DACA, a merced del voluble y volátil presidente
DACA, at the mercy of the changeable and volatile president

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Español

Por Maribel Hastings

WASHINGTON, DC — En medio del ‘reality show’ de Donald Trump y su ‘Rusiagate’, los acontecimientos migratorios han sido varios, aunque un tanto eclipsados por el culebrón presidencial.

Dos de estos acontecimientos captaron mi atención.

El primero es que Trump, por el momento, no tiene intenciones de revocar la Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), que la semana pasada cumplió su quinto aniversario desde que el presidente Barack Obama giró la orden ejecutiva.

El segundo es la declaración del director interino de ICE, Thomas Homan, de que todos los indocumentados deben estar preocupados, incluyendo los que no tienen historial delictivo, porque pueden ser blanco de detención y deportación. Pero no solo eso, sino que el argumento esbozado por Homan es representativo del prejuicio del presente gobierno hacia los inmigrantes en general.

Resulta que en su comparecencia ante un panel cameral, Homan defendió la detención y deportación de indocumentados sin historial delictivo o que no constituían prioridad de deportación en el último período de la administración Obama, “porque no deberíamos esperar a que se conviertan en delincuentes”.

En otras palabras, para este funcionario y para esta administración, todos los indocumentados son delincuentes en potencia, pero aparentemente todavía no lo saben o no lo han manifestado.

Pero al confirmar que todos los indocumentados son objetivo de deportación y al mismo tiempo mantener DACA, el gobierno de Trump reconoce que puede ejercer discreción a la hora de decidir si un indocumentado debe ser o no prioridad de deportación. En este caso, los jóvenes traídos sin documentos cuando niños, que estudian y trabajan, no deben constituir prioridad de remoción pues son estadounidenses en todo el sentido de la palabra, excepto por el documento que lo comprueba. Casi 800 mil jóvenes se han beneficiado del programa que los protege de la deportación y les concede permisos de trabajo.

Pero aparentemente los padres y hermanos de estos DREAMers y el concepto de núcleo familiar no tienen el más mínimo valor para esta administración, aunque esos padres, hermanos y familiares no tengan historial delictivo o no hayan sido prioridad de deportación para la pasada administración.

Y no me malinterpreten. Me parece que ante la lejana posibilidad de que este Congreso y esta Casa Blanca acuerden un plan legislativo de reforma migratoria con vía a la ciudadanía, tal y como lo apoya la mayoría de los estadounidenses, es vital que se mantenga esta orden ejecutiva que le ha cambiado la vida, para bien, a 800 mil beneficiarios.

Pero no hay que olvidar que por ser una orden ejecutiva está sujeta a la voluntad del presidente que, aunque por el momento no la ha revocado, puede hacerlo de un plumazo cuando le parezca. De hecho, el viernes el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) aclaró que aunque de momento DACA sigue vigente, “el futuro del programa sigue bajo revisión” y su vigencia “no debe tener ninguna relevancia sobre el futuro del programa a largo plazo”.

Esto, claro está, porque el ala más antiinmigrante que forma la base de Trump quiere que, como prometió en la campaña, DACA sea revocado, de manera que la administración deja la puerta abierta a esa posibilidad.

Tampoco hay que olvidar que los DREAMers tampoco han estado ajenos a la fuerza de deportación de Trump.

Un 60% de los estadounidenses desaprueba el desempeño del presidente en materia migratoria, según un sondeo de AP y el NORC Center for Public Affairs Research.

La solución permanente sigue siendo la reforma migratoria amplia que los estadounidenses apoyan, pero que ni la Casa Blanca ni el Congreso de mayoría republicana tienen interés en abordar.

Por lo pronto, la comunidad indocumentada seguirá bajo acecho e incluso los DREAMers que dicen proteger momentáneamente estarán a merced de los designios de un voluble y volátil presidente.

Maribel Hastings es asesora ejecutiva de America’s Voice

English

By Maribel Hastings

WASHINGTON, DC — In the midst of the reality show of Donald Trump and his Russiagate there has been some immigration news, although somewhat eclipsed by the presidential soap opera.

Two of these events caught my attention.

The first is that Trump, for the moment, does not intend to revoke the Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA), which last week celebrated its fifth anniversary since President Barack Obama issued the executive order.

The second is the statement by interim director of ICE, Thomas Homan, that all undocumented workers should be concerned, including those with no criminal record, because they can be targeted for detention and deportation. But not only that, but the argument outlined by Homan is representative of the prejudice of the present government toward immigrants in general.

It turns out that in his appearance before a cabinet panel, Homan defended the arrest and deportation of undocumented people with no criminal record or who were not a deportation priority in the last period of the Obama administration, “because we should not wait for them to become criminals.”

In other words, for this official and for this administration, all undocumented are potential criminals, but apparently they still do not know it or have not manifested it.

But by confirming that all undocumented migrants are the targets of deportation and at the same time maintaining DACA, the Trump government recognizes that it can exercise discretion in deciding whether or not an undocumented immigrant should be a priority for deportation. In this case, young people brought in without documents when children, who study and work, should not be a priority for removal because they are Americans in every sense of the word, except for the document that proves it. Almost 800,000 young people have benefited from the program that protects them from deportation and grants them work permits.

But apparently the parents and siblings of these DREAMers and the concept of family nucleus do not have the slightest value for this administration, even if those parents, siblings and relatives have no criminal record or have not been a deportation priority for the past administration.

And do not get me wrong. It seems to me that in the face of the remote possibility that this Congress and this White House agree upon a legislative plan for immigration reform with a path to citizenship, which most Americans support, it is vital that this executive order that has changed life, for the better, for 800 thousand beneficiaries, be maintained.

But it should not be forgotten that being an executive order it is subject to the will of the president who, although for the time has not revoked it, can do so with a stroke at any time. In fact, on Friday, the Department of Homeland Security (DHS) clarified that although the DACA is still in effect, “the future of the program remains under review” and its validity “should have no relevance to the future of the program in the long term.”

This, of course, because the more anti-immigrant wing that forms Trump’s base wants that, as promised in the campaign, DACA be revoked, so that the administration has left the door open to that possibility.

Nor should we forget that the DREAMers have not been unaware of Trump’s deportation force either.

Sixty percent of Americans disapprove of the president’s immigration performance, according to an AP poll and the NORC Center for Public Affairs Research.

The permanent solution remains broad immigration reform that Americans support, but this is something neither the White House nor the Republican-majority Congress are interested in addressing.

For the time being, the undocumented community will remain on edge, and even the DREAMers who are protected for the moment will be at the mercy of a chageable and volatile president.

Maribel Hastings is Executive Advisor to America’s Voice