Mis lentes de contacto me dejaron ciega de un ojo
I was blinded by my contact lens

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Por Marie Jackson

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Español

Cuando a Irenie Ekkeshis le empezó a picar el ojo, pensó que se le pasaría pronto. Pero no fue así.

Al poco tiempo, el dolor se volvió insoportable y perdió la vista en ese ojo. El motivo más probable: haber manipulado sus lentes de contacto con los dedos mojados.

Un sábado de enero de hace cinco años, Ekkeshis se despertó con el ojo derecho lleno de lágrimas, así que fue a la farmacia y se compró unas gotas.

“Pensé que se trataba de una pequeña infección que se iría en un par de días. Pero esa noche no podía ni entrar en la cocina porque la luz fluorescente era demasiado brillante y me causaba dolor”, recuerda.

Ekkeshis acudió al hospital oftalmológico de Moorfield, donde los médicos le hicieron un raspado corneal, un procedimiento que consiste en retirar células de la superficie del ojo.

“Es tan horrible como suena: ves cómo la aguja se dirige hacia tu ojo. El dolor es muy intenso, incluso con anestesia local”, cuenta.

Unos días después, le dijeron que tenía queratitis por Acanthamoeba, una infección rara pero grave causada por un microorganismo presente de manera habitual en el agua del grifo, del mar y de las piscinas.

“Me sentía conmocionada y asustada. Para entonces ya había perdido la visión del ojo derecho. Era como mirar a través del espejo empañado del baño. Podía ver colores y formas pero no mucho más”, explica.

Una infección muy rara
La enfermedad afecta cada año a 125 personas en Reino Unido y la mayoría de estos casos están relacionados con el uso de lentes de contacto.

“No me había duchado ni nadado con ellos puestos. Pero resulta que la puedes adquirir solo con lavarte las manos y no secártelas bien antes de manipularlos”, asegura Ekkeshis.

Tenía 12 años cuando decidió cambiar sus gruesas gafas por lentes de contacto. “Supongo que porque era una niña tímida”, reflexiona. A los 30, usaba los desechables y nunca había tenido ningún problema con ellos.

Hasta que apareció la queratitis.

Al principio, le dieron gotas antisépticas que debía echarse cada hora. Le dijeron que se curaría en cuestión de semanas gracias a que la infección había sido detectada a tiempo. Pero su ojo no respondía al tratamiento.

Un dolor insoportable
La córnea es uno de los receptores más sensibles del cuerpo, así que Ekkeshis se retorcía de dolor: “A veces era insoportable y era casi imposible de controlar, incluso con los analgésicos más fuertes”. No podía trabajar, por lo que tuvo que renunciar a su puesto como directora en una empresa de viajes.

Tuvo el ojo lloroso durante meses hasta que los médicos fueron capaces de controlar la infección. El dolor también comenzó a ceder. Pero la córnea estaba dañada, lo que le dejó una visión borrosa en ese ojo.

En mayo de 2013, le realizaron un trasplante de córnea que pareció funcionar. “Por primera vez en mucho tiempo podía ver con ambos ojos. Era increíble”, recuerda.

Sin embargo, diez días después notó que la vista del ojo derecho comenzaba a nublarse otra vez y las pruebas confirmaron que la queratitis había afectado al nuevo trasplante. “Volví al punto de partida. Fue desgarrador”, relata Ekkeshis.

De vuelta al quirófano
Un año después, volvió al quirófano para recibir su segundo trasplante pero, pese a que ya no sentía dolor, algo pasó con su retina que le hizo perder la vista de ese ojo por completo. Los médicos creen que el motivo fue la inflamación causada por la queratitis y que el daño es irreversible.

Durante su enfermedad, Ekkeshis se dio cuenta de que ninguno de sus familiares y amigos, ni siquiera los que usan lentes de contacto, conocen los riesgos de exponerlos al agua. Así que decidió poner en marcha una campaña desde su sofá para abordar el problema.

La queratitis por Acanthamoeba puede dañar la córnea del ojo y nublar la visión.

Descubrió que, si bien existía un folleto de seguridad para los lentes de contacto, este no se solía incluir en los paquetes. Como consecuencia, la información rara vez llegaba a los usuarios.

