Migración cubana en el ojo del huracán
Cuban Immigration in the Eye of the Storm

0
280

Go to English

Español

Por Patricia Grogg

LA HABANA– La migración cubana en y hacia Estados Unidos es la gran perdedora de la política hostil de Donald Trump hacia Cuba, y crea dificultades adicionales a ciudadanos de la isla otrora acostumbrados a beneficios que jamás tuvieron sus vecinos de la región latinoamericana.

En una decisión que mantiene en la incertidumbre a miles de personas que aspiraban de viajar al país del norte por vías legales, Washington suspendió el proceso de visados para residentes de la isla luego de ordenar el 29 de septiembre la salida de 60 por ciento de su personal en esa sede.

“Lloré muchísimo después del cierre de los trámites consulares en La Habana”, dijo una trabajadora privada, que hace un año y cinco meses es reclamada para emigrar a Estados Unidos por su esposo, dentro del Programa de Reunificación Familiar, que Washington aseguró que mantendrá, aunque sin dar detalles.

La vecina de la capital, que pidió mantener su nombre bajo reserva, reveló que se siente más tranquila luego de que esta semana recibiera por correo los  nuevos documentos para seguir el trámite.

La legación de Washington en La Habana ha informado en su sitio digital que entre las personas de nacionalidad cubana residentes en la isla que deberán viajar a Colombia figuran quienes solicitan visas de inmigrante para prometidos, familiares de ciudadanos estadounidenses o las personas que ganaron una de las visas de la llamada “lotería”.

Quienes desean obtener visas de visita, turismo o negocios tendrán que acudir a la embajada de Estados Unidos de cualquier otro país. Está pendiente de conocer cómo se garantizará el funcionamiento continuo del Programa Cubano de Parole de Reunificación Familiar (CFRP) y el procesamiento de refugiados.

El clima bilateral se enrareció desde que el gobierno de Trump sacó a relucir supuestos “ataques acústicos” en la sede estadounidense en La Habana que habrían afectado la salud de más de una veintena de sus diplomáticos y sus familiares. Cuba insiste en que no tiene responsabilidad alguna en el caso, aún bajo investigación.

La nación norteña también alertó a sus ciudadanos de que se abstuvieran de viajar a Cuba por razones de seguridad y exigió la salida de 15 funcionarios de la embajada cubana en Washington directamente vinculados a asuntos consulares y comerciales, cuya ausencia dificultará la relación entre personas y empresas de los dos países.

Tales medidas pueden tener un efecto “muy perjudicial” sobre los acuerdos migratorios (de 1994 y 1995) entre los dos países, dijo el analista político Carlos Alzugaray. En su opinión, la decisión de que se tramiten los visados en un tercer país elevará los costos ya de por sí altos.

Es “posible” un aumento de la inmigración irregular, opinó Emily Mendrala, directora ejecutiva del Centro para la Democracia en las Américas, entidad que promueve una política basada en la reciprocidad y el reconocimiento de la soberanía de Cuba, en diálogo con IPS..

El 12 de enero de 2017, pocos días antes de dejar la Casa Blanca, el entonces presidente Barack Obama anunció el cese de la política conocida como pies secos/pies mojados, vigente desde los acuerdos de 1994 y 1995, que daba a inmigrantes cubanos un trato preferencial para obtener la residencia y otros beneficios.

El temor de que el proceso de normalización de relaciones bilaterales, restablecidas en julio de 2015, podía conllevar el cese de los beneficios especiales en materia migratoria impulsó a miles de ciudadanos cubanos a salir legalmente de Cuba ya  tratar de llegar a Estados Unidos desde países latinoamericanos.

Esas naciones cerraron sus fronteras ante las oleadas de viajeros de la isla, dando lugar a una crisis migratoria que involucró a varios países de la región. Durante 2016, un total de 6.000 frustrados emigrantes fueron devueltos a Cuba, según datos oficiales, en tanto un número difícil de cuantificar mantiene la esperanza y se niega a regresar. (IPS)

English

By Patricia Grogg

HAVANA– Cuban migration to the United States is the great loser under Donald Trump’s hostile policy toward Cuba, and creates additional difficulties for citizens of this Caribbean island nation who were accustomed to benefits that their neighbors in the rest of Latin America never enjoyed.

In a decision that keeps uncertainty hanging over thousands of people who wanted to travel to the U.S. by legal means, Washington suspended visas for residents of the island after ordering the removal of 60 percent of the staff in the Cuban embassy on Sept. 29.

“I cried a lot after the closure of the consular procedures in Havana,” a private sector worker told. A year and five months ago her husband requested that she be allowed to immigrate to the United States to join him, under the Family Reunification Programme, which Washington assured it will keep in place, but without providing details.

The Washington delegation in Havana has reported on its website that Cubans who will be required to travel to Colombia include those who are applying for immigrant visas for fiancés, relatives of US citizens or people who have won one of the visas from the so-called “lottery”.

Those who wish to obtain visitor, tourist or business visas will have to go to the U.S. embassy in any other country. It is still unclear how they will guarantee the continued operation of the Cuban Family Reunification Parole Program (CFRP) and the processing of refugees.

The bilateral climate has soured since the Trump administration cited alleged “acoustic attacks” at the U.S. embassy in Havana that reportedly affected the health of more than a score of its diplomats and their family members. Cuba insists that it had nothing to do with the incidents, which are still under investigation.

The U.S. also warned its citizens to refrain from traveling to Cuba for security reasons and demanded the departure of 15 officials from the Cuban embassy in Washington directly linked to consular and commercial matters, whose absence will hinder the relationship between people and companies from the two countries.

Such measures can have a “very damaging” effect on the (1994 and 1995) migration agreements between the two countries, political analyst Carlos Alzugaray told. In his opinion, the decision to process visas in a third country will raise the costs which are already high.

On Jan. 12, 2017, a few days before leaving the White House, then President Barack Obama announced the end of the so-called wet foot/dry foot policy, in force since the 1994 and 1995 agreements, which gave Cuban immigrants preferential treatment to obtain residence and other benefits.

“By taking this step, we are treating Cuban migrants the same way we treat migrants fr m other countries,” said Obama, who also terminated the Cuban Medical Professional Parole Program, intended to welcome Cuban doctors who defected from their official missions in third countries.

The fear that the process of normalisation of bilateral relations, restored in July 2015, could put an end to special benefits for Cuban immigrants prompted thousands of Cubans to leave this country legally and to try to reach the United States from other Latin American nations.

Those countries closed their borders to the waves of travelers from Cuba, leading to a migration crisis involving several countries in the region. During 2016, a total of 6,000 frustrated migrants were returned to Cuba, according to official data, while a number difficult to pin down still remain hopeful and refuse to return. (IPS)