Cómo una terapia psicológica ayuda a reducir los efectos del síndrome del colon irritable

Laura Day, de 31 años, una periodista freelance, le contó a la BBC que participar en una innovadora terapia psicológica para luchar contra el síndrome de colon irritable que padece es “lo mejor que ha hecho en la vida”.

Recuerda tener problemas de intestino desde los 5 años, y también que las mañanas le resultaban particularmente difíciles.

Explica que solía pasar mucho tiempo en el baño, al menos dos o tres veces antes de salir de casa, y que todo giraba alrededor de su síndrome.

Tenía que asegurarse de poder encontrar baños de camino al trabajo y siempre llevaba encima pastillas para cortar la diarrea.

“Al principio era escéptica acerca de la terapia y no entendía cómo cambiar mi forma de pensar iba a cambiar mis intestinos”, asegura Day.

Y añade: “Pero una de las cosas más útiles que aprendí fue el fuerte vínculo que hay entre cómo pensamos y cómo reacciona nuestro cuerpo”.
“Ahora, cuando tengo un mal momento, no me concentro en ello, ya no me preocupo de que sea algo más grave sino que entiendo lo que está pasando”, concluye.

Qué es el síndrome del colon irritable
El síndrome del colon irritable es una afección común y con frecuencia de por vida relacionada con los intestinos.

Afecta a entre el 10% y el 20% de la población en países desarrollados.
No hay una prueba concreta para diagnosticarlo, por lo que normalmente se detecta por sus síntomas, que suelen incluir dolor abdominal, gases y episodios de diarrea y/o estreñimiento.

Este síndrome también suele provocar que las personas que lo sufren experimenten una necesidad urgente de ir al baño y que, una vez fueron, tengan la sensación de que no se liberó del todo el intestino.

Aunque no tiene cura, una dieta correcta (y concreta para cada caso) y los medicamentos pueden ayudar a controlar los síntomas.

La necesidad de nuevas terapias
Según los investigadores, la terapia psicológica puede ser de gran ayuda para las personas con síndrome del colon irritable.

En Inglaterra el regulador sanitario ya recomienda este tipo de terapia presencial a las personas que tienen el síndrome del colon irritable, independientemente de otros tratamientos.

Pero los investigadores afirman que muchas personas no tienen acceso a él.
Ante esta realidad, decidieron hacer un estudio sobre cómo podría funcionar la terapia online y teléfonica.

Su trabajo, publicado en la revista Gut, muestra que la terapia cognitivo-conductual (TCC) podría reducir los síntomas, incluso si no se hace en persona.

Así fue el estudio
En el ensayo participaron 558 personas con síndrome del colon irritable de larga duración.

Los participantes tenían síntomas a pesar de tomar medicamentos y de llevar un estilo de vida adecuado a su situación.

Dividieron a los pacientes en tres grupos:

  • Un tercio de los participantes recibió terapia telefónica (ocho sesiones de una hora con un terapeuta, además de su tratamiento habitual y estándar)
  • A otro tercio se le ofreció terapia online (ocho módulos de terapia cognitivo-conductual interactiva por internet y cinco sesiones de media hora con terapeutas por teléfono)
  • El resto siguió únicamente con su tratamiento habitual (medicamentos antiespasmódicos y un estilo de vida adecuado)

Tanto la terapia online como la telefónica profundizaron en una serie de cuestiones sobre el síndrome.

Por ejemplo, incluían información detallada sobre cómo funciona el intestino, qué es el síndrome del colon irritable, cómo se pueden detectar conductas que no ayudan y cómo se pueden desarrollar hábitos alimentarios estables y saludables.

Los resultados de la investigación
Al final de los 12 meses que duró el estudio, los investigadores descubrieron que los pacientes que habían recibido cualquiera de las dos terapias reportaron menos síntomas, más capacidad para administrar el trabajo y las relaciones sociales y menos ansiedad y depresión que las personas que recibieron solo el tratamiento estándar.

El investigador principal del proyecto, el doctor Hazel Everitt, dijo a la BBC: “A veces, cuando tenemos afecciones crónicas que afectan nuestro día a día y nos dificultan hacer lo que queremos, nos adaptamos y seguimos con nuestra vida a pesar del problema. Y, a veces, estas adaptaciones que desarrollamos son de escasa utilidad a largo plazo”.

Y añade: “En este caso un ejemplo podría ser buscar continuamente dónde hay inodoros”.

Everitt está seguro de que la terapia cognitivo-conductual “puede ayudar a superar estos comportamientos y pensamientos que ayudan poco”.