Proyectos mexicanos dependen de socios privados Mexican
Government Depends on Private Business Partners

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Por Emilio Godoy | MÉXICO El gobierno mexicano ha pasado a recurrir en forma creciente a las asociaciones público-privadas (APP) para emprender proyectos energéticos, un esquema rodeado de opacidad y discrecionalidad, según especialistas y sectores críticos. En la medida en que avanza la ejecución de la reforma energética de 2013, que abrió el sector al capital privado, local e internacional, la previsión es que ese modelo se utilice con mayor frecuencia. En el caso del consorcio estatal Petróleos Mexicanos (Pemex), “las alianzas que hace no son con cualquiera, son con los gigantes corporativos. No habla mucho sobre esos tratos.

Es muy difícil rastrearlos”, dijo Omar Escamilla, investigador en hidrocarburos del no gubernamental Proyecto sobre Organización, Desarrollo, Educación e Investigación (Poder, en inglés). “(Las APP) son constituidas con empresas inscritas en paraísos fiscales, eso limita a la justicia mexicana para que rindan cuentas o solicitar informes sobre el uso de los recursos. Lo preocupante es con quién se asocia, de dónde viene el capital, cuál es la historia de esas empresas”: Omar Escamilla.

El analista señaló que las sociedades “son constituidas con empresas inscritas en paraísos fiscales, eso limita a la justicia mexicana para que rindan cuentas o solicitar informes sobre el uso de los recursos”. “Lo preocupante es con quién se asocia, de dónde viene el capital, cuál es la historia de esas empresas”, sentenció. La Ley de Asociaciones Público-Privadas, vigente desde 2012 y reformada en 2014, regula aquellos proyectos que se realicen con cualquier esquema para establecer una relación contractual de largo plazo, entre ins­tancias del sector público, para la prestación de servicios que utilicen infra­es­tructura provista total o parcialmente por el sector privado.

La norma fija la obligatoriedad de licitarlos, le da la facultad al Estado de declarar las obras de utilidad pública, de expropiar tierras y un plazo mínimo de 40 años para los contratos. México ocupa el séptimo lugar entre los países del Sur en desarrollo en utilizar las APP, solo precedido por Brasil, dentro de América Latina.

El mayor número se ha concretado en la vialidad del país, aunque también se han aplicado en la construcción de hospitales especializados, prisiones, aeropuertos, ferrocarriles y el área ener­gé­tica. Según define el Banco Mundial, la APP se refiere a un acuerdo entre el sector público y el privado, en que parte de los servicios o tareas responsabilidad del Estado lo sumi­nistran privados bajo un claro acuerdo de objetivos compartidos para suministrar el servicio público o la infraestructura pública. (IPS)

ENGLISH

The Mexican government has increasingly turned to public–private partnerships (PPPs) to build infrastructure in the energy industry and other areas. But critics say this system operates under a cloak of opacity and is plagued by the discretional use of funds. As the 2013 energy reform, which opened the industry to national and international private capital, is implemented, PPPs have become more and more frequent.

In the case of the state oil company Pemex, “it doesn’t form alliances with just anyone, only with corporate giants. It doesn’t talk much about those deals. They’re very hard to track,” said Omar Escamilla, a researcher on fossil fuels with the non-governmental Project on Organising, Development, Education, and Research (PODER).

The analyst told IPS that “The PPPs are formed with companies registered in tax havens, which makes it difficult for the Mexican justice system to hold them accountable or request reports on how the funds are used.” “What is worrisome is who the partnerships are formed with, where the capital comes from, and what is the history of those companies,” he said. “The PPPs are formed with companies registered in tax havens, which makes it difficult for the Mexican justice system to hold them accountable or request reports on how the funds are used.”– Omar Escamilla The Law on Public–Private Partnerships, in effect since 2012 and amended in 2014, regulates long-term contractual arrangements by the public sector for the provision of services that use infrastructure partially or totally provided by the private sector.

The law requires that the contracts be put out to tender, and gives the state the power to declare the works of public utility and to expropriate land, while setting a minimum timeframe of 40 years for the contracts. Mexico is in seventh place among developing countries in terms of the number of PPPs. In Latin America, only Brazil uses this scheme more frequently. The largest number of PPPs has involved the construction of roads, although they are also used in the construction of hospitals, prisons, airports, railroads and the energy industry.

According to the World Bank, “PPPs are typically medium to long term arrangements between the public and private sectors whereby some of the service obligations of the public sector are provided by the private sector, with clear agreement on shared objectives for delivery of public infrastructure and/ or public services.” PPPs are seen as improving the equation between quality and prices for services, transferring risks to the private sector, improving incentives for efficient production, reducing public spending, and transferring debt to the private sector. (IPS)