Los peligros ocultos en las papas, el ruibarbo y otros alimentos de uso cotidiano
The deadly danger in foods

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Español

Por Veronique Greenwood

Todos hemos incurrido ocasio­nalmente en excesos al comer y muchos tenemos malos recuerdos, grabados en la mente, por haber consumido algunas ostras o canapés de camarones en mal estado.

Sin embargo, en líneas generales, hoy en día la seguridad alimentaria en lo que ingerimos es muy elevada.

Y aunque algunos aficionados a las e­mociones fuertes buscan fugu japonés -o pez globo- arriesgándose a ser una de las numerosas víctimas de su venenosa te­tradotoxina, la mayoría de nosotros prefiere una dieta que es mucho más ino­fensiva.

Sin embargo, tal vez te sorprenda saber que algunos alimentos típicos “conviven” con cosas que pueden ser muy dañinas para nuestra salud.

Hojas peligrosas

Las tartas y mermeladas hechas de tallos de ruibarbo son muy populares en lugares como Suecia, las Islas Británicas y EE.UU.

Las exuberantes plantas tradicionalmente adornan las huertas familiares de hortalizas pero, si bien los tallos son comestibles, sus hojas son extremadamente peligrosas.

En 1919, un doctor en Helen, Montana, EE.UU., escribió a la revista médica Journal of the American Medical Association sobre el caso de una joven mujer que llegó a su consultorio pálida, exhausta y vomitando.

Al parecer había estado embarazada – encontró “todos los productos de la concepción de unas seis semanas de gestación expulsados sobre su ropa de cama”-, pero la placenta no tenía sangre y la sangre que había no se coagulaba. Horas más tarde murió, sufriendo hemorragias nasales.

La noche anterior, la mujer había he­cho tallos y hojas de ruibarbo para la cena y se había comido la mayoría de las hojas. El marido había comido solo unas pocas y, aunque se sentía débil, no murió.

Los editores de la revista le res­pondieron al doctor señalándole que estaba probablemente en lo cierto al pensar que la esposa se había intoxicado con las hojas, muy posiblemente a causa de una sustancia llamada ácido oxálico.

“Se han reportado una cantidad de muertes por el consumo de hojas de rui­barbo”, señalaron en la correspondencia.

“Durante la guerra, en Inglaterra se recomendó el uso de las hojas como alimento sustitutivo. Cuando se hicieron evidentes los peligros de intoxicaciones fatales (debido a que ocurrieron varias muertes), se emitieron advertencias en contra de su consumo”.

En realidad el ácido oxálico está presente también en los tallos, pero su cantidad es mucho mayor en las hojas.

La sustancia provoca insuficiencia renal y, aunque tendrías que comerte una muy abundante porción de hojas para morir, lo mejor es evitarlas.

El ruibarbo incluso se encuentra en los Jardines Venenosos de Ainwick, Ingla­terra, donde muchas plantas peligrosas y mortales se cultivan como parte de una macabra atracción turística.

Papa verde

Otro caso peculiar es el de la humilde papa que, normalmente, no debe ser una fuente de preocupación.

Sin embargo, cuando es almacenada bajo luz solar, las reacciones químicas en su superficie la hacen ponerse verde, por la clorofila, cuando está lista para echar brotes.

Al mismo tiempo, también se produce una sustancia, solanina, que debe su nombre a la mortífera hierba mora (Solanum nigrum), o tomatito del diablo.

Y es que resulta ser que las patatas son primas de la hierba mora, como lo son los tomates y las berenjenas.

Las papas verdes ricas en la tóxica solanina pueden producir algunos efectos desagradables.

Un caso ocurrió en el otoño de 1978 cuando 78 colegiales del sur de Londres cayeron con diarrea, vómitos y otros síntomas después de comer papas hervidas.

La investigación posterior mostró que los tubérculos se habían quedado en los almacenes de la escuela desde el ve­rano y un análisis de sus pieles reveló que estaban repletos de solanina.

Todos terminaron recuperándose “aunque algunos se sintieron confundidos y sufrieron alucinaciones por varios días”, señaló un artículo de la revista médica British Medical Journal.

La publicación agregó que antes se habían reportado casos de muertes por consumo de papas verdes, aunque principalmente en personas desnutridas que no había recibido atención médica lo suficientemente rápido.

