¿Matar o no matar? | To kill or not to kill?

Por William R. Wynn | TULSA, OK

A principios de este mes, funcionarios de Oklahoma incluyendo el gobernador Kevin Stitt y el fiscal general Mike Hunter anunciaron que el estado ha localizado un suministro confiable de drogas para reanudar las ejecuciones por inyección letal y planea comenzar a matar a las 47 personas en el corredor de la muerte tan pronto como sea posible. Oklahoma no ha ejecutado a un preso desde enero de 2015, cuando una protesta internacional tras la segunda de dos ejecuciones fallidas, la primera de ellas ocurrida el año anterior, obligó a la entonces Gobernadora Mary Fallin a imponer una moratoria temporal de la pena capital en el estado Sooner.

Un gran jurado de 2016 recomendó actualizar los protocolos para el uso de una combinación de los medicamentos midazolam, bromuro de vecuronio y cloruro de potasio para llevar a cabo ejecuciones, y también sugirió que el estado persiga otros medios de pena capital, como la hipoxia de nitrógeno. Ninguna de las principales compañías farmacéuticas vende intencionalmente los medicamentos necesarios si van a ser utilizados para ejecuciones, lo que obligó a los funcionarios de Oklahoma a encontrar fuentes alternativas para crear el cóctel letal.

“Es importante que el estado esté implementando nuestra ley de pena de muerte con un procedimiento que sea humano y rápido para los condenados por los crímenes más atroces”, dijo el gobernador Stitt, y agregó que el fiscal general Hunter y el departamento de correcciones han comenzado los pasos necesarios para reanudar las ejecuciones porque “ha llegado el momento de entregar responsabilidad y justicia a las víctimas que han sufrido una pérdida y un dolor inimaginables”.

Mientras tanto, en la cámara de representantes de Oklahoma, un proyecto de ley está siendo discutido en la comisión que eliminaría la pena de muerte como una opción de sentencia en futuros juicios.

El proyecto de ley 2876 de la cámara de representantes propuesto por Jason Dunnington, un demócrata de Oklahoma City, no aboliría la pena de muerte para los 47 condenados a muerte, pero si se aprobara significaría el fin de las ejecuciones en casos futuros.

Dunnington dijo que la reforma es necesaria para eliminar toda posibilidad de ejecutar a una persona inocente y ahorrar al estado el alto costo asociado con la pena capital.

“Los habitantes de Oklahoma están cada vez más conscientes de los costos desperdiciados de la pena capital, un sistema que no disuade a la delincuencia mientras arroja millones por el desagüe que podría gastarse mejor en respuestas a la violencia que realmente funcionan”, dijo Dunnington.

En un comunicado de prensa emitido el mes pasado, Dunnington citó cuatro razones principales para deshacerse de la pena capital:

Por cada 10 reclusos ejecutados en el corredor de la muerte en los Estados Unidos desde 1976, un recluso ha sido exonerado; los costos del contribuyente por el encarcelamiento de los condenados a muerte son más del doble que los de los condenados a cadena perpetua; no hay evidencia de que el uso de la pena de muerte sea un elemento disuasorio efectivo; y las familias de las víctimas testifican habitualmente que ejecutar a los condenados ofrece poco consuelo para su dolor y pérdida.

Los opositores a la pena de muerte se reunieron en el edificio del capitolio estatal en apoyo del proyecto de ley de la Cámara 2876, pero no se espera que la medida tenga éxito en la legislatura abrumadoramente republicana.

Lo cierto es que, salvo imprevistos, Oklahoma se reincorporará a las filas de los estados que matan en algún momento de este año. (La Semana)

To kill or not to kill?

By William R. Wynn | TULSA, OK

Earlier this month, Oklahoma officials including Governor Kevin Stitt and Attorney General Mike Hunter announced that the state has located a reliable supply of drugs to resume executions by lethal injection and plans to begin killing the 47 people on death row as soon as possible. Oklahoma has not put an inmate to death since January of 2015, when an international outcry following the second of two botched executions – the first having occurred the year prior – forced then Governor Mary Fallin to impose a temporary moratorium on capital punishment in the Sooner State.

A 2016 grand jury recommended updating the protocols for using a combination of the drugs midazolam, vecuronium bromide, and potassium chloride to carry out executions, and also suggested the state pursue other means of capital punishment, such as nitrogen hypoxia. None of the major pharmaceutical companies intentionally sell the required drugs if they will be used for executions, which forced Oklahoma officials to find alternate sources to create the lethal cocktail.

“It is important that the state is implementing our death penalty law with a procedure that is humane and swift for those convicted of the most heinous of crimes,” Gov. Stitt said, adding that Attorney General Hunter and the Department of Corrections have begun the steps necessary to resume executions because, “the time has come to deliver accountability and justice to the victims who have suffered unthinkable loss and pain.”

But meanwhile, in the Oklahoma House of Representatives, a bill is being discussed in committee that would remove the death penalty as a sentencing option in future trials.

House Bill 2876 by Rep. Jason Dunnington, a Democrat from Oklahoma City, would not abolish the death penalty for the 47 death row inmates already convicted and sentenced, but if passed it would mean an end to executions in future cases.

Dunnington said the reform is needed to remove all chance of executing an innocent person and to save the state the high cost associated with capital punishment.

“Oklahomans are becoming more aware of the wasted costs of capital punishment, a system that provides no deterrent to crime while flushing millions down the drain that could be better spent on responses to violence that actually work,” Dunnington said.

In a press release issued last month, Dunnington cited four primary reasons for getting rid of capital punishment:

For every 10 inmates executed on death row in the US since 1976, one inmate has been exonerated; the tax payer costs for incarceration for death row inmates is more than twice that of inmates with life sentences; there is no evidence that use of the death penalty is an effective deterrent; and families of victims routinely testify that executing the convicted offers little consolation for their pain and loss.

Opponents of the death penalty gathered at the state capitol building in support of House Bill 2876, but the measure is not expected to succeed in the overwhelmingly Republican legislature.

What is certain is that, barring unforeseen developments, Oklahoma will rejoin the ranks of states that kill sometime later this year. (La Semana)