Los mexicanos no cren en Trump
Mexicans don’t believe Trump

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Por Guillermo Rojas | México City

“Trump provocaría un caos económico si cumple su promesa y deporta a 11 millones de indocumentados”

Faltan pocas semanasa para que el presidente electo Donald Trump asuma la primera magistratura del país más poderoso del mundo. Mucha gente en México piensa que Trump es un politico que cambia de opinión según su conveniencia.

Los ciudadanos de México dejaron de preocuparse por el nuevo presidente porque no toman en serio su promesas de campaña y creen que no serán afectados en sus bolsillos ni en sus vidas cotidianas. Este reportero tuvo la oportunidad de conversar con algunos ciudadanos de diferentes estratos sociales y estas son sus conclusiones.
Un renombrado notario públco en la ciudad de Acapulco, Isidro Roble Leyva, dijo “ desde mi perspectiva, lo que Trump prometió en su campaña son ideas descabelladas porque no puede deportar a 11 millones de indocumentados por las consecuencias catastróficas para nuestro vecino”. “Eso provocaría un caos económico y no tendrían mano de obra barata para hacer el trabajo que los gabachos no quieren hacer”, afirmó.
En la opinion de Robles Leyva “los mexicanos ahora tienen la oportunidad de romper esa relación simbiótica con la Union Americana porque hasta ahora, todo lo que pasa en EE.UU repercute en la sociedad mexicana”. “Y ese es un mito que hay que romper y sacar ventaja de las supuestas adversidades porque si el nuevo presidente afecta con sus medidas al país, entonces veremos cómo se responde porque aquí no nos vamos a bajar los pantalones”, dijo.
Un empresario de la industria gráfica, Arturo Gonzalez, mencionó “yo no creo que Trump cumpla con sus promesas de campaña porque es un gobierno impopular y una cosa es decir y otra cosa es hacer. Los estadounidenses no van a permitir que nuestras relaciones se perturben porque tenemos lazos culturales y económicos que nos benefician recíprocamente”.
Además enfatizó que “tenemos más de tres mil kilometros de frontera y para construir semejante muro les va a costar mucho dinero, pero no serviría de mucho porque en poco tiempo sería una coladera y el tráfico humano no cambiaría”.
Un trabajador del Mercado de Abasto, Ignacio Salgado, califico a Trump como “un presidente conflictivo y que no tiene sentimientos porque se está enfocando en separar a las familias mexicanas que viven en EE.UU. ”. Según Salgado, “el presidente Trump no se da cuenta que aquí también hay muchos “gringos” y el gobierno mexicaco no tiene intención de deportarlos”.
En la otra cara de la moneda, hay más de un millón de estadounidenses que viven en México y están con miedo por las medidas que Trump pudiera tomar contra el país.
Hay un serie de pueblos mexicanos donde se les da la bienvenida a numerosos jubilados que emigran a México atraídos por la paridad cambiaria y por la soli­daridad de sus habitantes, pero quizá en ninguno se sienta tanto la mano “gringa” como en Ajiijie una pequeña población cerca del lago Chapala en el estado de Jalisco.
Del millón de estadounidenses que se estima viven en México, una buena parte son jubilados han escogido sitios como Ajijic. Aquí pueden deambular por sus calles empedradas, disfrutar del paisaje de coloridas casas, sus galerías de artes y sobrevivir casi sin hablar español.
Y para algunos nativos de Ajijic la masiva presencia de estadounidenses es una bendición pero también lo ven con cierto resentimiento según un informe de la BBC.
“Molesta un poco que vengan a aprovecharse de los bajos precios, los bajos salarios, de los servicios de salud”, reconoce una mesera de una restaurante del centro.
“Y algunos encima se enojan si tienen que hablar español, pretenden que todo sea en inglés. Pero dan trabajo y el lugar es tranquilo en parte gracias a ellos”, afirma.
Claro que la preocupación de los estadounidenses en México es comprensible porque la constitución mexicana autoriza al poder ejecutivo a expulsar del país aquellas personas que sean indeseables. Si Trump implementa políticas que afecten a la nación azteca, los estadounidenses piensan que podrían estar en peligro y algunos están pensando en tomar la ciudadanía mexicana para evitar represalias . (La Semana)

ENGLISH

In less than a month Donald Trump will officially become the President of the United States, the most powerful country in the world. While the nation waits, Mexico looks at the tycoon’s phenomenon with mistrust.

Mexicans have stopped worrying about Trump since they realized he might not be that serious about his campaign promises and because they finally noticed that Trump has nothing to do with their pockets. On a special trip to Mexico La Semana was able to catch a glimpse of what it feels like to have Trump as the controversial president of its Northern neighbor.
“From my perspective what Trump promised during his campaign are just a bunch of insane ideas because the system is not able to handle the deportation of 11 million undocumented,” Isidro Roble Leyva, a well-known notary public in Acapulco said. “The consequences for the country would be terrible.”
“This would cause economic chaos and the US would find itself deprived of the cheap labor it so badly needs, and that the Americans refuse to do,” Roble Leyva added.
“Mexicans now have the chance of breaking that symbiotic bond they have had with America because until today everything that happens there tends to affect the Mexican society,” Roble Leyva continued. “This is a myth that needs to be proven wrong — we need to take advantage of these troubled times, because if Trump and his policies affect Mexico, we will have to find a way to fight back. Mexico will not pull down its pants.”
Arturo Gonzalez, a graphic designer expressed similar skepticism.
“I don’t think Trump will fulfill his promises because he is leading an unpopular government and he needs to be careful because it is one thing to say you will do it and another to do actually do it,” Gonzalez said. “America will not let the Mexico-USA bond perish just because of one guy; we share a precious history, have common cultural roots and a financial relationship that is mutually profitable.”
“We share more than 3000 KM of border. Building a wall will cost an impossible amount of money, but in the end it would be useful, because it would prove that eventually even walls can be climbed and human trafficking is here to stay,” Gonzalez explained.
Ignacio Salgado, a worker at the Abasto Market, described Trump as a “skirmishing type of President who has no feelings at all and is only focused on destroying the Mexican families that live in the USA.” According to Salgado, “Trump does not realize that we also have a lot of ‘gringos’ here in Mexico and our government is not even considering deporting them.”
There are more than a million Americans living in Mexico who are afraid of Trump’s potential actions against the USA’s southern neighbor.
A lot of Mexican communities welcome retired Americans who decide to move south because of the financial benefits of the currency and the solidarity of the people. No town knows better that Ajiijie, a small village near lake Chapala in the state of Jalisco that contains more than half of the retired American population in Mexico. Here Americans are everywhere, they walk safely down the streets, enjoy the views, the art galleries and survive even without speaking Spanish.
According to a BBC World report Ajijie loves and resents the presence of the Americans.
“We don’t like them coming here because everything is cheap, labor, health insurance, compared to the American prices,” explained a local waitress.
“Some are even annoyed if they have to speak Spanish, they expect everything to be expressed in English, but at the same time they create work and everything is quiet because of their presence in town.”
Still, the Americans on Mexican soil are worried because the Mexican constitution allows the executive power to expel from the country those considered undesirables. If Trump decides to implement policies that affect the Aztec nation, some Americans feel it might threaten their position and are willing to take Mexican citizenship to avoid the consequences of this resentment. (La Semana)