La solanina parece interferir con el sistema nervioso, impidiendo el funcionamiento normal de los canales de iones en las células.

Eso puede explicar por qué algunos de los niños intoxicados mostraron extrañas convulsiones antes de recuperarse.

Por cierto que los tallos y hojas de la papa también deben evitarse, porque también contienen solanina.
Bayas de cuidado

El vino del saúco es una bebida fina y romántica, pero asegúrate -si lo estás preparando tú mismo- de que el romance no se extienda a incluir las hojas de las plantas en tu tintura.

Casi todas las partes del árbol de baya del saúco contienen cianuro de hidrógeno o sus precursores, incluyendo las hojas y bayas verdes.

Aunque la cocción destruye las moléculas perjudiciales, preparar los frutos sin la debida precaución a veces tiene malas consecuencias.

English

We’ve all suffered from the occasional overindulgence, and most of us likely have a few dodgy oysters or shrimp canapes ruefully enshrined in our memory. But by and large, we eat pretty safely these days. While some thrill-seekers search for fugu – the Japanese pufferfish, which is laden with the nerve poison tetradotoxin – and risk becoming one of its surprisingly numerous victims, most of us prefer a diet that is a good deal more innocuous. For all that, you might be surprised to learn that some familiar foods are next-door neighbours to things which can be very harmful to our health.

Rhubarb pies and jams are favourite seasonal delights. What’s summer without a pan of tart red stems simmering on the stove, ready to be decanted into a waiting crust? The lush plants, with their spreading green leaves, are traditional adornments to the backyard vegetable garden. However, while the stems are edible, the leaves are extremely dangerous.

In 1919, a doctor in Helena, Montana, wrote to the Journal of the American Medical Association concerning the disturbing case of a young wife who was pale, exhausted, and vomiting when he arrived. She had apparently been pregnant – he found “the complete products of conception of about six weeks’ development, discharged into the bed clothes” – but the placenta was bloodless, and what blood there was would not coagulate. She died a few hours later, bleeding from the nose.

The night before, she’d made rhubarb stems and leaves for supper, and had eaten most of the leaves herself, while her husband had only a little. He was weak and dizzy, but did not die. The journal editors wrote back that the doctor’s hunch – that she had been poisoned by the rhubarb leaves, probably by a substance called oxalic acid – was likely correct.

“A number of deaths from the use of the leaves have been reported,” they wrote. “During the war the use of the leaves as a food substitute was recommended in England; when the danger of fatal poisoning became apparent (owing to several deaths) warnings against the use of the leaves were issued.” Oxalic acid, as it happens, is present in both leaves and stems but in much higher quantities in the leaves. It causes kidney failure, and while you’d have to eat a hearty helping of the leaves to die, better just to avoid them altogether. (Rhubarb even appears in the Poison Garden at Alnwick Gardens in Northumberland, where a number of deadly and dangerous plants are cultivated in a macabre tourist attraction.)

Another peculiar case is that of the humble potato – which is not, in the usual course of things, anything to be concerned about. When it’s stored in sunlight, however, chemical reactions at its surface turn it green with chlorophyll as it prepares to sprout. At the same time, a substance called solanine is also produced. It is named after the deadly nightshade (Solanum nigrum); potatoes happen to be a cousin to nightshade, as are tomatoes and eggplants.

Solanine-rich green potatoes, while not in the same class as this famous plant, can produce some unpleasant effects in those who eat them. In the autumn of 1978, 78 schoolboys in South London came down with diarrhea, vomiting, and other symptoms after eating boiled potatoes. Later investigation showed that the potatoes they’d eaten had been left in the school stores since summer, and an analysis of the peels revealed them to be packed with solanine.

All eventually recovered, “though some were confused and hallucinated for several days”, records a small British Medical Journal story on the incident from the following year, which noted that there had been reports of deaths from eating green potatoes in the past, though mainly in malnourished people who hadn’t had medical help quick enough.

Solanine appears to interfere with the nervous system, impairing the normal functioning of ion channels in cells. This may explain why some of the poisoned boys showed strange twitches before they recovered. (Potato leaves and stems, incidentally, are to be avoided as entrees – solanine dwells there, too)