La muerte de Jakelín

Por Maribel Hastings  

 

WASHINGTON, DC — La miseria que marcó la corta vida de la niña guatemalteca Jakelín Caal Maquín solo le importó a sus padres, sobre todo al papá que emprendió con su hija la triste ruta al Norte que casi siempre termina en tragedia. La muerte de Jakelín tras estar en custodia de la Patrulla Fronteriza le ha dado la vuelta al mundo, y aunque muchos lamentan el deceso es bueno preguntarse qué pasará más allá de las lamentaciones. 

En realidad, de este lado, no pasará mucho en el gobierno de Donald J. Trump, quien ha convertido la mano dura y cruel en materia migratoria en su tabla de salvación para mantener el apoyo de su fiel base. De hecho, la muerte de esta pequeña vendría a representar una consecuencia natural de esa política antiinmigrante, a cuyos representantes nada parece conmover, sobre todo cuando se trata de indocumentados de los países que tanto desdeña esta administración. 

Para Trump y sus secuaces puede haber miles como Jakelín corriendo la misma suerte, pero ellos, con una mueca de fastidio, siempre considerarán esto como “daño colateral”. Culparán todo el tiempo a la víctima o, como en este caso, al padre por haberla traído consigo a tan dura travesía, con la esperanza de cruzar a Estados Unidos, la aún considerada “tierra prometida” para el migrante contemporáneo. 

Poco les importan las razones que tengan estas familias para meterse en la boca del león en un último intento de tratar de salir de la miseria. A Trump y a su gente solo les importa explotar esa miseria con fines políticos, tildando a esos migrantes de “invasores” y “criminales”. En pocas palabras, lo que se ha propuesto a rajatabla es cortar todas las vías de acceso al migrante de color, aun cuando pida asilo legalmente. 

Y la situación se pondrá peor porque mientras más se le cierre el cerco a Trump por todas las investigaciones que tiene sobre su espalda, no habrá duda de que intensificará sus ataques y sus propuestas antiinmigrantes con el fin de mantener el apoyo de la base, sobre todo ahora que las pesquisas podrían tornarse en su contra, corriendo el riesgo de que se inicie un juicio de destitución en la Cámara Baja que en enero pasa a manos demócratas. Y la historia nos enseña que cuando el miedo hace presa de los autócratas, estos siempre responden impulsivamente sin medir las consecuencias. 

Por otro lado, a los gobiernos corruptos de las naciones de donde provienen estos migrantes tampoco les importa la miseria, el hambre, la desnutrición y el abuso en que tienen sumidos a millones de sus habitantes, particularmente a los indígenas, sin que exista un verdadero interés por establecer una política integral que dinamice el desarrollo de esas comunidades, destinándolos a tomar la única opción que tienen a la mano: emigrar. Cuando la maroma del viaje al Norte termina en tragedia, luego se ve a los representantes consulares o a otras figuras de esos gobiernos dando pésames o financiando el traslado de un cuerpo a su país de origen, cuando en vida no hicieron nada por ellos. Solo se llenan la boca de expresiones oficiales manidas, tomadas del manual del perfecto diplomático o del hipócrita funcionario público. 

En la foto de Jakelín vemos a una niña dulce con un asomo de tristeza en sus ojos, reflejo quizá de la dura vida que le tocó vivir. Y es doloroso pensar en que también tuvo una muerte terrible. Con ello se ha comprobado que la deshumanización de los inmigrantes es una férrea misión del actual gobierno, que sus seguidores justifican lanzando insultantes diatribas antiinmigrantes y con base en lo cual sus autoridades migratorias han convertido la negligencia, el maltrato y la crueldad en algo “normal”. 

Lo peor del caso es que no se sabe cuántos menores como Jakelín habrán perecido en la travesía, y nunca lo sabremos; o cuántos correrán su misma suerte, empujados, por una parte, por los gobiernos corruptos de sus países de origen, y por otra, rechazados de este lado de la franja por el corrupto que ahora ocupa la Casa Blanca. (America’s Voice) 

 

The death of Jakelín  

WASHINGTON, DC — The misery that marked the short life of the Guatemalan girl Jakelín Caal Maquín only mattered to her parents, especially to the father who undertook with her daughter the sad route to the North that almost always ends in tragedy.  The death of Jakelín after being in the custody of the Border Patrol has gone around the world, and although many lament the death it is good to ask what will happen beyond the lamentations.  

Lamentations don’t last long in the government of Donald J. Trump, who has turned the harsh and cruel stand on immigration into his lifeline to maintain the support of his loyal base.  In fact, the death of this little girl would come to represent a natural consequence of this anti-immigrant policy, whose representatives nothing seems to move, especially when it comes to undocumented people from countries so despised by this administration.  

For Trump and his henchmen there can be thousands like Jakelín meeting the same fate, but they, with a grimace of annoyance, will always consider this as “collateral damage.”  They will blame the victim all the time or, as in this case, the father for having brought her on such a hard journey, hoping to cross into the United States, the still considered “promised land” for the contemporary migrant.  

Little do they care the reasons that these families have to get into the lion’s mouth in a last attempt to try to escape misery.  Trump and his people only care to exploit this misery for political purposes, calling these migrants “invaders” and “criminals.”  In short, what has been proposed is to cut all access routes to migrants of color, even when legally seeking asylum.  

And the situation will get worse, because the more Trump is besieged by all the investigations on his back, there will be no doubt that he will intensify his attacks and his anti-immigrant proposals in order to maintain the support of the base, now that the investigations could turn against him, running the risk of impeachment when the House passes into the hands of Democrats in January.  And history teaches us that when fear preys on autocrats, they always respond impulsively without measuring the consequences.  

On the other hand, the corrupt governments of the nations from which these migrants come also do not care about the misery, hunger, malnutrition and abuse in which millions of their inhabitants have been plunged, particularly the indigenous, without there being a true interest in establishing a comprehensive policy that stimulates the development of these communities, destining them to take the only option they have at hand: emigrate.  And when the trip to the North ends in tragedy, then the consular representatives or other figures of those governments are seen giving condolences or financing the transfer of a body to their country of origin, when in life they did nothing for them.  Their mouths are filled with official expressions, taken from the manual of the perfect diplomat or the hypocritical public official.  

In the photo of Jakelín we see a sweet girl with a hint of sadness in her eyes, perhaps reflecting the hard life that she had to live.  And it is painful to think that she also had a terrible death.  This has proven that the dehumanization of immigrants is a fierce mission of the current government, which its followers justify by launching insulting anti-immigrant diatribes and based on which their immigration authorities have turned negligence, abuse and cruelty into something “normal.” 

The worst of the case is that you do not know how many children like Jakelín will have perished in the crossing, and we will never know; or how many will run the same fate, pushed, on the one hand, by the corrupt governments of their countries of origin, and on the other, rejected on this side of the line by the corrupt who now occupies the White House. (America’s Voice) 

 

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