Salto Base: El deporte de las 7 vidas

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Acapulco, Mx

El salto base es un deporte de alto riesgo que consiste en saltar de elementos fijos, acantilados, puentes y edificios. Es uno de los deportes más riesgosos del mundo, practicado por unos pocos osados que desafían a la muerte. México tiene 120 millones de habitantes y tan sólo 5 saltadores base, y La Semana tuvo el privilegio de toparse con uno de ellos, Johnny Saavedra, que aún siendo sexagenario sigue saltando sin parar.

“Llevo 43 años saltando de avión, 33 años saltando de objetos fijos y he tenido 3 accidentes, son muchos años y pocos accidentes en comparación”, admite con orgullo.

Su mundo es pequeño, todos los que se dedican a este deporte se conocen, porque como afirma Johnny “No hay muchas personas que quieran saltar de edificios. Llega la gente, lo intenta y se da cuenta de que es un deporte muy caro y hay un riesgo enorme, tu debes estar preparado y tu familia también, por eso no es un deporte común”, afirma el saltador.

Saltar es un acto privado, a diferencia de lo que muchos podrían creer, los saltadores base no buscan publicidad, sino adquirir una visual del mundo que dura segundos y corta la respiración. “Este deporte lo haces para ti mismo no lo haces para engrandecerte, por eso se hace cuando nadie te ve”, explicó Johnny. En la bahía de Acapulco a la hora de abandonar los objetos, los saltadores ven lo cautivante, tienen una mirada única que motiva a muchos a intentarlo. “Solo los que tenemos la dicha de poder hacerlo sabemos lo que es”.

Gracias al salto base Johnny viajó por más de 30 países, generando lazos y amigos para toda la vida. Para él, este es un estilo de vida, que le permitió vivir muchas vidas en una, fue estrella de cine y participó en varias películas, trabajó en prestigiosos documentales, hizo publicidades y tuvo la posibilidad de conocer a reyes y presidentes. “Mi vida sin esto no hubiera tenido sentido”, afirma el saltador.

Este deporte requiere una técnica física, mental y familiar única que exige planes de contingencia especiales al momento de una catástrofe. Siendo padre de cuatro hijos, Johnny entiende la responsabilidad que conlleva cada salto, pero él no le teme a la muerte, porque para él “La vida es un suspiro que se nos va de las manos muchas veces sin sentir, por eso hay que vivirla con toda la intensidad posible”. Antes de cada salto saluda a su esposa con un beso y le dice “Nos vemos a la vuelta”, pensando en positivo, en la intensidad con la que desea seguir viviendo. “Prefiero morir haciendo lo que más me gusta a morir en mi cama”, asegura sin tapujos.

“Este deporte dura unos pequeños segundos, para nosotros esos segundos al dar el paso al vacío son como una vida, una profunda sensación de gusto, de satisfacción”, dice poéticamente uno de los mejores 25 saltadores del mundo.

Johnny ama saltar aún cuando conoce los riesgos, hace 8 años se estrelló contra una montaña y terminó con fracturas en ambas piernas, costillas y cráneo. Estuvo colgado unas 3 horas en una montaña en Monterrey, perdiendo sangre y expuesto al inclemente calor, antes de que un helicóptero lo rescatara y llevara al hospital. Una vez allí entró en estado de shock y sufrió un paro cardíaco; murió por unos segundos y la experiencia lo hizo valorar aún más su radical visión del vivir.

“En ese momento, yo tenía los ojos cerrados, aunque estaba completamente consciente, y de repente se empezó a ir el dolor y me sentí bien y se abrió una cortina blanca en mis ojos, blanco intenso, sin amargura, sin dolor sin sufrimiento. Tenía una paz completa, indescriptible. No me detenía nada, no tenia miedo, estaba en un lugar en el que estaba feliz, había llegado a la Gloria”, cuenta Johnny de su experiencia en el más allá. El saltador asegura haberse convertido en una porción de una energía más grande, algo inexplicable. Cuando volvió a la vida después del uso del desfibrilador, le gritó al doctor “¿Por qué?”, increpándolo por haberlo dejado vivir, pues como asegura Johnny, “Vivir te duele y sólo te das cuenta en ese momento”.

A pesar de todas estas experiencias dolorosas, las historias recolectadas, los recuerdos, las memorias y el sentirse libre hacen que este saltador no renuncie a su pasión. Por eso le aconseja a todos los deportistas ahí afuera que hagan de sus gustos y sus pasiones una forma de vida. “No sigan falsos espejismos, hay que hacer las cosas por las razones reales, no por vanidad, o por valentía o por ser temerario, hay que ser auténtico”.