¿Está científicamente comprobado que llorar es bueno para la salud?
Is having a cry good for our health?

0
9

Go to English

Español

Por Jason G Goldman

Hasta hace poco, los científicos y los escritores no se ponían de acuerdo sobre una cuestión: ¿por qué lloramos?

En “Enrique VI”, Shakespeare escribió: “Llorar es hacer menos profundo el duelo”. Y el escritor estadounidense Lemony Snicket dijo: “A no ser que hayas sido muy, muy afortunado, sabes que una buena y larga sesión de llanto puede hacer que te sientas mejor, incluso aunque tus circunstancias no hayan cambiado en absoluto”.

Sin embargo, Charles Darwin pensó que la producción de lágrimas (el acto de llorar) era, simplemente, un efecto secundario inútil derivado de la manera en que trabajan los músculos que rodean al ojo.

Para el científico, esos músculos tenían que contraerse de vez en cuando para no desbordarse de sangre; la expulsión de lágrimas era tan sólo una consecuencia involuntaria de ese proceso fisiológico (aunque reconoció que el llanto puede ayudar a los niños a llamar la atención de sus padres). Ahora sabemos que llorar —al menos, de la forma en que lo hacemos los adultos— es una respuesta fisiológica compleja hacia ciertos tipos de estímulos emocionales.

Diferente tipos
Lo más característico es, por supuesto, el derramamiento de lágrimas, pero también implica cambios en la expresión facial y en los patrones de respiración.

“Sollozar”, por ejemplo, se refiere a las rápidas inhalaciones y exhalaciones que a menudo acompañan al llanto.

Desde una perspectiva científica, eso significa que llorar no es lo mismo que producir lágrimas en respuesta a un irritante químico. Lo cual ocurre, por ejemplo, cuando uno se toca los ojos con restos de comida picante en los dedos.

Hasta las lágrimas son diferentes. En 1981, el psiquiatra de Minnesota William H Frey II descubrió que las lágrimas que se generan cuando vemos películas tristes tienen más proteínas que las que se producen cuando cortamos cebolla.

Como sabrá cualquier persona que haya asistido a una comedia hilarante o escuchó a un novio leer los votos en su boda, las lágrimas emocionales no se limitan a los sentimientos de melancolía.

Pero, pese a que a la mayoría de nosotros nos resultan familiares los sentimientos asociados al llanto, ya sean por alegría o pena, no se sabe mucho sobre por qué lo hacemos de adultos.

Teorías
Claro que no faltan las ideas al respecto.

Una de ellas es que el llanto de los adulos no es tan distinto al de los bebés, al menos en lo que respecta a su naturaleza social.

En otras palabras, tal vez llorar es una forma de llamar la atención o de pedir apoyo y ayuda a nuestros amigos cuando más los necesitamos. Es una manera de comunicar nuestro estado emocional interno en un momento en que tal vez no podamos expresarlo del todo con palabras.

Aunque esto podría explicar algunas formas de llanto, muchos investigadores encontraron que los adultos a menudo lloramos cuando estamos solos.

Otra posibilidad es que el llanto pueda servir como una forma de “valoración secundaria” que nos ayude a darnos cuenta de lo mal que nos sentimos y a comprender nuestros propios sentimientos.

Es una idea interesante, aunque hay algunas evidencias que la apoyan. Y luego está el concepto de catarsis: el llanto proporciona alivio en situaciones emocionalmente estresantes.

Tensión psicológica
La idea está reflejada no sólo en las palabras de Shakespeare, sino también en las del poeta romano Ovidio, quien escribió: “Es un alivio llorar; las penas se desahogan y son arrastradas por las lágrimas”.

El filósofo griego Aristóteles también escribió que llorar “limpia la mente”.

En un estudio de 1986 que analizó las revistas y periódicos más populares en Estados Unidos, un psicólogo encontró que el 94% de los artículos sobre el llanto sugerían que ayuda a aliviar la tensión psicológica.

Un estudio en 2008 en cerca de 4.300 adultos de 30 países reveló que la mayoría de ellos mostraban mejoras tanto en su bienestar físico como mental después de una sesión de llanto.

