Tren Maya amenaza con alterar ambiente y comunidades en México / The Mayan Train threatens to alter the environment and communities in Mexico

Por Emilio Godoy | MÉXICO

El antropólogo maya Ezer May teme que la promoción turística y la construcción inmobiliaria que va a desa­tar el Tren Maya, el principal proyecto de infraestructura del presidente Andrés Manuel López Obrador en México, perturben su comunidad.

“Lo que pensamos es que el oriente del pueblo podría ser afectado. Lo que va a perjudicar más es cuando empiecen a construir el polo de desarrollo en torno a la estación de tren. Sabemos que va a haber impulso a la industria turística y otras empresas. Hay incertidumbre de lo que viene, muchos ejidatarios no saben qué pasa”, dijo May por teléfono a IPS desde su residencia en la localidad de Kimbilá.

Ese sitio, que significa “agua junto al árbol” y de unos 4000 habitantes, pertenece al municipio de Izamal, en el norte del estado de Yucatán, a unos 1350 kilómetros al sureste de Ciudad de México. Esa circunscripción contará con una estación del Tren Maya, aunque aún se desconoce su tamaño y ejemplifica los temores, y también las esperanzas, entre las comunidades involucradas.

En Kimbilá, a 10 kilómetros de Izamal, viven 560 ejidatarios –adjudicatarios de tierra pública entregada a una comunidad para su explotación–, que poseen unas 5000 hectáreas y cuya población local se dedica al cultivo de maíz y hortalizas, la cría de pequeña ganadería y el cultivo de miel.

El gubernamental Fondo Nacional del Turismo (Fonatur) es el promotor de la obra, que tendrá un costo de entre 6200 y 7800 millones de dólares y cuya construcción arrancó en mayo.

El plan es que el Tren Maya empiece a operar en 2022, con 19 estaciones y 12 paraderos a lo largo de unos 1400 kilómetros, que se sumarán a los casi 27 000 kilómetros de vías ferroviarias en la segunda economía latinoamericana, con unos 129 millones de habitantes.

Pasará por 78 municipios de los estados del sur y el sureste del país: Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Tabasco y Yucatán, los tres primeros en la Península de Yucatán, con uno de los ecosistemas mexicanos más importantes y frágiles, y que en total acogen 11, 1 millones de habitantes.

y Sus locomotoras funcionarán con diésel y se proyecta que trasladen diariamente a unos 50 000 pasajeros en 2023, hasta alcanzar 221 000 en 2053, además de carga, como soja transgénica, aceite de palma y carne de cerdo, grandes actividades agropecuarias en la región.

El gobierno mexicano promociona el megaproyecto como motor de desarrollo social, al crear empleos, impulsar el turismo más allá de los imanes tradicionales de visitantes y dinamizar la economía regional, lo cual ha desatado controversia entre sus simpatizantes y sus críticos, la ingeniería social que caracteriza el impulso a este tipo de obras.

El megaproyecto suma la edificación de polos de desarrollo en las estaciones y que incluyen negocios, agua potable, drenajes, electricidad y equipamiento urbano, y que, según la propia Secretaría (ministerio) de Medio Ambiente, representan la mayor amenaza ambiental del tendido ferroviario.

ONU Hábitat, que ofrece asesoría técnica en el ordenamiento territorial del proyecto, considera que el Tren Maya creará un millón de empleos en 2030 y sacará a 1,1 millones de personas de la pobreza, en una zona con 42 municipios con altos índices de pobreza.

La región se ha convertido en la nueva frontera energética del país, con la construcción de parques eólicos y solares, y escenario de actividades agroindustriales, como la siembra de soja transgénica y la instalación de grandes granjas porcícolas. Paralelamente, padece altos niveles de deforestación, fomentada por la extracción maderera y la agroindustria.

La propia evaluación de impacto ambiental y varios estudios científicos independientes alertan de los daños ecológicos del Tren, que el gobierno mexicano no parece dispuesto a atender. (IPS)

The Mayan Train threatens to alter the environment and communities in Mexico

By Emilio Godoy | MÉXICO

Mayan anthropologist Ezer May fears that the tourism development and real estate construction boom that will be unleashed by the Mayan Train, the main infrastructure project of Mexican President Andrés Manuel López Obrador, will disrupt his community.

“What we think is that the east of the town could be affected,” May told IPS by phone from his hometown of Kimbilá.

“The most negative impact will come when they start building the development hub around the train station,” he said. “We know that the tourism industry and other businesses will receive a boost. There is uncertainty about what is to come; many ejidatarios [members of an ejido, public land held in common by the inhabitants of a village and farmed cooperatively or individually] don’t know what’s happening.”

This town of 4,000 people, whose name means “water by the tree”, is in the municipality of Izamal in the northern part of the state of Yucatan, about 1,350 km southeast of Mexico City. The district will have a Mayan Train station, although its size is not yet known, and the prospect awakens fears as well as hope among the communities involved.

In Kimbilá, 10 km from the city of Izamal, there are 560 ejidatarios who own some 5,000 hectares of land where they grow corn and vegetables, raise small livestock and produce honey.

“These ejido lands are going to be in the sights of tourism and real estate companies, real estate speculation and everything else that urban development implies. We will see the same old dispossession and asymmetrical agreements and contracts for buying up land at extremely low prices; we’ll see unequal treatment,” said May.

The government’s National Tourism Fund (Fonatur) is promoting the project, which is to cost between 6.2 and 7.8 billion dollars. Construction began in May.

The plan is for the Mayan Train to begin operating in 2022, with 19 stations and 12 other stops along some 1,400 km of track, which will be added to the nearly 27,000 km of railways in Mexico, Latin America’s second largest economy, population 129 million.

It will run through 78 municipalities in the southern and southeastern states of the country: Campeche, Quintana Roo, Yucatan, Chiapas and Tabasco, the first three of which are in the Yucatan Peninsula, which has one of the most important and fragile ecosystems in Mexico and is home to 11.1 million people.

Its locomotives will run on diesel and the trains are projected to carry about 50,000 passengers daily by 2023, reaching 221,000 by 2053, in addition to cargo such as transgenic soybeans, palm oil and pork, which are major agricultural products in the region.

The Mexican government is promoting the megaproject as an engine for social development that will create jobs, boost tourism beyond the traditional attractions and energize the regional economy.

But it has unleashed controversy between those who back the administration’s propaganda and those who question the railway because of its potential environmental, social and cultural impacts, as well as the risk of fueling illegal activities, such as human trafficking and drug smuggling.

The megaproject involves the construction of development hubs in the stations, which include businesses, drinking water, drainage, electricity and urban infrastructure, and which, according to the ministry of the environment itself, represent the greatest environmental threat posed by the railway.

U.N. Habitat, which offers technical advice on the project’s land-use planning aspects, estimates that the Mayan Train will create one million jobs by 2030 and lift 1.1 million people out of poverty, in an area that includes 42 municipalities with high poverty rates.

The region has become the country’s new energy frontier, with the construction of wind and solar parks, and agribusiness production such as transgenic soy and large pig farms. At the same time, it suffers from high levels of deforestation, fueled by lumber extraction and agro-industry.

The environmental impact assessment itself and several independent scientific studies warn of the ecological damage that would be caused by the railway, which experts say the Mexican government does not seem willing to address. (IPS)