Los jóvenes no son inmunes frente a COVID-19 y pueden transitar la enfermedad con gravedad

Nuevos estudios revelan más información sobre las poblaciones que se consideraban más a salvo de atravesar complicaciones severas. En EEUU, el 38% de los pacientes que han tenido que ser hospitalizados por el virus fueron adultos menores de 55 años

El coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo ha provocado una pandemia con más de 9 millones de infecciones de la enfermedad, desde los primeros casos reportados en diciembre de 2019. SARS-CoV-2 es el miembro identificado más recientemente de los Betacoronavirus y se transmite a través de gotitas respiratorias altamente contagiosas.

El espectro clínico de COVID-19 varía desde enfermedad asintomática o síntomas leves del tracto respiratorio superior en la mayoría de los casos, hasta neumonía grave potencialmente mortal con síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) en hasta el 5% de los pacientes cuyos resultados de las pruebas fueron positivos para COVID-19.

Los estudios de cohortes han identificado la edad avanzada, el sexo masculino y las comorbilidades como la hipertensión, la diabetes y la obesidad como factores de riesgo que predisponen a enfermedades graves, indicaron los doctores Caspar I. van der Made; Annet Simons; Janneke Schuurs-Hoeijmakers de departamento de Genética Humana del Centro Médico de la Universidad Radboud, Nijmegen, Países Bajos.

No está claro -según ellos- en qué medida los factores genéticos específicos pueden explicar la predisposición de los individuos a desarrollar COVID-19 grave que requiere la admisión a la unidad de cuidados intensivos.

“El COVID-19 grave es inusual en pacientes más jóvenes sin afecciones médicas preexistentes”, indican. En los Países Bajos, los datos del 14 de mayo de 2020, publicados por el Instituto Nacional de Salud Pública (RIVM) mostraron que el 3.5% de pacientes hospitalizados con COVID-19 eran menores de edad. Para este grupo de edad, 6 de los 7 pacientes que murieron eran hombres. A pesar de estos pequeños números, también se ha descrito un exceso sesgado para hombre en las tasas de letalidad en varios estudios, que incluyeron pacientes menores de 35 años.

En hombres jóvenes gravemente afectados, y en particular en parejas de hermanos (que comparten la mitad de sus genomas, con una mayor probabilidad de identificar una enfermedad ligada al cromosoma X), podría estar presente un defecto genético único que podría indicar una predisposición genética a contraer infecciones por coronavirus. El propósito de esta serie de casos fue explorar si tales variantes genéticas podrían identificarse en pacientes con COVID-19 grave.

En una serie de casos que incluyó a 4 pacientes varones jóvenes con COVID-19 grave de 2 familias, se identificaron variantes raras de pérdida de función del TLR7 cromosómico X, con defectos inmunológicos en la producción de interferón tipo I y II. Estos hallazgos proporcionan información sobre la patogénesis de COVID-19.

Estos científicos, en esta pequeña muestra, determinaron, con alerta para continuar esta línea de investigación, sobre que “la enfermedad grave por coronavirus 2019 (COVID-19) puede ocurrir en pacientes más jóvenes, predominantemente masculinos, sin afecciones médicas preexistentes. Algunas personas pueden tener inmunodeficiencias primarias que predisponen a infecciones graves causadas por el coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV-2)”.

El paper vierte el análisis de los 4 pacientes varones tenían una edad media de 26 años, sin antecedentes de enfermedad crónica mayor. “Anteriormente estaban bien antes de desarrollar insuficiencia respiratoria debido a COVID-19 grave, que requiere ventilación mecánica en la UCI. La duración media del soporte ventilatorio fue de 10 días (rango, 9-11); la duración media de la estancia en la UCI fue de 13 días. Un paciente falleció. La secuenciación clínica rápida del exoma completo de los pacientes y la segregación en los miembros de la familia disponibles identificaron variantes de pérdida de función del TLR7 cromosómico X”. Estos hallazgos preliminares proporcionan información sobre la patogénesis de COVID-19.

“La idea de que COVID-19 no afecta a los jóvenes es simplemente falsa”, dijo el coautor de otro estudio coincidente, Lawrence C. Kleinman, profesor y vicepresidente de desarrollo académico y jefe de la División de Salud, Calidad e Implementación del Departamento de Pediatría en la Escuela de Medicina Rutgers Robert Wood Johnson.

El Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos desmitifica que solo los adultos mayores sufren alteraciones graves por el COVID-19 y revela que los adultos jóvenes padecen la enfermedad en igual proporción. Si bien los ancianos siguen siendo la población más afectada, en el país norteamericano por lo menos el 38% de los pacientes que han tenido que ser hospitalizados por el virus fueron adultos menores de 55 años.

Menores en riesgo
Cuando se han pasado ya los cuatro meses desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declarase la pandemia por COVID-19, el coronavirus aún sigue siendo sindicado como peligroso únicamente para las personas mayores. Pero la nueva realidad epidemiológica que se vislumbra este mes es la aparición de jóvenes atravesando la enfermedad en guarismos mayores a los pronosticados previamente.

Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias de España alertó de un marcado “rejuvenecimiento del paciente-tipo. La media de los diagnosticados ha bajado a 46,3 años en el caso de hombres y a 50,5 años en el de la de las mujeres. La infección en esos tramos de edad se tiende a superar mejor, hasta el punto en el que se maneja el dato de un 70% de asintomáticos”.

