Primer año de Trump: un presidente para el 1%
Trump at One Year: President for the 1%

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Español

Por Tom Perez

WASHINGTON, DC — Hace un año, el presidente de Trump comenzó su presidencia comprometiéndose con el principio de que “una nación existe para servir a su gente” y prometiéndole al país que los “hombres y mujeres olvidados dejarán de serlo”. Doce meses después, es claro que esas palabras representan una mentira central de su presidencia.

En medio de las innumerables controversias, el foco del primer año de Trump ha sido su empeño en enriquecer aún más a los millonarios y a las grandes corporaciones a expensas de los trabajadores estadounidenses. En cada momento, Trump y Pence se han puesto del lado de los intereses especiales que habían prometido atacar, mientras que colocan a los trabajadores, incluyendo a quienes votaron por ellos, de último.

Trump y su partido han pasado la mayor parte del año tratando de quitarle el cuidado de la salud de decenas de millones de estadounidenses y hasta lo utilizaron como una forma de pagar por una reducción de impuestos para los más ricos. El plan impuestos que aprobaron le dio el 80% de los beneficios al 1% de quienes ganan más dinero. Más que promesas rotas, eso es una traición descarada.

Al mismo tiempo, Trump, Pence y su gabinete le hicieron la guerra a las familias trabajadoras a través de sus esfuerzos para realizar recortes masivos a programas de capacitación laboral, eviscerando protecciones para estudiantes con préstamos y haciendo que sea más difícil ahorrar para el retiro, ésto tan sólo para nombrar algunos ejemplos. Más que promesas rotas, eso es una traición descarada.

Una y otra vez Trump y sus alcahuetes republicanos han mentido al pueblo estadounidense para cubrir la brecha entre su retórica y sus políticas. Cuando Trump fue confrontado con preguntas acerca del hecho innegable de que su plan de impuestos le ahorraría cientos de millones, él dijo que no era cierto. Cuando los republicanos no querían admitir que su plan de salud cortaría cientos de millones del programa Medicaid, dijeron que no era cierto.

Estas mentiras son las verdaderas “noticias falsas” de la presidencia Trump, sin embargo el impacto en Estados Unidos es muy real y pueden preguntárselo a los empleados de la planta de Carrier en Indianápolis. Hace un año, Trump y Pence prometieron salvar sus puestos de trabajo y anunciaron un acuerdo con bombos y platillos. Ahora sabemos que sólo eran promesas vacías. Mientras que la compañía está recibiendo millones en incentivos fiscales, los trabajadores todavía están recibiendo cartas de despido. Esta es la historia del primer año de Trump.

La amenaza que Trump representa para nuestra prosperidad como nación se extiende más allá de las políticas económicas, se debe también su comportamiento insensato y la retórica divisiva. El presidente que lanzó su campaña con un ataque racista en contra de los inmigrantes mexicanos, cerró su primer año insultando y denigrando a más países. Los demócratas sabemos que la diversidad de los Estados Unidos no es sólo una parte del corazón y el alma de nuestra nación, sino que también es una ventaja competitiva. Somos un lugar donde las ideas, la innovación y los sueños florecen. En lugar de reconocer esto como una fortaleza, Trump lo ha atacado sin descanso.

Mientras que Trump y el Partido Republicano continúan su campaña para premiar a los ricos a expensas de la clase media, los demócratas seguiremos luchando para crear una economía que funcione para todos; para crear más puestos de trabajo con salarios más altos y para garantizar que cada estadounidense tenga la oportunidad de salir adelante y mantenerse adelante.

Trump no ha cumplido sus promesas económicas.

Durante su campaña Trump hizo grandes promesas de crecimiento económico, traer de vuelta empleos, aumentar los salarios y proteger a los trabajadores estadounidenses. Nada de eso se ha cumplido.

Trump no trabaja para las familias de la clase media.

La prioridad de Trump es enriquecer sus negocios y a sí mismo.

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Analysis By Tom Perez

WASHINGTON, DC — A year ago, President Trump launched his presidency by committing to the principle that a “nation exists to serve its people” and promising America that the “forgotten men and women will be forgotten no longer.” Twelve months later, it’s clearer than ever that those words represent a central lie of the Trump presidency.

Amid all the bluster and high drama, the defining theme of Trump’s first year in office has been his insatiable desire to enrich the wealthy and big corporations at the expense of working Americans. At every turn, Trump and Pence have consistently sided with the powerful interests they promised to fight against, all while throwing working Americans — including their own voters — under the bus.

Trump and his party spent the better part of the year trying to take away health care from tens of millions of Americans to pay for a tax cut for the rich, and when that failed, they passed a tax bill that gave 80% of its benefits to the top 1%. These are more than just broken promises — they are outright betrayals.

At the same time, Trump, Pence and their cabinet waged war against working families through quieter efforts like proposing massive cuts to job training programs, gutting protections for student borrowers and consumers, and making it harder for Americans to save for their retirement — just to name a few. These are more than just broken promises — they are outright betrayals.

Time and again, Trump and his Republican enablers have lied to the American people to cover up the gulf between his rhetoric and his policies. When Trump was confronted with questions about the undeniable fact that his tax plan would save him hundreds of millions, he said it wouldn’t. When Republicans didn’t want to admit that their health care plan cut hundreds of millions from Medicaid, they said it didn’t.

These lies are the real “fake news” of the Trump presidency — but the impact on America is very real. Just ask employees of the Carrier plant in Indianapolis. A year ago, Trump and Pence promised to save their jobs and announced a deal to much fanfare. Yet hundreds of job layoffs later, we now know these were empty promises. The company is getting millions in tax incentives while those workers are still getting pink slips. This is the story of Trump’s first year in office.

The threat Trump poses to our prosperity as a nation also extends beyond these economic policies and to the reckless behavior and hateful, divisive rhetoric that has defined his politics for years. The president who launched his campaign with a racially charged attack on Mexican immigrants closed out his first year in office broadening that assault and denigrating numerous countries. Democrats know America’s diversity is not just part of the heart and soul of our nation, but is also a competitive advantage. We are a place where ideas, innovation, and dreams flourish and together we all rise. Instead of recognizing this as a strength, Trump has attacked it relentlessly.

While Trump and the GOP continue their campaign to reward the wealthy at the expense of the middle class, Democrats will keep fighting to create an economy that works for everyone, not just those at the top, to create more jobs with higher wages, and to ensure every American has the opportunity get ahead and stay ahead.

Trump hasn’t delivered on his economic promises.

On the campaign trail Trump made big promises to grow the economy, bring back jobs, raise wages and protect American workers, all of which have gone unfulfilled.

Trump is not for American workers.

Trump is not for middle-class families.

Trump is not for women.

Trump, who admitted on tape to sexually assaulting women, has unsurprisingly continued to hurt women through the first year of his presidency.

Trump’s priority is enriching his business and himself.