2019 The year in review

Por David Torres

Al tortuoso y largo camino por el que han transitado los miles de solicitantes de asilo, se ha sumado una serie de bloqueos oficiales que, literalmente, les han impedido llevar a cabo una solicitud formal.

En el trayecto, por otro lado, se les ha condenado, vituperado, rechazado, deshumanizado, demonizado. Y también se les ha llamado “invasores”.

De hecho, a cerca de 55,000 de los muchos que han logrado llegar a la frontera sur de Estados Unidos se les ha incluido en un insólito programa sacado de la manga que les obliga a esperar durante meses en territorio mexicano una respuesta a su solicitud de asilo.

Pero el programa “Quédate en México” —Remain in Mexico o también conocido como Migrant Protections Protocol (MPP)— ha derivado, a casi un año de su creación, en una crisis humanitaria en la frontera, que ha causado enfermedades, mala alimentación, falta de higiene, nulos ingresos económicos, ansiedad, desesperanza y muchos otros problemas emocionales, además de haber convertido a los migrantes en objetivo de las organizaciones de la delincuencia organizada que pululan en la zona fronteriza.

Hasta ahí, todo va mal, sobre todo para los solicitantes de asilo, pues lejos de ser lo que ese alarmismo populista ha dicho sobre ellos, no solo no han constituido una invasión para Estados Unidos, sino que además sus casos simplemente han pasado a integrar las estadísticas de rechazo por parte de las autoridades migratorias que, sin lugar a dudas, hacen eco de la retórica antiinmigrante que las rige desde la Casa Blanca.

Porque ese raquítico 0.1% de casos de asilo otorgados, según cifra del propio gobierno de Estados Unidos, a través del Transactional Record Access Clearinghouse (TRAC), no representa ni la realidad legal en la que deberían circunscribirse en una situación normal, ni es proporcional a la cantidad de solicitantes que, además, se van acumulando al paso de los días.

Precisamente esa ridícula cantidad es la que contradice fehacientemente el señalamiento oficial de que los solicitantes de asilo que llegaron en nutridas caravanas constituirían una “invasión”.

Es decir, ese “0.1%” solamente equivale, según TRAC, a 11 casos. Sí: 11 de los casi 50,000 migrantes del programa, de los cuales menos de 10,000 completaron su papeleo y, de ese grupo, 5,085 fueron denegados y 4,471 fueron desestimados. Los 11, obviamente, no son una invasión.

Por otro lado, según el recuento más conservador, han sido más los migrantes muertos en custodia durante el presente gobierno: 24, además de los siete menores de edad, cuyas historias han dado la vuelta al mundo, sobre todo por las circunstancias de sus fallecimientos, todos ellos como consecuencia de padecimientos prevenibles, como la gripe.

A propósito, hay una demanda en curso entablada por el Southern Poverty Law Center y el Innovation Law Lab de Portland, con base en la que se señala al gobierno de Trump de haber creado una “máquina de deportación”. Y se argumenta que en lugar de ser justos e imparciales, los jueces de las cortes de inmigración responden al Procurador General, Robert Barr, y son forzados a negar solicitudes de asilo.

En efecto, probablemente el nivel de ataques desde el oficialismo contra las comunidades migrantes no bajará, y de hecho es previsible que tienda a subir de tono ahora que la figura presidencial tiene la equis en la frente del juicio político aprobado en la Cámara de Representantes.

Esta situación afecta en especial a los menores migrantes, que junto con sus padres tenían la esperanza de salir de una situación de violencia que padecían en sus naciones de origen, pero que han venido a encontrarse con otra realidad aun peor para muchos, frente al muro infranqueable del asilo. Sin descartar, claro, la desilusión que se han llevado de esa especie de “tierra prometida” que en su imaginación se habían creado de este país. (America’s Voice)

2019 The year in review

By David Torres

Throughout the long and torturous journey that thousands of asylum-seekers have traveled, a series of official roadblocks have come up that have, literally, impeded them from being able to finally make a formal solicitation.

In the process, on the other hand, they have been condemned, reproached, rejected, dehumanized, demonized. And they have also been called “invaders.”

In fact, around 55,000 of the many who have arrived at the southern border of the United States have been included in an unusual, off-the-cuff program that requires them to wait for months in Mexican territory for a response to their asylum claim.

But the program “Remain in Mexico” —also known as Migrant Protection Protocols (MPP)—has devolved, almost one year after its creation, into a humanitarian crisis at the border that has caused illnesses, poor nutrition, lack of hygiene, zero economic income, anxiety, depression, and many other mental problems, in addition to turning migrants into targets for organized crime groups that swarm the border region.

In that vein, everything is going wrong, especially for the asylum-seekers who, far from being what populist alarmism has said about them, have not consisted of an invasion to the United States, rather their cases have simply become another statistic of rejection on behalf of the immigration authorities who, without a doubt, echo the anti-immigrant rhetoric of the White House.

Because that tiny 0.1% of asylum cases that are granted, by the U.S. government’s own numbers via Transactional Record Access Clearinghouse (TRAC), represents neither the legal reality in which they should be subscribed under normal circumstances nor is proportional to the number of applicants who, also, continue to accumulate as the days pass.

It is precisely this ridiculous number that cleanly contradicts the official statement that the asylum-seekers who arrived in large caravans constitute an “invasion.”

That is, this “0.1%” only equates, according to TRAC, to 11 cases. Yes: 11 of the almost 50,000 migrants in this program, in which less than 10,000 completed their paperwork and, from that group, 5,085 were denied and 4,471 were dismissed. These 11, obviously, are not an invasion.

On the other hand, according to the most conservative account, more migrants have died in custody during the current administration: 24, in addition to the seven children, whose stories have made the whole world take notice, especially because of the circumstances of their deaths, all of them as a consequence of preventable illnesses, like the flu.

Of course, there is a lawsuit taking place from the Southern Poverty Law Center and Innovation Law Lab Project of Portland, based on the Trump administration’s creation of a “deportation machine.” And it argues that instead of being fair and impartial, judges in Immigration Court respond to the Attorney General, Robert Barr, and they are pushed to deny asylum applications.

In reality, it’s probable that the level of attacks from official channels against migrant communities will not go down, and in fact, it is predictable that this could even tend to increase now that the presidential figure has an “X” on his forehead following the approval of articles of impeachment by the House of Representatives.

This situation especially affects migrant children, who together with their parents had the hope of leaving a violent situation that they suffered in their countries of origin, but have come to find another reality, even worse for many, before the impassable wall of asylum. Without discarding, of course, the disappointment that they must have in this “promised land” that their imaginations had created about this country. (America’s Voice)