Abismales diferencias entre visitas del Papa a Perú y Chile
Abysmal differences between visits of the Pope to Peru and Chile

0
367

Go to English

Español

Denuncias de pederastía en la Iglesia en Chile influyeron en poca afluencia de fieles a diferencia del Perú

Las claras diferencias en las reacciones generadas por el papa Francisco en Chile y Perú, durante su última gira latinoamericana, no pasaron desapercibidas para el mundo. Ello debido al reducido acompañamiento y acogida que el Sumo Pontífice tuvo en el vecino país del sur, a diferencia de las masivos actos que Francisco ha llevado a cabo desde que pisó suelo peruano.

Sin embargo, el contexto político y social en que estas visitas se dieron jugaría un rol clave; además de -entre otros aspectos- los cambios en la percepción de la Iglesia católica en ambos países tras las denuncias contra sus miembros por abusos físicos, sexuales y psicológicos a menores de edad.

El gobierno de Michelle Bachelet estimó que al menos 1.5 millones de personas participaron en los eventos que llevó a cabo el Sumo Pontífice durante los tres días que estuvo en Chile, antes de retirarse de manera presurosa al Perú. Dicha cifra mostraría la poca afluencia de fieles a los actos protocolares previstos para la visita papal.

Se ha afirmado que una de las razones es la disminución de la población católica registrada oficialmente en Chile (60%); y las diversas protestas a modo de rechazo a la llegada de Francisco, que dejaron como saldo 89 personas detenidas.

Días antes de la llegada de Francisco, el secretario de Estado de la Santa Sede, Pietro Parolin, indicó que la llegada del Papa no sería “simple”; mientras que el arzobispo de Santiago, Ricardo Ezzati, afirmó que Jorge Bergoglio recibiría “una iglesia en crisis, pero una crisis que es bendición”.

Un punto altamente criticado ocurrió al acabar la misa en la playa Lobito, en Iquique -a la que solo acudieron 90 mil almas-, donde el Santo Padre esbozó una polémica defensa del obispo Juan Barros, acusado de encubrir el abuso sexual de menores.

“El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, ahí voy a hablar. No hay una sola prueba en contra, todo es calumnia”, señaló en tono muy serio el Sumo Pontífice sobre las presuntas acusaciones que pesan sobre Barros.

Mientras ello ocurría, en el Perú miles de personas se preparaban para recibir al representante de Cristo en la tierra, a su llegada al Grupo Aéreo N°8, en el Callao, y el recorrido que este realizaría por las principales calles de la ciudad hasta llegar a lo que sería su temporal residencia en el país, la Nunciatura Apostólica.

Entre globos y banderolas, gritos de algarabía y llantos, grandes y pequeños han acompañado al Papa en las diversas actividades que este ha llevado a cabo tanto en Lima como en Puerto Maldonado (Madre de Dios) y Trujillo (La Libertad).

En sus masivas presentaciones en el país, Francisco ha agradecido la efervescencia con la que el pueblo peruano lo ha recibido. (Correo)

English

The clear differences in the reactions generated by Pope Francis in Chile and Peru during this month’s Latin American tour did not go unnoticed by the world. This is due to the reduced support and reception that the Pontiff had in Chile, unlike the massive welcome that Francisco has received since he stepped on Peruvian soil.

However, the political and social context in which these visits took place would play a key role; in addition to – among other aspects – the changes in the perception of the Catholic Church in both countries after the denunciations against its members for physical, sexual and psychological abuses to minors.

The government of Michelle Bachelet estimated that at least 1.5 million people participated in the events that the Supreme Pontiff held during the three days he was in Chile, before retiring quickly to Peru. This figure would show the small influx of the faithful to the events planned for the papal visit.

It has been affirmed that one of the reasons is the decrease in the Catholic population officially registered in Chile (60%); and the various protests in the form of rejection of Francis’ arrival, which left 89 people in detention.

Days before Francis’ arrival, the Secretary of State of the Holy See, Pietro Parolin, indicated that the arrival of the Pope would not be “simple”; while the archbishop of Santiago, Ricardo Ezzati, affirmed that Jorge Bergoglio would receive “a church in crisis, but a crisis that is a blessing.”

A highly criticized point occurred at the end of the Mass at Lobito Beach, in Iquique -which only 90,000 souls attended-, where the Holy Father outlined a controversial defense of Bishop Juan Barros, accused of covering up the sexual abuse of minors.

“The day they bring me a case against Bishop Barros, then I’ll talk. There is not a single proof against him, everything is slander,” said the Pontiff in a very serious tone about the alleged accusations that weigh on Barros.

While this was happening, in Peru thousands of people were preparing to receive the representative of Christ on earth, upon his arrival at Air Group N°8, in Callao, and the route that this would take through the main streets of the city until reaching what would be his temporary residence in the country, the Apostolic Nunciature.

Between balloons and banners, cries large and small have accompanied the Pope in the various activities that he has carried out both in Lima and Puerto Maldonado (Madre de Dios) and Trujillo (La Libertad).

In his massive presentations in the country, Francisco thanked the effervescence with which the Peruvian people have received him. (Correo)