Cómo resolver el problema de los indocumentados
Undocumented immigration: a possible solution

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Photo by Alex Wong/Getty Images)
Photo Credit: Alex Wong/Getty Images

Por George N. Otey

Español

George N. Otey es abogado en Tulsa, Oklahoma, y tiene una maestría en historia de la universidad estatal de Oklahoma.

Ahora que Donald Trump reavivó su idea de construir un muro a lo largo de la frontera mexicana, es el momento exacto de parar la pelota y volver a reflexionar sobre el problema de la inmigración.

Construir un muro no frena la demanda de un enfoque más directo para deportar a los 11 millones de ilegales que actualmente viven en Estados Unidos. El número está estático, la tarea es casi imposible, los costos difíciles de calcular y el problema tiene más años que el mismo Trump.

Cuando en la década del 20’ el presidente Coolidge firmó el Acta de inmigración -1924- se introdujeron cuotas inmigratorias basadas en censos migratorios excluyendo a las poblaciones de Canadá y México. Para enmendar esta situación el representante de Texas John Box intentó reunir esfuerzos para cerrar la frontera Sur, iniciativa que resultó trunca y que tuvo dos consecuencias: la creación de la patrulla de fronteras en 1926 y la exposición de un sentimiento de xenofobia y miedo hacia los inmigrantes mexicanos.

La pregunta que todos nos hacemos es la siguiente ¿Puede la construcción de un muro frenar la inmigración desde el Sur? No. Las fronteras fluyen y hasta la Muralla China tuvo sus limitaciones. La realidad es que la comunidad latina ha llegado al país para quedarse y hay que lidiar con la alteración del paisaje racial americano.

El cambio es inevitable y requiere respuestas conscientes, no reacciones parroquiales. El primer paso para superar el racismo que suscitó la última campaña presidencial es legalizar a los 11 millones de indocumentados. Darnos cuentas de que el diablo está en los detalles podríamos percatarnos de que este largo proceso cuenta sólo de tres pasos:

1-Durante un período de tiempo pautado (por ejemplo dos meses) los indocumentados deberán presentarse para ser identificados (en una iglesia, oficina de correos, etc.) Allí después de pagar una tasa de $150 le ofrecerán al gobierno su información de contacto y a cambio reciben un documento de identidad, con huella y foto.

2- Cuatro o cinco meses después los portadores de ese nuevo documento deberán reportarse nuevamente al mismo lugar, pagar otra tasa de $250, revisar sus datos de domicilio y contacto y renovar la licencia obtenida previamente esta vez con un número de seguridad social utilizado para pagar impuestos.

3- Otros cinco meses después quienes tengan ese número de seguridad social deberán volver al sitio de identificación, pagar una tasa de $600 y renovar la licencia, esta vez recibiendo a cambio una visa temporal de trabajo que les habilitaría el camino a una eventual Green card.

Considerando que hay un número estimado de 11 millones de indocumentados el gobierno recibiría una recaudación aproximada de 11 billones de dólares y ganaría nuevos ciudadanos.

Sustraigámosle 2 millones si queremos considerar los supuestos 2 millones de criminales que Donald Trump asegura hay, y que probablemente no se registren, esto nos sigue dejando 9 millones de personas listas para pagar y ayudar a financiar la deportación de los criminales, cubrir el costo de la legalización, financiar patrullas inmigratorias y más.

Un registro anual con una tasa de $1000 ayudaría a monitorear todo el sistema sin pedirle dinero extra al estado.

¿Qué sucederá entonces con la muralla de 14 billones? Mejor ahorrémonos los costos de construcción, compra de terrenos, cuestiones legales, control de fraudes, etc y trabajemos con el gobierno mexicano para crear estaciones temporarias de migración en ciertos puntos específicos de la frontera. Allí cada persona deberá pagar unos $1500 (o la tasa actual que cobra un coyote) tras un período de 12 meses en México para verificar su identidad, prontuario criminal y finalmente para recibir una visa temporal de empleo con foto, huella dactilar y número de seguridad social. Sin identificación y visa temporal no hay ingreso. ¿Qué hacer con los nuevos indocumentados después de implementado el sistema? Allí se discutirá con el gobierno mexicano si es mejor deportarlos o encarcelarlos según el costo. Tener un diálogo real con el gobierno mexicano es una mejor opción que construir un muro y hacérselos pagar.

No es una solución perfecta pero es un paso en la dirección correcta.

Presidente Trump estoy disponible para cualquier consulta.

English

George N. Otey is an attorney in Tulsa, Oklahoma, and he has a Master’s Degree in History from Oklahoma State University.

Now that Donald Trump has been inaugurated and started the process of building a wall along the Mexican border, it might be time to stop just a minute and rethink the “immigration problem.”

Building the wall will not stop the demand for a more direct approach to deport the reported 11 million undocumented immigrants now in the United States.

The number is staggering, the task impossibly daunting, the cost unspecified, and the problem not new.

When President Coolidge signed the Immigration Act of 1924 into law, entry quotas were established based on historical migration statistics, specifically excluding Canada and Mexico

To correct this Representative John Box of Texas spearheaded unsuccessful efforts through the late 1920s to close the southern border.

The result of the failure was two fold: creation of the Border Patrol in 1926 and exposure of a deep seated xenophobic fear of migration from Mexico.

Will building a wall and deportation really accomplish the goal of halting migration across the southern border?

No. Borders are always fluid; even the Great of Wall of China had its breaches.

The reality is the Latino community is here to stay, along with the continued alteration of America’s race-scape.

Change is inevitable and requires a conscientious response instead of a parochial reaction.

The initial step toward moving away from the rumbling subsurface racism given a new voice through the recent election campaign would be legalization of the undocumented 11 million.

Realizing the devil is in the details, the overall procedure could take three steps:

1- Over a specified time period (say two months) the undocumented would report to an identified place (post office, church, etc.), pay a $150 registration fee, provide government officials with current contact information, and receive a photo ID license with finger print;

2- Approximately four or five months later, the card holders would report to the same location, pay a $250 registration fee, provide updated contact information, surrender the original license, be reissued a new one with a social security number to be used to report earnings to pay taxes;

3- Approximately four or five months later, the holders would again report to the same place, pay a $600 registration fee, surrender the second license, and be issued a temporary work visa with the possibly of starting down the path to obtaining a green card.

Within the time frame the undocumented 11 million would pay the government $11 billion and become legal.

OK, subtract $2 billion to account for Mr Trump’s supposed two million criminals who more than likely would not register, that’s still $9 billion to pay for deporting the criminals, cover the cost of legalization, help fund the border patrol, and then some.

A mandatory annual registration with an accompanying fee of $1,000 would help monitor and pay for the system.

What about the $14 billion wall?

Why not save the purchase price for the property, court costs to condemn properties, construction costs, auditors to catch contractor fraud, etc.

Work with the Mexican government to set up temporary migration stations at specified border locations; each person would make an advanced payment of $1,500 (or the going rate for coyotes); after a twelve month waiting period (in Mexico) to confirm the person’s identity and background check, issue a temporary work visa with a photo ID, fingerprint and a social security number for tax purposes.

No card, no entry, no exceptions.

What to do with those newly undocumented after instituting such a system? That would be a point of further discussion with the Mexican government especially on assessing the cost of jailing and deporting them? That might be a more realistic dialogue with the Mexican government than trying to shift the cost of building a wall on to them.

Not a perfect resolution but a step in the right direction.

President Trump, I’m available to talk.