Familias de desaparecidos en México buscan fosas clandestinas
Families of the “Disappeared” Search for Clandestine Graves in Mexico

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Credit: Marcos Vizcarra/IPS
MARCOS VIZCARRA/IPS

Por Daniela Pastrana

Español

Navolato, México—Tiene 8 años y busca a su hermana menor, Zoe Zuleica Torres Gómez, desaparecida en diciembre de 2015, cuando tenía 5 años, en el nororiental estado de San Luis Potosí. Juan de Dios es el buscador de fosas clandestinas más joven de México.

Con pico y pala, se unió a la Tercera Brigada Nacional de Búsquedas de Desaparecidos, que el lunes 30 encontró los restos de un cadáver en una fosa oculta en un campo agrícola de maíz y sorgo del ejido de Potrero de Sataya, en el municipio de Navolato, en el noroccidental estado de Sinaloa.

Se trata del segundo hallazgo de esta brigada, formada por un puñado de mujeres y hombres, que buscan entre la tierra pistas de sus hijos, hermanos y padres desaparecidos durante los años de la llamada guerra contra el narcotráfico, acompañados de algunos activistas defensores de derechos humanos y sacerdotes católicos.

“Un problema que no es reconocido no puede ser resuelto, y tampoco puede tener sanación”, dijo Juan Carlos Trujillo Herrera, el impulsor de las brigadas, que ha acompañado su trabajo en Sinaloa. “Todos los ministerios públicos (fiscales) del país están saturados con este tema, no hay una estructura que nos permita pensar que la institucionalidad va a funcionar. Por eso hemos tenido que salir nosotros a buscar a nuestros familiares”, insistió Trujillo, quien busca a cuatro hermanos desaparecidos.

Al llegar a la presidencia en diciembre de 2006, el derechista Felipe Calderón (2006-2012) militarizó la seguridad del país para combatir a las mafias del tráfico ilegal de drogas y lanzó a México a una espiral de violencia de la que no puede salir. Un dato dimensiona la gravedad del problema: antes de ese año, el gobierno mexicano identificaba a siete grandes carteles del narcotráfico.

Diez años después, hay cerca de 200 grupos criminales operando en el país, según la información dada a conocer este mes por el Programa de Política de Drogas del Centro de Investigación y Docencia Económica (Cide). La información del Cide, una de las instituciones educativas más prestigiosas del país, registra también por lo menos 68 masacres en ese tiempo.

En 10 años, la llamada guerra contra el narco emprendida por Calderón ha dejado más de 177.000 personas asesinadas, de ellas 73.500 durante la gestión de su sucesor, el también conservador Enrique Peña Nieto.

También ha tenido un saldo de al menos 30.000 personas desaparecidas, aunque los registros sobre desapariciones varían mucho entre distintas autoridades y organizaciones de la sociedad civil.

 En 2011, el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que encabezó el poeta Javier Sicilia puso en la agenda nacional el tema de las desapariciones, al evidenciar cientos de casos en todo este país de 122 millones de habitantes.

Pero fue en octubre de 2014, con la desaparición forzada de 43 estudiantes de magisterio rural en Ayotzinapa, en el suroccidental estado de Guerrero, y en enero de 2016, cuando cinco jóvenes fueron detenidos y desaparecidos por policías estadales en Tierra Blanca, en el estado de Veracruz, que el país supo que muchas de las desapariciones atribuidas al crimen organizado eran, en realidad, desapariciones dirigidas por las autoridades. (IPS)

English

México—Juan de Dios is eight years old and is looking for his younger sister, Zoe Zuleica Torres Gómez, who went missing in December 2015, when she was only five years old, in the northeastern state of San Luis Potosí. He is the youngest searcher for clandestine graves in Mexico.

With pick and shovel, in the last week of January he joined the Third National Brigade for the Search for Disappeared Persons, which on Monday Jan. 30 found the remains of a body in a grave hidden in a corn and sorghum field on the communal land in Potrero de Sataya, in the municipality of Navolato, in the northwestern state of Sinaloa.

It is the second body found by this brigade, made up of a handful of women and men who search in the ground for signs of their children, siblings and parents gone missing during the years of the so-called war against drug trafficking, together with human right defenders and Catholic priests.

“A problem that has not been recognized cannot be solved, nor can it heal,” said Juan Carlos Trujillo Herrera, who is behind the creation of the brigades, told IPS during the brigade’s work in Sinaloa. “All the public prosecutor offices in the country are saturated with this issue, there is no structure in place that would allow us to think that the institutions are going to work. That is why we have had to go out to look ourselves for our family members,” insisted Trujillo, who is searching for four disappeared siblings.

On taking office in December 2006, right-wing president Felipe Calderón (2006-2012) militarized the security of the country to combat the drug mafias and threw Mexico into a spiral of violence from which it has not escaped.

One aspect reflects the seriousness of the problem: before that year, the Mexican government identified seven major drug cartels. Ten years later, there are nearly 200 organized crime groups operating in the country, according to information published this month by the Drug Policy Program of the Center for Economic Research and Teaching (Cide).

The data from Cide, one of the country’s most prestigious educational institutions, also registers at least 68 massacres in that period of time.

In 10 years, the so-called war on drugs launched by Calderón has left more than 177,000 murder victims, 73,500 of them during the administration of his successor, the also conservative Enrique Peña Nieto. It has also left at least 30,000 missing people, although registers on disappearances vary greatly among the different authorities and civil society organizations.

In 2011, the Movement for Peace with Justice and Dignity headed by the poet Javier Sicilia brought to the forefront the issue of forced disappearance, reporting hundreds of cases in this country of 122 million people. But it was in October 2014, with the forced disappearance of 43 rural student teachers in Ayotzinapa, in the southwestern state of Guerrero, and in January 2016, when five young people were detained and “disappeared” by state police in Tierra Blanca, in the state of Veracruz, that the country discovered that many of the disappearances attributed to organized crime were actually carried out by the authorities. (IPS)