6 curiosidades sobre los olores que tal vez no conocías

No subestimes el poder de tu nariz: se trata de un órgano que hace agradable e interesante nuestra experiencia gastronómica.

Además nos advierte de la comida podrida, del vino pasado y de los peligros vinculados con el gas o el humo.

También genera fuertes reacciones emocionales, influye en la atracción sexual y puede usarse como un instrumento analítico sensible.

Saboreamos con nuestra nariz
Muchas personas creen que toda la degustación es realizada con ayuda de nuestras papilas gustativas, pero en realidad estas solo pueden detectar si algo es dulce, salado, amargo, agrio o umami (agradable, sabroso).

La verdad es que también “saboreamos” con la nariz, los ojos e incluso los oídos.

El sabor o, más correctamente, el sabor general que percibimos a medida que degustamos nuestra comida favorita, es una combinación de las señales que recibimos de todos nuestros sentidos.

El trabajo del cerebro es interpretar estas señales y decirnos si la comida está a la altura, si las papas están quemadas, si el repollo está demasiado cocido o si la fruta está madura.

Estos aromas son detectados por receptores en la parte posterior de la nariz que transmiten señales al bulbo olfatorio donde son ordenadas y clasificadas. Luego, la información es enviada al cerebro, el cual nos transmite la calidad e intensidad de los aromas (u olores) que nos rodean y de los alimentos que consumimos.

No todos podemos oler
Alrededor del 5% de la población mundial es anósmica; es decir, que no puede oler.

Este fenómeno puede resultar devastador. Imagínate que tu comida simplemente no sabe a nada, aparte de tal vez un poco dulce o un poco salada, que no logras disfrutar de tus alimentos favoritos y que comer fuera ya no es divertido.

Además, no puedes detectar el olor de un pan mohoso, ni de la leche agria o la pizza quemada. ¿Y si la casa se incendia?

Otra pregunta que obsesiona a las personas anósmicas es: ¿será que huelo mal?

Estas ansiedades a menudo conducen a un estilo de vida insular, a la depresión y a un deterioro de la salud mental.

No necesitas un bulbo olfatorio para oler
Algunas personas nacen sin un bulbo olfatorio, el órgano que anteriormente se creía primordial para la percepción de olores.

Mientras tomaban imágenes cerebrales, un grupo de investigadores se dio cuenta de que uno de sus sujetos no tenía un bulbo olfativo aparente y, sin embargo, obtuvo puntajes normales en pruebas de olor estandarizadas.

El equipo descubrió que el 0,6% de las mujeres pueden oler perfectamente sin poseer un bulbo olfatorio. Esta cifra se eleva al 4,3% en mujeres zurdas.

Las infecciones virales pueden renovar tu sentido del olfato.

El resfriado común es un conocido ladrón de nuestro sentido del olfato, aunque normalmente lo “roban” de forma temporal.

Sin embargo, para algunas personas el sentido del olfato no regresa después de una infección viral como un resfriado común, ni luego de una sinusitis o una inflamación del tracto respiratorio superior.

En algunos casos, la recuperación puede llevar varios años y ni siquiera está garantizada.

La mayoría de las personas desarrollan parosmia (incapacidad del cerebro para identificar adecuadamente un olor) durante las primeras etapas de la recuperación, en la que regresan algunos olores cotidianos pero resultan extremadamente distorsionados y generalmente repulsivos.

Estos nuevos olores son increíblemente difíciles de definir, pero los intentos de describirlos a menudo incluyen palabras como quemado, asqueroso, podrido o cloacal.

Entrenar el olfato es mejor que hacer sudokus
Un ejercicio que ayuda a los anósmicos a recuperar el sentido del olfato es el entrenamiento del olfato.

Los investigadores creen que el ejercicio sistemático de las neuronas olfativas estimula su crecimiento y su reparación, de la misma manera que la fisioterapia promueve la curación de lesiones.

Los humanos pueden rastrear olores como los perros
¿Alguna vez te ha sorprendido la capacidad que tienen los perros para rastrear olores y te has preguntado por qué no podemos?

Una investigación hecha en 2017 demostró que, en realidad, sí podemos.

Si bien no tenemos la ventaja del flujo de aire optimizado a través de la nariz de un perro, si practicamos un poco y logramos un nivel olfativo de un perro, podemos rastrear efectivamente los aromas de chocolate en un campo.

Six curious facts about smell

Don’t underestimate the power of your nose. It makes our everyday eating experience pleasant and interesting and it warns us of spoiled food, corked wine and the dangers of gas and smoke.

It evokes strong emotional reactions, influences sexual attraction and can be used as a sensitive analytical instrument.

We taste with our nose
Many people think that we do all of our tasting with our tastebuds, but they can only detect if something is sweet, salty, bitter, sour or umami (for example, the savoury taste of Marmite). The truth is, we also “taste” with our nose, eyes and ears.

The taste or, more correctly, the overall flavour we perceive as we mow our way through our favourite meal, is a combination of the signals that we receive from all our senses. It is the job of the brain to interpret these signals and tell us whether the food is up to scratch, whether the potatoes are burnt, the cabbage is overcooked or the fruit is ripe.

These aromas are detected by receptors at the back of the nose that relay signals to the olfactory bulb where the signals are collated and sorted. The information is then sent to the brain which tells us the quality and intensity of the aromas (or smells) around us and in the food we eat.

Not everyone can smell
About 5% of the population is anosmic, which means that they cannot smell. This can be devastating. Imagine that your food just doesn’t taste of anything apart from a bit sweet and a bit salty. You can no longer enjoy your favourite foods and eating out is no longer fun. Also, you can’t smell mouldy bread or sour milk or burning pizza – what if the house caught fire? And one question that haunts anosmics is: do I smell? These anxieties often lead to an insular lifestyle, depression and a decline in mental health.

You don’t need an olfactory bulb to smell
Some people are born without an olfactory bulb, the organ that was previously believed to be essential for the perception of smell.

While carrying out brain imaging, a group of researchers realised that one of their normal control subjects had no apparent olfactory bulb, yet they obtained normal scores for standardised smell tests. They discovered that 0.6% of all women can smell perfectly well without an olfactory bulb. This rises to 4.3% in left-handed women. But if you are a man without an olfactory bulb, the evidence so far suggests that you are destined to a lifetime of tasteless food.

Viral infections can rewire your sense of smell
The common cold is a well-known thief of our sense of smell, albeit usually temporarily. Yet for some people, their sense of smell doesn’t return after a viral infection such as the common cold, a sinus infection or upper respiratory tract infection. Recovery can take several years and is not even guaranteed.

Most people develop parosmia (an inability of the brain to properly identify a smell) during the early stages of recovery, when a few everyday smells return but with a badly distorted and usually repulsive character.

Smell training is better than sudoku
An exercise that helps anosmics to regain their sense of smell is “smell training”. Researchers believe that systematically exercising the olfactory neurons stimulates growth and repair, much in the same way that physiotherapy promotes injury healing.

Humans can track scents like a dog
Have you ever been amazed at the ability of dogs to follow scent trails and wondered why we can’t? Research in 2017 showed that, in fact, we can. We don’t have the advantage of the optimised airflow through a dog’s nose, but if we practice a bit – and get down to the level of a dog’s nose – we can effectively track a trail of chocolate aroma laid across a field.