Ekkeshis le preguntó a la Asociación Británica de Lentes de Contacto por qué no había advertencias en las cajas. Esta respondió que no había espacio en las cajas, así que la mujer decidió diseñar una calcomanía de “No agua” para que los oftalmólogos la pegaran en los envases.

Cuidados a tener con los lentes de contacto

Lo que debes hacer:
Lava y seca tus manos antes de tocarlos.

Si te vas a maquillar, póntelos antes.

Cierra los ojos cuando uses aerosoles.

Lo que debes evitar:
Usarlos en la piscina, bañera o deportes de agua a menos que uti­lices gafas de protección.

Tenerlos puestos en la ducha, a menos que cierres los ojos con firmeza.

Mojarlos con saliva.

Fuente: Loveyourlenses.com*

English

When Irenie Ekkeshis’s eye started to itch she assumed it would soon settle down. It didn’t. Before long, she found herself in excruciating pain and lost her sight in that eye. And the cause may have been nothing more than handling her contact lenses with wet fingers.

One Saturday morning in January 2011, Irenie Ekkeshis woke up to find her right eye was streaming with tears. So she went to the chemist’s and picked up some eye drops.

“I thought I had a little infection that would clear up by Monday. But by that evening I couldn’t bear to go in my kitchen because I found the fluorescent lights too bright. It was painful.”

Ekkeshis went straight to Moorfield’s Eye Hospital where doctors gave her a corneal scrape – a procedure that involves taking cells from the surface of the eyeball.

“It was as horrible as it sounds – you see the needle heading towards your eye. It was excruciatingly painful, even though they use numbing eye drops,” she says.

Within days she was told she had Acanthamoeba Keratitis (AK), a rare but serious eye infection caused by a micro-organism that’s common in tap water, sea water and swimming pools.

“I was feeling very shocked and frightened, as by then I had lost the vision in my right eye. It was like looking through a foggy bathroom mirror. I could see colours and shapes but not much else,” she says.

The illness affects about 125 people in the UK every year – and the vast majority of cases are associated with the use of contact lenses.

“I hadn’t had a shower or gone swimming in my lenses,” Ekkeshis says. “But I learned that even washing your hands and not drying them properly before handling lenses can cause it.”

It was at the age of 12 that Ekkeshis decided to swap her thick glasses for contact lenses.

“I suppose I was a self-conscious pre-teen,” she says.

By the time she was 30 she wore daily disposable lenses, the kind you throw away each evening, and she had never had any trouble with them.

But AK, in which an amoeba invades the cornea – the clear front part of the eye – turned out to be a major problem.

At first, Ekkeshis was given antiseptic eye drops to take every hour. She was told that as the infection had been caught early it should be cured in a matter of weeks.

But her eye didn’t respond to the treatment, and because the cornea has the highest density of pain receptors in the body, she was soon in agony.

“The pain got worse as the infection developed,” she says. “At times it was unbearable and was almost impossible to control, even with the strongest painkillers.”

She could not work and eventually quit her job as a travel company director.

Her eye streamed for months until doctors started to get the infection under control. The pain also started to subside. But by now the cornea of her right eye was scarred, leaving her vision in this eye blurred.

In May 2013 she had a corneal transplant, which appeared to be a success.

“It was amazing to be able to see through both eyes for the first time in a long time,” she says.

However, after 10 days Ekkeshis noticed the sight in her right eye was becoming cloudy again.

“I had a scan which confirmed the AK had moved in to the new transplant. I was back to square one. It was devastating.”

A second transplant followed in 2014.

“My eye stabilised and I was no longer in pain,” she says.

However, something then went wrong with her retina and she completely lost her vision in that eye. Doctors have told her they suspect that inflammation caused by AK was the source of the problem – and that her sight is unlikely to return.

During her illness, Ekkeshis discovered that none of her friends or family, many of whom wore contact lenses, knew about the risks of exposing them to water. So she decided to set up a campaign from her sofa to tackle the issue.

Contact lens dos and don’ts

DO:
-Wash and dry your hands before handling your lenses

-Apply your lenses before putting on make-up

-Keep your eyes closed when using hair spray or other aerosols

DON’T:
-Use your lenses for swimming, hot tubs or water sports, unless wearing goggles

-Wear your lenses when showering unless you keep your eyes firmly closed

-Wet your lenses with saliva

Source: Loveyourlenses.com