Una vida entre panes y apuestas

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino 

 

Desde hace 23 años José Luis Durán García es dueño de la panadería Panadería Misol, ubicada en 3114 S 108th E Ave., Tulsa. Como muchos otros inmigrantes de la ciudad llegó desde México, Zacatecas, cruzó la frontera y los vaivenes de la vida hicieron que su peregrinación concluyera en nuestra ciudad. “Lo más difícil fue pasar”, recuerda José Luis. “Varias veces traté de pasar y me agarraba migración, y lo volvía a intentar; es difícil porque se arriesga la vida”, confesó. 

El panadero viene de familia de comerciantes y desde que llegó a Tulsa supo que lo mejor que podía hacer era tener su propio negocio. Acá no había panaderías entonces pensé en eso”, explicó el panadero, que trabaja junto a su esposa y su hijo. 

“En Tulsa la gente es muy buena, trabajadora, católica y les doy gracias por apoyarnos y permitirnos trabajar”, reconoció. “Me alegro de ver que los Latinos se estén superando cada día más. Nosotros vivimos de la gente latina y los latinos nos apoyan”, aseguró José Luis, quien considera que lo mejor que ha hecho hasta la fecha es “tener muchos amigos”.  

Pero como las historias de todas las personas, la de José Luis tiene un lado B, una parte oculta que le gustaría esconder por siempre. “Si tuviera que cambiar algo dejaría de jugar”, confesó José Luis que se siente trastornado por las carreras de caballo.  “Llegue  a perder 2 millones de dólares”, dijo José con Angustia, reconociendo que lo único que lo ayudó a salir adelante fue su mujer, su familia y su trabajo“Hoy sigo jugando, claro que no como antes, sólo por diversión”, dijo José Luis con honestidad, reconociendo que lo que se pierde, pues nunca se recupera. 

La panadería por un lado, y el vicio por el otro, hicieron de José Luis un hombre comprensivo que sabe lo que es desear cambiar y reconvertirse, y que encontró en nuestra ciudad la oportunidad y en su trabajo la salvación. Por eso José Luis le aconseja a los más jóvenes: “Hagan lo que les gusta, pongan los negocios que realmente les gustan y con muchas ganas porque uno sacrifica la vida en el negocio y no es fácil levantarse todos los días a batallar”.  

 

 

A life between bread and games  

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino 

 

TULSA, OK — For the last 23 years José Luis Durán García has been the owner of Panaderia Misol, located at 3114 S 108th E Ave., in the heart of East Tulsa’s Latin district. Like many other immigrants, José Luis, born in Zacatecas, Mexico, crossed the border without papers and after a long pilgrimage he arrived in Tulsa.  

“The worst was crossing the border,” he remembered with sadness. “I tried many times, and was arrested by immigration officers, but I tried again until I made it happen. I risked my life, it was really hard.”  

The baker comes from a family of entrepreneurs and when he arrived in Tulsa he decided he was going to do everything he could to open a business.  

“There were no bakeries in the area, and I saw the opportunity,” said Jose Luis, who works every day along his wife and son.  

“In Tulsa people are very kind, religious hard working people that I have to thank for all the support and for letting us work,” he acknowledged. “I’m glad that I can see a Latino community in constant growth. 

We live from the Latin people, they support us,” Jose Luis observed, recognizing that the best thing in his life are his friends.  

But Jose Luis has another side he doesn’t hide, a story shared by many but told by few.  

“If I had to change something, I would stop gambling,” he confessed, ashamed for his love of racehorses.  

“I’ve lost more than 2 million dollars, he said with anguish, explaining that his wife and family helped him to come forward and control the vice.  

“Today, I only play for fun, not like before,” the baker said earnestly, knowing that what was lost once, can never come back. 

The bakery along with the vice have made Jose Luis a very wise and understanding man, one who is conscious of the effort that means changing and pulling yourself together. Tulsa has given him the opportunity to find strength and joy, while his job and family has saved him from a forsaken fate.  

Today José Luis advises those young at heart: “Do what you like the most, open a shop and sell the things you love, because you will leave your soul there and sometimes it is not easy to wake up and fight.” (La Semana)