Trump, cruel con los débiles y fiel con los autócratas

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by Maribel Hastings  

 

WASHINGTON, DC — Resulta perturbador, aunque no sorprendente, que Donald Trump se ensañe con niños y padres inmigrantes, muchos de ellos con válidos casos de asilo, pero que actúe como un corderito junto al autócrata ruso, Vladimir Putin. 

 

Después de todo, así actúan los bullies. Saben con quién se meten. Trump es despiadado con los más vulnerables de los vulnerables, pero sabe el terreno que pisa con quienes son más bullies que él, a quienes no les tiembla la mano para ordenar la muerte de sus opositores, reales o imaginarios, desconocidos o familiares. Por eso se derrite en elogios hacia Putin e incluso hacia el norcoreano Kim Jong-un, pero tilda de criminales a hombres, mujeres y niños que huyen de una violencia encarnizada en países centroamericanos. 

 

Pero volviendo al tema que nos ocupa, la semana pasada el camarada Trump, junto a Putin en Helsinki, prefirió defender al ruso que ordenó el ataque contra las elecciones generales de 2016 en Estados Unidos y puso en entredicho a las agencias de inteligencia del país que desgobierna, las cuales concluyeron que, en efecto, Rusia intervino en las elecciones para favorecer a Trump. 

 

Luego Trump quiso “aclarar” que no dijo lo que el mundo entero escuchó en tiempo real, aunque ya era demasiado tarde. Y si antes existían sospechas de que Putin le sabe algo tan macabro a Trump que lo tiene bailando a su son, ahora esas sospechas son todavía mayores. 

 

Los contrastes de este presidente no podían ser mayores. Es despiadado con los más desprotegidos. De otra forma no puede explicarse su política de tolerancia cero que llegó a su punto más cruel cuando casi 3,000 niños fueron separados de sus padres en la frontera. Tras la condena mundial a su política y la intervención de los tribunales, se inició un proceso de reunificación tan caótico como la presidencia de Trump, y al sol de hoy se desconoce si todos esos niños arrebatados a sus padres volverán a verlos. El daño psicológico infligido sobre familias que ya venían huyendo de situaciones terribles es simplemente imperdonable. También ha cambiado las reglas del juego para impedir que más centroamericanos en particular puedan solicitar asilo exitosamente porque la violencia de las pandillas y la doméstica ya no serán causales que garanticen asilo. 

 

Canceló DACA porque le dio la gana, porque fue una orden girada por el presidente Barack Obama, y Trump siente una mezcla de envidia, desdén y odio por el expresidente que raya en la obsesión, como también le ocurre con Hillary Clinton. Es la inseguridad tan común en los bullies. 

 

Ha cancelado el Estatus de Protección Temporal (TPS) a personas de diversos países pobres y en crisis que no pueden absorber el retorno de 300,000 almas a naciones que dejaron en muchos casos hace más de 20 años. Como si eso fuera poco, 273,000 niños ciudadanos estadounidenses, hijos de los 300,000 beneficiarios del TPS que Trump revocó, están en riesgo de ser separados de padres que no los quieran llevar a países plagados de violencia y crisis.  

 

No hay que olvidar el veto musulmán y la guerra sin cuartel contra los inmigrantes pintándolos a todos como pandilleros de la MS-13. 

 

A los inmigrantes que han contribuido con trabajo y esfuerzo a la fibra de esta nación, a su economía; a los que han dado sangre y vida en las Fuerzas Armadas, a esos inmigrantes y a sus familias estadounidenses, Trump los ataca y los desprecia, sobre todo si son latinoamericanos o de naciones pobres. A Putin, el artífice del ataque a nuestra democracia en los comicios de 2016, esfuerzos que siguen vigentes de cara a las intermedias, lo trata con guantes de seda y lo premia con otra reunión cumbre, esta vez en la Casa Blanca. Visto desde los ojos de Trump, es lo propio porque fue Putin quien ayudó a colocarlo en la Casa Blanca con su campaña de desfinformación. 

 

Solo resta esperar a que los hijos y familiares ciudadanos de esos inmigrantes a los que Trump les ha declarado la guerra, o todos aquellos que tengan conciencia y sean capaces de sentir empatía por el abuso al prójimo, voten con tal fuerza en el 2020 que ni la mano negra de Putin será suficiente para reelegir a Trump. (America’s Voice) 

 

Trump, cruel to the weak and faithful to the autocrats 

by Maribel Hastings 

 

WASHINGTON, DC — It is disturbing, but not surprising, that Donald Trump is angry with immigrant children and parents, many of them with valid asylum cases, but acts like a lamb next to the Russian autocrat, Vladimir Putin. 

 

After all, this is how bullies act. They know whom they are with. Trump is ruthless with the most vulnerable of the vulnerable, but knows the terrain when he treads with those who are bigger bullies than him. That is why he melts in praise towards Putin and even North Korea’s Kim Jong-un, but calls criminals men, women and children fleeing violence in Central America. 

 

But returning to the issue at hand, last week Comrade Trump, together with Putin in Helsinki, preferred to defend the Russian who ordered the attack against the 2016 general elections in the United States and questioned his own country’s intelligence agencies, which concluded that, in effect, Russia intervened in the elections to favor Trump. 

 

Then Trump wanted to “clarify” that he did not say what the whole world heard in real time, although it was already too late. And if before there were suspicions that Putin knows something so macabre about Trump that has him dancing to his tune, now those suspicions are even greater. 

 

The contrasts of this president could not be greater. He is ruthless with the most unprotected. Otherwise, his zero tolerance policy cannot be explained, which reached its most cruel point when almost 3,000 children were separated from their parents at the border. After the worldwide condemnation of his policy and the intervention of the courts, a process of reunification as chaotic as Trump’s presidency began, and today it is unknown if all those children snatched from their parents will see them again. The psychological damage inflicted on families that had already fled terrible situations is simply unforgivable. He has also changed the rules of the game to prevent more Central Americans in particular from successfully seeking asylum because gang and domestic violence will no longer be grounds for asylum. 

 

He canceled DACA because he wanted to, because it was an order issued by President Barack Obama, and Trump feels a mixture of envy, disdain and hatred for the previous president that borders on obsession, as is also the case with Hillary Clinton. It is an insecurity so common in bullies. 

 

He has canceled the Temporary Protected Status (TPS) for people from various poor countries and in crisis that can not absorb the return of 300,000 souls to nations that they left in many cases more than 20 years ago. As if that were not enough, 273,000 US citizen children, children of the 300,000 TPS beneficiaries whose status Trump revoked, are at risk of being separated from parents who do not want to take them to countries plagued by violence and crisis.  

We must not forget the Muslim veto and the all-out war against immigrants, painting them all as MS-13 gang members. 

 

To the immigrants who have contributed work and effort to the fiber of this nation, to its economy; to those who have given blood and life in the Armed Forces, to those immigrants and their American families, Trump attacks them and despises them, especially if they are Latin Americans from poor nations. Putin, the architect of the attack on our democracy in the 2016 elections, efforts that are still valid in the face of the midterms, is treated with silk gloves and rewarded with another summit meeting, this time in the White House. Seen through the eyes of Trump, it is the same because it was Putin who helped place him in the White House with his campaign of deconstruction. 

 

It only remains to wait for the children and family members of those immigrants on whom Trump has declared war, or all those who are aware and able to feel empathy for the abuse of others, to vote with such force in 2020 that not even Putin’s black hand will be enough to re-elect Trump. (America’s Voice)