Inmigración y resistencia: la lucha de Pascual López

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino

 

Tulsa, OK- Esta es la historia de Pascual López, un inmigrante mejicano, nacido en Guajaca que aún hoy, lucha por salir adelante en Tulsa.

Pascual es dueño de “Tire Shop Fix the flat”, un local de arreglo de neumáticos en la ciudad de Tulsa emplazado en la calle Admiral y Lewis emigró a nuestro país hace 16 años, siendo un adolescente, buscando comida más que éxito.

“En Guajaca tuve una infancia muy pero muy triste, allá fuimos muy pobres nosotros, yo vivía en un pueblo donde no hay trabajo, no hay nada”, dijo Pascual casi sin querer hacer memoria. “Una vez me quedé sin comer como dos días, porque a mis papás no les alcanzaba para poner comida en la mesa”.

Ni bien pudo, Pascual, decidió cruzar la frontera. Caminó una semana a pura agua y tortillas hasta que llegó a Arkansas, y de ahí siguió hasta Oklahoma, sintiéndose morir en varias partes del trayecto.

“Por día caminábamos unas 8 horas, divididas entre día y noche, hacía mucho calor en el desierto y te cansabas mucho”, recordó.

Una vez en el territorio Sooner, Pascual demostró ser poseedor de una de las principales cualidades de los inmigrantes: la resiliencia, pues tuvo que hacer de todo para sobrevivir, sólo y sin ayuda.

“Lo más duro fue encontrar trabajo, batallé mucho, fui lavaplatos, trabajé en jardinería, en todo, ya estaba pensando regresar a México, pues tenía que pagar renta e impuestos y no tenía con qué”, confesó Pascual. Sin embargo, el hombre no se dejó vencer por sus miedos y trabajó hasta el cansancio para convertirse en su propio jefe. Hoy, tiene su propio negocio y si bien sigue luchando tiene la convicción de que todos los males pueden ser superados.

“Aún no me va como quiero, pero espero que esto mejore, pues hace falta ganar un dinerillo para mis dos niñas”, dijo con congoja, a sabiendas de que la semilla que plantó en este país, algún día dará su fruto. “Ahora mi futuro está aquí, hay que echarle ganas, pues lo único que quiero es trabajar”.

Atrás dejó pérdida, pobreza y mucho afecto, su México lindo vive en su mente como una ilusión imposible, un pasado pisado al que recuerda con cariño. “Mi situación hace imposible que pueda ir y venir, sueño con volver de visita, tal vez, algún día”, mencionó.

Mientras tanto, Pascual espera que sus hijas estudien y entiendan que en la educación radica el cambio.

“Yo no acabé mi primaria, pero sé que quienes tuvieron la posibilidad de estudiar hoy no necesitan luchar como yo. Hay una gran diferencia entre quien sabe leer y quien no sabe. Estudiar te permite moverte por donde sea, saber por donde vas, como yo no se muy bien todo eso, para mi es muy difícil el camino”, confesó Pascual.

Su historia, como la de tantos otros, nos invita a reflexionar sobre el poder de la resiliencia y el peso de la voluntad para salir adelante y proveer para que las generaciones futuras puedan convertirse en ciudadanos plenos. La fuerza de Pascual enaltece nuestra comunidad y es el cambio viviente que Tulsa necesita para seguir creciendo, aunque a veces, crecer, nos duela un poco.

 

Immigration and resilience: The struggle of Pascual López

 

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino

 

Tulsa, OK – This is the story of Pascual López, a Mexican immigrant born in Guajaca that today is fighting for a better future in our city. Pascual owns Tire Shop Fix a flat”, a tire repair shop located at Admiral and Lewis. He immigrated to the US 16 years ago, when he was still a teenager, looking for food more than seeking a life of success.

“We had a very sad childhood in Guajaca, we were super poor, living in a town with no jobs, no perspectives,” said Pascual almost without wanting to remember. “Once I didn’t have anything to eat for two days, because my parents did not have enough money to buy food.”

When he was old enough to travel, Pascual decided to cross the border. He walked during a whole week drinking water and eating tortillas, until he made it into Arkansas. He confessed he felt himself dying during some parts of the journey.

“We would walk more than eight hours per day, with the sun, the heat, the desert, it was really tiring,” he recalled.

Once in Oklahoma Pascual showed his most important quality: resilience. He had to endure different tasks in order to make do, alone and with no help.

“The worst thing was finding a job,” he said. “I did whatever I had to do, cleaned dishes, cut the grass, I even thought of going back to Mexico because here I had to pay taxes, rent, and had almost no money.”

But Pascual didn’t let life crush him and worked tirelessly until he became his own boss. Today he manages his tires business and even if he still fights to make a living, he knows obstacles can always be overcome.

“I still seem to struggle to find the way, business is not exactly what I have dreamed of, but I really hope it will get better, better for my two girls who have to eat,” said Pascual with sadness, knowing that some day the seed he planted in Tulsa might thrive. “My future is now here, I have to keep on trying, because the only thing I want to do is to work.”

Pascual has left behind a lot of things, his homeland, his poor childhood, and his affections. Mexico is in his mind an impossible illusion which he cherishes close to his heart.

“My situation makes it impossible to travel back, someday maybe, I may go and visit… someday,” he hopes.

While he dreams, works, and waits, he hopes his two daughters might one day study to improve themselves.

“I didn’t finish primary school, and I know that those who had the chance of studying are not in the same place I am,” Pascual acknowledged. “There is a huge difference between those who can read and those who cannot. Studying allows you to swim in all kinds of waters, you lead your own way. Because I cannot swim, things have been really complicated in my life.”

The story of this indomitable man symbolizes the struggle of some many others and invites us to reflect upon the power of resilience and force of will in times of loneliness and despair. These are the stories that give the power for future generations to become full citizens, citizens that may take pride in their community by acknowledging that the force of change is within us, even if changing and developing might sometimes hurt. (La Semana)

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