El colecho ¿Mala palabra o práctica consciente?

Por Victoria Lis Marino 

 

Casi todas las películas de niños de Hollywood empiezan mostrándonos la nursery del bebé, el lugar donde la mamá le cuenta un cuento, lo mece y lo deja solito descansando en su cuna. Tristemente esta imagen se globalizó y nos hizo creer a todos en distintas partes del mundo que era lo que había que hacer, entrenar a tu niño, como entrenar a tu dragón a que duerma solo desde la más dulce infancia. Bueno, varios estudios demuestran que en más de la mitad de las culturas del mundo no sucede este extraño fenómeno abandónico, muy propio de la cultura norteamericana. 

Las estadísticas demuestran que aún en Estados Unidos, las mujeres de raza hispana o afroamericana tienden a practicar más el colecho que los caucásicos, para quienes es mala palabra. ¿Qué es el colecho? Es básicamente dormir con los bebés y no tan bebés en la misma cama que la mamá, y apapacharlos hasta que están listos para dejar el nido y dormir solos, algo que sucede entre los 3 y los 5 años generalmente. 

En lugares como Japón, el colecho sigue la práctica del rio que cruza las dos montañas, básicamente se piensa que papá y mamá son tierra segura, y por el medio cruza un rio al que hay que dejar circular hasta que así lo decida. El concepto es muy lindo, sobre todo si pensamos que un pequeño no puede expresar en palabras sus emociones hasta ya entrada larga la infancia y no puede auto-calmarse de noche, lo cual hace que sin sus padres, se sienta sólo, atemorizado, desamparado y angustiado por demás. El lugar natural de un niño es con sus padres, obviamente uno no planea que estén en la cama hasta la adolescencia, pero sí, que lo hagan hasta que lo necesiten, siempre y cuando uno los ayude a cultivar su independencia por otros medios y les de la seguridad necesaria para que cuando se empiecen a sentir incómodos en la cama, busquen un lugar solitos. 

El niño puede tener su cuarto, jugar en ese lugar, incluso dormir siestas, pero a la hora en la que baja el sol, duerme en la cama de mamá y papá. Si bien la Academia norteamericana de pediatría desestima el colecho por los riesgos de sofocación que este representa – básicamente la mamá o el papá pueden aplastar al bebé de noche, o este puede ahogarse con las mantas si es que hay muchas- , la realidad es que si tienes una cama lo suficientemente grande y eres madre consciente, te acostumbras a dormir en una pequeña franja vertical de 40 centímetros. Lo esencial, es asegurarte que el niño no pueda caerse utilizando una contención, un barral, almohadones en el suelo y en la misma cama.   

Esta comprobado que el colecho, además de ser un acto de amor sumamente satisfactorio para el niño,  que siente la seguridad del cuerpito de sus papás cerca, y para las mamás que nos damos el gusto de tener ese hermoso olorcito a bebé aún por las noches, también resulta en una disminución de las posibilidades de muerte súbita, lo cual es muy consolador.  

Salvo en casos específicos o  en sociedades más tradicionales (Asia- Africa) generalmente compartir la cama con el bebé surge por un acto de necesidad, traducido en el cansancio de la mamá. El bebé se levanta a tomar la teta muchas veces por noche y la mamá decide que ya no puede levantarse más hasta la cuna y volverlo a acunar, entonces lo deja en la cama, donde es más fácil darle la teta y seguir durmiendo. La contra de todo esto es que el niño se ve tentado a alimentarse más durante la noche al compartir el olorcito a mami, lo cual a veces puede resultar en depravación de sueño. El Dr. McKenna afirma en un estudio que el colecho es una práctica completamente normal y básicamente era la regla hasta la época victoriana en la que comenzaron a enfatizarse ciertos valores normativos de la conducta que colocaron a los niños en otra habitación, y se empezó a practicar el entrenamiento de los niños, imperando la rigurosidad, la limpieza, y el orden ante todo. 

El orden industrial migró  a diversas culturas, sobre todo al mundo sajón, donde los niños comenzaron a dormir solos y a tomar menos teta por cuestiones prácticas, básicamente la productividad de los padres que podía ponerse en jaque.  Pero esta globalización, por suerte no se extendió a países como Filipinas, Japón, Korea, India, y varias naciones en Medio Oriente y América Latina, donde el hábito de dormir con el pequeño sigue imperando, a pesar de a muchos les extrañe el hábito. 

El colecho no es una práctica para todos, un estudio publicado por Amy Mao y Melissa Burnham entre otros en el año 2004, afirma que los niños de hasta 15 meses que hacen colecho se despiertan más por las noches que quienes duermen solos. La razón es evidente, en el entrenamiento el niño que duerme solo aprendió a no pedir nada, pues después de llorar durante horas incansables, vio que su necesidad no era satisfecha, el que duerme con los papás, se despierta porque sabe lo que puede conseguir. 

