said that we are all just a missed mortgage payment or a chronic illness away from living on the streets.

Those who have served this country in the armed forces are also at risk. “Veterans often become homeless due to war-related disabilities,” the National Alliance to end homelessness explains. “For a variety of reasons – physical disability, mental anguish, post-traumatic stress, etc. – many veterans find readjusting to civilian life difficult. Difficulties readjusting can give rise to dangerous behaviors, including addiction, abuse, and violence, which, coupled with the difficulties, can lead to homelessness.” For the past six years, Gordon Holmes has volunteered once a week at Tulsa’s Day Center for the Homeless, teaching basic computer skills and helping people set up email accounts, create résumés, and search for jobs. During this time, Holmes says he has helped at least 5,000 people, people who defy stereotyping. “These are not drunks, these are people down on their luck who are trying hard to find work,” Holmes said. “The biggest misconception is that drinking and drugs have decimated these people.

In six years I have smelled alcohol on only one person.” And while there are many factors that can quickly push a person from struggling financially to living on the street, getting out can be a longer, more difficult road. “One factor most have in common is a lack of transportation,” Holmes explained. “Our bus system is terrible. People can’t get to job interviews and, when they get a job, can’t get to work.” Holmes said there are so many things most of us take for granted that can mean so much to a person who has lost not just a home, but a connection to society. “When I set up email for someone and watch them get back in touch with family they haven’t seen for 20 years, that touches something human,” Holmes said. “On those days, I leave with a tear in my eye.” (La Semana)