Las cifras, de leerse someramente, invitan a pensar que los adultos mayores podrían empezar a ser menos impactados, mientras que los adultos de mediana edad podrían enfrentar la enfermedad con medidas preventivas y sin caer en casos de riesgo. Sin embargo, esta lectura ha sido destrozada por las otras variables que indican que “enfocarse en la mortalidad es una visión equívoca del problema”. Los médicos que ahora tratan con recuperados han percibido que no se trata sólo del contagio y de superarlo, sino de las consecuencias que trae aparejadas el después: secuelas profundas y crónicas en la salud tanto física como mental.

Otro estudio advierte de cuándo se pone el centro en el 70% de asintomáticos, mientras se deja al margen a otro 30% que sufrirá síntomas del COVID-19, dentro de un rango que va de lo más leve a los que requieren ingreso en UCI y ventilación mecánica. Precisamente, un estudio publicado en el Journal of Adolescent Health, establece en un 33% para los chicos y un 30% para las chicas entre los 18 y 25 años la vulnerabilidad a sufrir un cuadro grave de la enfermedad, con riesgo de muerte.

Casi dos decenas de hospitales de Madrid se encuentran llevando investigaciones en torno a las secuelas de los pacientes jóvenes que atravesaron temporadas de recuperación en terapia intensiva por infección de COVID-19. Entre las mayores dificultades que pueden informar de manera preliminar se encuentran las dificultades para alimentarse producto de que tanto la enfermedad como los tratamientos producen alteraciones en el gusto y olfato, así como síntomas digestivos que conducen a una disminución de la ingesta, a la pérdida de peso y a la pérdida de la masa muscular. En un 50% de los casos, además, se ha reportado disfagia o dificultad para comer.

Para el infectólogo Lautaro de Vedia, ex presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), de ninguna manera se puede atribuir el adjetivo de invencibles a los más jóvenes: “No es verdad que son menos susceptibles, de hecho, la mayoría de los casos registrados corresponden a jóvenes adultos; es verdad que los casos de mortalidad son notablemente menos, pero no significa que no deban tomar todos los recaudos”.

En Argentina, de acuerdo a datos aportados por la cartera que comanda el ministro Ginés González García, hay una tasa de incidencia de 63% casos confirmados cada 100.000 habitantes. Del total de afectados, el 50,6% son hombres. El promedio de edad de los contagiados es de 36 años.

Coronavirus: Young people are not invincible to COVID-19 effects, warns WHO chief

Young people “are not invincible”, the World Health Organization (WHO) stressed on Thursday, warning of growing evidence that patients with mild COVID-19 can have long-term health issues.

“Evidence suggests that spikes in cases in some countries are being driven in part by younger people letting down their guard during the northern hemisphere summer,” WHO chief Tedros Adhanom Ghebreyesus said.

“We have said it before and we’ll say it again: young people are not invincible. Young people can be infected; young people can die; and young people can transmit the virus to others,” he added.

It comes after Dr Hans Kluge, WHO’s regional director for Europe, told Euronews more and more young Europeans were testing positive for COVID-19.

“We see from reports both nationally and sub-nationally that now the spike in cases in quite a number of countries is primarily in age cohorts between 20 and 39,” he said.

In several countries, including France and Germany, health experts have said that more young people are testing positive for the virus. Officials said that young people have been social distancing less often and have more contacts.

‘I have no fear’
Indeed many young Europeans contacted by Euronews have said that although some aspects of life are different, they are still seeing as many friends as they did before coronavirus.

“I think I see as many people as before, but maybe less often because of the decrease in the number of events. I prefer outdoor meetings to limit wearing a mask,” said Simon, a 33-year-old living in Lyon, France.

But he said his friends have stopped the French custom of greeting by kissing each other on the cheek.

Sarah, a 32-year-old who works for a non-profit foundation in Paris, said that she sees just as many people as before, and has since at least June when bars and restaurants reopened in France.

She said most people she knows aren’t concerned about the outbreak.

“I have no fear in terms of the virus because I’m in a young population, and not at risk. I don’t really frequent people who are at risk,” Sarah added.

“There comes a point where the desire to resume normal life is stronger than the fear of dying,” she added, explaining that people also wanted to start living again due to the economic crisis.

“I think I’m seeing as many people as before little by little,” said Vincent, a 34-year-old in Lyon. “I’m using preventive measures, wearing a mask when necessary, washing my hands and maintaining distancing when possible.”

Simon and Vincent agreed that they’re more worried about “transmitting” the virus to others rather than getting it themselves.

Sarah said that around people at risk, however, she pays close attention to distancing and using preventive measures. Otherwise, it’s just during “the rare times” that a friend is worried about the virus.

‘Why take the risk?’
But WHO stressed on Thursday that even a mild COVID-19 infection can result in long term health implications.

Dr Maria van Kerkhove, WHO’s COVID-19 technical lead, listed extreme fatigue, shortness of breath, and difficulty resuming normal activity as some of the longer-term effects people who had a mild infection can experience.

WHO’s executive director of health emergencies programme, Michael Ryan, also cited evidence of prolonged inflammatory changes to patients’ cardiovascular system.

He added that little is still known about the longer-term implications of the virus.

“Why take the chance? Why take the risk?” he asked. “Don’t take a risk that you cannot quantify.”

Both urged young people to wear masks, wash their hands regularly and avoid crowded places with van Kerkhove flagging that “we’re consistently seeing nightclubs as being amplifiers of transmissions”.

For Dr Kluge, the increase in the number of cases is largely “due to changed behaviour in human beings”.

He said health experts needed to change their messaging to young people.

“The key issue here is to tailor our risk communication to that group or segment of the population and getting away from younger people are less vulnerable,” Dr Kluge said.

“Blaming is the worst thing we can do,” Dr Kluge added, explaining that they need to convince young adults with positive messages.
By Lauren Chadwick & Isabelle Kumar