El colecho no es mala palabras es una decisión consciente de padres que quieren tener otro tipo de contacto con sus hijos, pero no es para todo el mundo. (La Semana) 

 

 

Co-sleeping: Bad habit or loving practice? 

 

By Victoria Lis Marino  

 

 

In every Hollywood family movie, whenever babies are involved, they show us the idyllic scene of the baby’s nursery, a place of quietness and tenderness where the baby, surrounded by a myriad of toys and teddy bears, sleeps all night on his own and nothing seems to disturb him. Sadly this image is only sci-fi, but the impact it has had on the minds and hearts of parents has transformed fantasy into a real goal.  This picture has made us all believe that this is the how babies should sleep: they should be trained to be on their own, trained like you tame a dragon since early childhood to be independent, so as to learn to self-comfort even if they cannot speak. Well, the truth is that in half of the world’s largest cultures, babies do not sleep on their own on a cradle, they sleep with mum and dad.  

Statistics show that in the USA the families that practice co-sleeping are mostly African-American or of Hispanic descent, and for Caucasians co-sleeping is only a bad habit that should not be encouraged.  

So, what is co-sleeping? Basically it is sleeping in the same bed with your child until they are ready to leave the nest and sleep on their own, something that happens between the age of three and five.  

It is a very common practice in cultures around Asia and Africa, and in Japan they describe the habit with a metaphor: A river in between two mountains that flows until it changes its course. Mom and dad are the mountains that help contain the river until it is ready to reach the sea. The concept is very comforting, especially if we consider that infants cannot put words to their emotions, cannot comfort themselves when they are afraid or feel lonely. If left on a cradle in a separate room they may feel despair until they get accustomed to the situation, which may cause extra suffering for the child, even if books like “Go to sleep now,” don’t give this too much credit.  

The natural place of a child is with its parents. Obviously one doesn’t want to linger in our bed until they are teenagers, but yes until they have reached the maturity to be on their, own, until they decide to do so. Of course you will have to do other things to encourage their independence and security so that eventually they will be able to long for a place on their own.  

The child needs to have his own space, a room where he might play, take a nap, change his clothes, but when the night comes co-sleeping indicates that the right place is beside mom.  The American Academy of pediatrics does not encourage co-sleeping because of the risks of suffocation it may imply. Mom or dad can roll over and suffocate the child, the child can fall from the bed or even suffocate with the sheets if the bed is not ready to co-sleep. All these things can be avoided if you prepare the room for the practice, and if you are a committed parent that can sleep on a 40 cm long stripe. Just use a safety bar so that the baby doesn’t fall from the bed, place the mattress near the wall, and use a small amount of blankets and you’ll be alright.  Co sleeping is not only a wonderful love practice that gives your child security and self esteem while being close to his parents, it also makes parents more aware of their child’s needs, making us smell like baby the while night. The best benefit of co-sleeping is that it reduces the risk of SIDS, which is by far the best news we can receive.  

In most of the western countries, the decision of co-sleeping is one that arises out of need. Mom is super tired, is nursing the child more than four times a night and cannot get up anymore, so she decides to place the child on her bed, so that breastfeeding becomes easier and sleep in not that much interrupted.  The B part of the plan is that the children that co-sleep tend to feed more at night, because they know mommy is available, which in the long term may disrupt the sleep of the mother.  Dr. James McKenna, a sleep expert, studied co-sleeping and refers at it as a normal practice that ruled the sleeping world of babies until Victorian times when the behavior was regulated and order appeared to be the norm, a shift of paradigm that placed children in a separate room where they should be trained with thoroughness to play a certain role in society. These were the times of the industrial revolution, a concept that became globalized in the Saxon world where children began to sleep on their own, because their parents had to go to sleep to get up and work. It wasn’t a concept developed as the best practice to sleep a child, it was an idea born out of need, the need to keep up labor productivity. Nevertheless there are certain countries like Korea, India, Philippines, some nations in the Middle East and even Latin America, where co-sleeping is the norm. 

According to Amy Mao and Melissa Burnham, who published a research paper on co-sleeping in 2004, children that co-sleep tend to wake up more times at night than those who sleep on a separate room and cradle, which makes co-sleeping a decision not fit for everyone. The reasons are self evident, the child sleeping on its own knows that no benefit will come from crying or waking up, while the other is very much aware someone will comfort him at night.  

Co-sleeping therefore, is not a bad habit, is one born out of need, like the Hollywood scene of the baby’s nursery; nevertheless this enormous act of love is not made for everyone, only those that are aware of the sacrifices that should be made. (La Semana) 

 

 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.