Pero no todos: algunos no mostraron cambios y otros incluso dijeron sentirse peor.

La diferencia parece residir en el contexto social: si una persona se siente avergonzada de llorar en público, puede sentirse menos aliviada que si lo hace cuando está sola o en la única compañía de un amigo íntimo.

El estudio también descubrió que cuando tratamos de eliminar o esconder el llanto, después también nos sentimos menos aliviados. Así que la idea de desahogarse llorando no carece de mérito, pero parece necesitar el contexto social adecuado para ser efectiva.
Lo cual significa, al final, que los adultos podríamos llorar, simplemente, por la misma razón que los niños: buscar la ayuda de nuestros amigos y familiares.

English

By Jason G Goldman

Until recently, scientists and authors were at stark disagreement over the point of crying. In King Henry VI, Shakespeare wrote, “to weep is to make less the depth of grief”, and the American writer Lemony Snicket said “unless you have been very, very lucky, you know that a good, long session of weeping can often make you feel better, even if your circumstances have not changed one bit”.

WCharles Darwin, on the other hand, thought that the production of tears (the act of crying notwithstanding) was merely a useless side effect of the way that the muscles around the eye worked. For him, those muscles had to contract from time to time so that they didn’t overflow with blood; the expulsion of tears was simply an unintended consequence of that evolved physiological process. (He did acknowledge that crying could help young infants attract the attention of their parents, though.)

We now know that crying – at least, the sort that adults do – is a complex physiological response to some kind of emotional stimulus. The most prominent feature is of course the shedding of tears, but it also includes changes in facial expressions and breathing patterns. “Sobbing,” for example, refers to the rapid inhalation and exhalation that so often accompanies crying.

From a scientific perspective, that means crying is different from the production of tears in response to a chemical irritant, like when you accidentally rub your eyes after eating spicy foods. Even the tears themselves are different. In 1981, Minnesota psychiatrist William H Frey II discovered that tears brought on by sad movies had more protein in them than those that flowed in response to some freshly chopped onions.

As anyone who has attended a side-splitting comedy act or listened to a groom read wedding vows to his bride, emotional tears aren’t limited to feelings of melancholy. But while all of us are familiar with the feelings that are associated with crying, whether for joy or sorrow, there’s not much that’s known about why we do it as adults – but there are plenty of ideas.

One idea is that adult crying isn’t actually all that different from the sort that babies do, at least when it comes to its social nature. In other words, perhaps weeping is a literal cry for attention, a means of soliciting support and help from our friends when we need it the most. It’s a way of communicating our inner emotional state at a time when we may not be able to fully articulate it.

While this may explain some forms of crying, many researchers have found that adults often cry when they’re completely alone. Another possibility that is that crying might serve as a means of “secondary appraisal,” helping people to realize just how upset they are, a way of helping them understand their own feelings – it’s a provocative idea, with at least some evidence to support it, in some cases.

And then there’s the notion of catharsis: crying provides for relief from emotionally stressful situations. The idea is consistent not only with the words of Shakespeare, but with the Roman poet Ovid, who wrote: “It is a relief to weep; grief is satisfied and carried off by tears.” The Greek philosopher Aristotle also wrote that crying “cleanses the mind”. In a 1986 study of popular US magazines and newspapers, one psychologist found that 94% of articles about crying suggested that it helped to relieve psychological tension.

Indeed, a 2008 study of nearly 4,300 young adults from 30 countries found that most reported improvements in both their mental and physical wellbeing after a bout of crying, but not all. Some reported no change after a crying session, and some even said that they felt worse afterwards.

The difference seems to lie in the social context: if a person felt embarrassed about crying in public, for example, they might feel less resolved than if they cried alone or with a single close friend. The study also found that when people tried to suppress or hide their crying, they also wound up feeling less relief afterwards.

So the notion of having “a good cry” is not without merit, but it seems to necessitate the right kind of social support to be effective. Which means, in the end, that adults might just cry for much the same reason as human infants: to seek help from their friends and family.