Métodos para controlar el dolor con la mente
Ways to use your mind to control pain

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Español

De acuerdo a la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos, la forma en la que se siente el dolor tiene que ver con las emociones, la personalidad, el estilo de vida, la genética y las experiencias previas.

Si la persona ha estado expuesta al dolor por un período de tiempo largo, el cerebro puede haberse modificado para percibir las señales de molestia incluso cuando ya no están.

En el caso de condiciones como la fibromialgia. Según el Servicio Nacional de Salud de Reino Unido, el síntoma principal es el dolor generalizado que se puede sentir en todo el cuerpo.

La molestia es continua: las sensaciones de dolor, de recibir una cuchillada y quemazón está presente constantemente, aunque puede mejorar o empeorar en diferentes momentos.

Alternativa más saludable
Una forma de lidiar con condiciones crónicas, o casi cualquier otro tipo de dolencia física, es modificar la percepción mental del dolor.

Esto permite aumentar el umbral de tolerancia y, por ende, disminuir la necesidad de recurrir a medicamentos que pueden generar efectos secundarios e incluso adicción.

Es por esto que la Escuela de Medicina de Harvard recomienda una serie de técnicas mentales para ayudar a combatir el dolor.

Diversos estudios científicos demuestran que estas terapias alternativas han sido efectivas para aliviar el dolor de cabeza, el de espalda y la fibromialgia.

1- Atención plena (mindfulness, en inglés)
“Esta técnica implica, básicamente, concentrarse en el presente sin emitir ningún juicio”, explica la neuróloga Sara Lazar, del Hospital General de Massachusetts, en EE.UU.

Para muchos, el primer impulso ante el dolor es tratar de “alejarlo” de cualquier forma.

En el caso de la atención plena para controlar el dolor, sin embargo, lo que se busca es acercarse a la sensación y aprender a conocerla “observándola” objetivamente.

La idea es enfocarse en el instante en el que se está, evitando preocupaciones pasadas y futuras.

2- Respiración profunda
Esta técnica es fundamental para el resto de las alternativas que se pueden emplear para ayudar a manejar el dolor.

Consiste en inhalar profundamente por unos cuantos segundos y luego exhalar.

Para ayudar a mantener la concentración y el ritmo de la respiración, se pueden utilizar palabras o frases.

3- Meditación y visualización
En este caso, el proceso se inicia prestando atención a la respiración siguiendo la técnica referida con anterioridad.

Esto se hace en un ambiente de total relajación, sin ruidos o estímulos que distraigan, con música de fondo que invoque esa sensación.

Adicionalmente, se piensa en un lugar que se asocie con tranquilidad, paz y agrado. Una playa, con el sonido de las olas. Pájaros cantando en un paisaje bucólico.

4- Concentración y positivismo
Escoger una actividad que se disfrutes es otra opción. Puede ser cualquiera que genere gusto y agrado: leer poesía, hacer caminatas en espacios verdes, cocinar, dedicarse a la jardinería.

El objetivo es concentrarse de manera absoluta en lo que se está haciendo y prestar atención a los detalles mínimos, notando como los sentidos reaccionan y cuáles son las sensaciones que se sienten.

Cuando la persona no se encuentra bien, suele pensar únicamente en lo que no puede hacer.

Dirigir esa atención a lo que sí se puede hacer, ayuda a dejar de pensar en el dolor.

5- Generar la respuesta de relajación
Es el antídoto para el estrés que genera el dolor. Permite controlar el aumento en el latido cardíaco y las reacciones del organismo, que entra en alerta al estresarse.

En este caso, lo primero es cerrar los ojos y relajar todos los músculos del cuerpo.

A continuación, se presta atención a la respiración. Si los pensamientos empiezan a aparecer, hay que recurrir a la palabra “recargar” para volver a concentrarse en la respiración.

En este proceso, se pasan de 10 a 20 minutos. Posteriormente, se permite el regreso de los pensamientos. Finalmente, se abren los ojos.

English

Relaxation, meditation, positive thinking, and other mind-body techniques can help reduce your need for pain medication.

Drugs are very good at getting rid of pain, but they often have unpleasant, and even serious, side effects when used for a long time. If you have backache, fibromyalgia, arthritis, or other chronic pain that interferes with your daily life, you may be looking for a way to relieve discomfort that doesn’t involve drugs. Some age-old techniques—including meditation and yoga—as well as newer variations may help reduce your need for pain medication.

Research suggests that because pain involves both the mind and the body, mind-body therapies may have the capacity to alleviate pain by changing the way you perceive it. How you feel pain is influenced by your genetic makeup, emotions, personality, and lifestyle. It’s also influenced by past experience. If you’ve been in pain for a while, your brain may have rewired itself to perceive pain signals even after the signals aren’t being sent anymore.

The following techniques can help you take your mind off the pain and may help to override established pain signals:

1. Deep breathing. It’s central to all the techniques, so deep breathing is the one to learn first. Inhale deeply, hold for a few seconds, and exhale. To help you focus, you can use a word or phrase to guide you. For example, you may want to breathe in “peace” and breathe out “tension.” There are also several apps for smartphones and tablets that use sound and images to help you maintain breathing rhythms.

2. Eliciting the relaxation response. An antidote to the stress response, which pumps up heart rate and puts the body’s systems on high alert, the relaxation response turns down your body’s reactions. After closing your eyes and relaxing all your muscles, concentrate on deep breathing. When thoughts break through, say “refresh,” and return to the breathing repetition. Continue doing this for 10 to 20 minutes. Afterward, sit quietly for a minute or two while your thoughts return. Then open your eyes and sit quietly for another minute.

3. Meditation with guided imagery. Begin deep breathing, paying attention to each breath. Then listen to calming music or imagine being in a restful environment. If you find your mind wandering, say “refresh,” and call the image back into focus.

4. Mindfulness. Pick any activity you enjoy—reading poetry, walking in nature, gardening, or cooking—and become fully immersed in it. Notice every detail of what you are doing and how your senses and emotions are responding. Practice bringing mindfulness to all aspects of your life.

5. Yoga and tai chi. These mind-body exercises incorporate breath control, meditation, and movements to stretch and strengthen muscles. Videos and apps can help you get started. If you enroll in a yoga or tai chi class at a gym or health club, your health insurance may subsidize the cost.

6. Positive thinking. “When we’re ill, we often tend to become fixated on what we aren’t able to do. Retraining your focus on what you can do instead of what you can’t will give you a more accurate view of yourself and the world at large,” says Dr. Slawsby. She advises keeping a journal in which you list all the things you are thankful for each day. “We may have limitations, but that doesn’t mean we aren’t still whole human beings.”