La gran minería de oro agrava tensiones en Amazonia brasileña
Gold Mine Aggravates Tensions in Brazil’s Amazon Region

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Español

Por Mario Osava

RESSACA, Brasil– La decadencia se muestra en las viviendas y las tiendas comerciales cerradas, la poca gente en las calles descuidadas en un domingo del sol fuerte que suele alternarse con frecuentes lluvias en esta época en la Amazonia brasileña.

“Acá aún hay mucho oro”, sostuvo Valdomiro Pereira Lima, apuntando al suelo de una fangosa calle del pueblo de Ressaca, para subrayar que la riqueza se extiende por la orilla derecha del río Xingu en su tramo de 100 kilómetros conocido como Volta Grande, y que ella podría recuperar la economía local.

Eso atrajo a Belo Sun, una transnacional minera canadiense, que pretende extraer 60 toneladas de oro en 12 años mediante plantas de separadoras del oro de las rocas, en el mayor proyecto aurifero a cielo abierto del país.

La mina industrial generó una nueva oleada de temores en Ressaca y río abajo, en una población escarmentada por los efectos de la central hidroeléctrica de Belo Monte, operativa desde fines de 2015 y que estará completada en 2019.

Lima, de 64 años, busca oro desde 1980, cuando a los 27 años dejó la agricultura en Maranhão, su estado natal en el nordeste de Brasil, para aventurarse en los “garimpos” (minería artesanal e informal) amazónicos.

Pasó por Sierra Pelada, en el norteño estado de Pará, como Volta Gande, que sedujo a cerca de 100.000 mineros en los años 80, y el estado de Roraima, en la frontera con Venezuela, antes de asentarse en Ressaca.

Pero el oro que dio origen y prosperidad a la villa, y a otros pueblos o campamentos nacidos en torno a minas aledañas, escaseó en yacimientos de fácil acceso y no logró evitar el deterioro del modo de vida “garimpeiro”, constató IPS durante la semana que recorrió la Volta Grande y cuando diálogo con todas las partes interesadas.

“Había más de 8.000 garimpeiros en 1992, cuando llegué acá, hoy son solo 400 a 500”, reconoció José Pereira Cunha, vicepresidente de la Cooperativa Mixta de los Garimpeiros de Ressaca, Itatá, Galo, Ouro Verde e Ilha da Fazenda, de 53 años.

“Uno conseguía hasta dos kilogramos de oro a la semana, ahora solo uno al año”, comparó el dirigente, conocido por el apodo Pirulito, por su pequeño tamaño, y minero desde los 17 años, cuando comenzó también en Sierra Pelada.

Pero todo se arruinó después de 2012, cuando policías e inspectores ambientales desataron la represión contra los garimpeiros, expulsando a muchos, recordó. Además las autoridades mineras no renovaron las autorizaciones de explotación a la Cooperativa, ilegalizando a los mineros que siguen activos en algunas minas.

Caserío de Ilha da Fazenda depende económicamente y en servicios del pueblo de Ressaca, cuyo deterioro por la caída de la extracción artesanal de oro ha provocado la emigración de muchas familias, más por el impacto de la instalación cercana de la planta hidroeléctrica Belo Monte, en el norte de Brasil.

La empresa obtuvo en 2014 la licencia previa, que reconoce la viabilidad ambiental de su proyecto. El pasado 2 de febrero la Secretaria de Medio Ambiente y Sustentabilidad de Pará le concedió la licencia de instalación para construir las plantas necesarias.

Pero dos semanas después la justicia suspendió por 180 días esa licencia exigiendo medidas para reasentar la población afectada y aclaraciones sobre las tierras adquiridas para la minería, supuestamente de forma ilegal. (IPS)

English

RESSACA, Brazil– The decline of this town is seen in the rundown houses and shuttered stores, and the few people along the streets on a Sunday when the scorching sun alternates with frequent rains at this time of year in Brazil’s Amazon region.

“There is still a lot of gold here,” said Valdomiro Pereira Lima, pointing to the ground on a muddy street in the town of Ressaca, to emphasize that the riches underground extend along the right bank of the Xingu River at the 100-km stretch known as Volta Grande or Big Bend, which could restore the local economy.

This drew Belo Sun, a transnational Canadian mining corporation that intends to extract 60 tons of gold in 12 years through plants that separate gold from rock, in what is to be the largest open-pit gold mine in the country.

But the mine has given rise to a new wave of concern among the locals of Ressaca and other communities downstream, where the local population has already been affected by the impacts of the Belo Monte hydroelectric plant, operational since late 2015 and set to be completed in 2019.

Valdomiro Pereira Lima, a garimpeiro or informal miner, says there is gold beneath the streets of the town of Ressaca, as in many other areas along the Volta Grande of the Xingu River. But the residents of this rundown town in Brazil’s Amazon region are opposed to a large-scale gold mining project. Credit: Mario Osava/IPS

The 64-year-old Pereira Lima has been mining for gold since 1980, when at the age of 27 he left farming in Maranhão, his home state in northeastern Brazil, to become a “garimpeiro” or informal artisanal miner in Brazil’s Amazon region.

He worked in Sierra Pelada, in the northern state of Pará, and in Volta Grande, which lured near 100,000 miners in the 1980s, as well as in the state of Roraima, along the border with Venezuela, before settling in Ressaca.

But the gold that gave rise to this village and brought it prosperity, as well as to other towns and settlements that emerged around nearby mines, started to become less accessible, while the garimpeiro way of life deteriorated, IPS noted, talking with all the interested parties during a one-week tour of the Volta Grande.

“There were over 8,000 garimpeiros when I arrived here in 1992, today there are just 400 to 500 left,” said 53-year-old José Pereira Cunha, vice president of the Mixed Cooperative of Garimpeiros from Ressaca, Itatá, Galo, Ouro Verde and Ilha da Fazenda.

“We used to find up to two kg of gold per week, now it’s only one per year,” said the garimpeiro leader, known by the nickname of Pirulito, because he is a small man. He has been a miner since the age of 17, and also got his start in Sierra Pelada.

But everything collapsed after 2012, when the police and environmental inspectors began to crack down on the garimpeiros, driving out many of them, he said. Moreover, the mining authorities did not renew the operating permits for the cooperative, outlawing the miners, who are still active in some milles. The company obtained an advance license in 2004, which recognises the environmental viability of the project. And on Feb. 2 the Environment and Sustainability department of the state of Pará granted it a permit to build the necessary plants.

But just two weeks later, the justice system suspended the permit for 180 days, demanding measures to relocate the affected population and clarification about the land acquired for the mine, presumably illegally. (IPS)