Tiempo de Churros / It’s Churro time

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Rogelio Cataño

Tulsa, OK- Cuenta la leyenda que allí por los albores del siglo XIX en medio de la trifulca de la independencia argentina las vendedoras ambulantes de la ciudad de Buenos Aires ya vendían churros para calmar la ansiedad. No hay argentino vivo – ni nadie de Latinoamérica – que no haya comido este producto nacional, importada de España, que se usa para combatir días de frio, de sol de lluvia y de antojos; y es una explosión en la boca: masa dulce, frita, crocante, rellena de dulce de leche; literalmente una bomba que hoy también se puede degustar en Tulsa.

En Churro Time se encargan de darnos los mejores churros del mundo, porque su dueño, Rogelio Cataño exporta la franquicia de la churrería a nivel internacional y ahora sueña con abrir más de 50 locales en las inmediaciones del área metropolitana de nuestra ciudad. 

Cataño se topó con los churros por casualidad, siguiendo una receta familiar que lo llevó a la cima.  “En 1985 me fui a vivir a Chihuahua donde mi mamá y mi hermana me dejaron una cafetería, y para vender algo distinto le pedí la receta de los churros a un tío que había tenido panadería”, explicó Cataño. Pero como en la vida, los comienzos son difíciles y los churros no salían como debían. “A veces el producto quedaba bien otras más o menos, por eso abrí la mente y pedí asesoría con expertos”, agregó. Rogelio se acercó a científicos de la industria alimenticia de la universidad de México y perfeccionó la harina para sus churros.

A partir de allí no hubo nadie que lo detuviera. “Cuando pasé de vender 100 churros por día a 1000 me vine para Estados Unidos”. Aquí, tiene una distribuidora mundial de churros y puestos concentrados mayormente en el Sur de Estados Unidos, Arizona, Nuevo México y Texas, y Cataño ofrece sus franquicias por $25.000 dólares. “La rentabilidad es de casi 80%, el producto es de calidad mundial y dura muchísimos años permitiendo que el negocio le quede a toda la familia”, comentó.

Su empresa ha comercializado churrerías en 3 continentes, Asia, Centro América y América del Norte, vendiendo en total unos $30 millones al año en churros.  “Es un negocio en el que todo el mundo vive bien, gana bien, y tiene sus empelados muy contentos”, explicó.

En breve Cataño hará su último proyecto realidad, construir 50 puntos de difusión de churros en Tulsa y alrededores y trasladar aquí las oficinas generales de su empresa.

Para Cataño los churros lo son todo, “La clave de nuestro éxito es que tenemos una especialidad y de ahí no nos movemos”. Por eso invita a todos los vecinos de la ciudad a degustar la nueva exquisitez y a probar si desean tener un negocio que da dinero asegurado, porque una vez que se prueba un churro, no se puede parar de comerlos. (La Semana)

It’s Churro time

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Rogelio Cataño

The story goes that by the beginning of the 19th century, while Argentina started its independence squabbles, women sold churros on the streets of Buenos Aires to encourage the soldiers and give them comfort. Probably there is no Argentinian alive – nor anyone from Latin America – who hasn’t eaten this pastry delicacy that was once imported from Spain and that seems a whim every day of the year, when it rains, when it shines, whenever you feel like it. Besides, eating a churro is like having an explosion in your mouth, an explosion of the senses:  a crunchy dough completely fried, filled with dulce de leche and sometimes covered in chocolate, an exquisiteness that today you can also enjoy in Tulsa.

Rogelio Cataño is the owner of Churro Time and today he offers the best churros from the USA to the rest of the world by selling churro franchises to every corner of the planet. Now, he is planning on opening more than 50 churro stores in the Metropolitan Area of Tulsa, hoping that Tulsans learn to love churros.

He started the business by following a family recipe and now he is at the peak of his career selling churros to every soul.

“In 1985 I went to Chihuahua where my mom and sister gave me a coffee shop,” Cataño explained. “I wanted to sell something different, so I asked one of my uncles who used to own a bakery for his churro recipe.”

As in life, beginnings are messy and the churros did not come out as they should. “Sometimes the product was not great, so I decided to open up my mind and ask for help,” he recalled.

Cataño asked for advice from nutrition experts at the University of Mexico and perfected the flour for the crunchiest churros.

From that day his career made a meteoric rise.

“When I moved from selling a hundred to a thousand churros per day I decided to come to the US,” he said.

In America Cataño owns a chain of churro shops — he sells mostly in the south, Arizona, Texas and New Mexico, and he offers franchises throughout the world for only $25,000.

“You have almost 80% rentability, a high quality business with a great product and equipment that lasts forever so that your family can even inherit the business one day,” he boasted.

His company has sold churrerias in 3 different continents, North America, Central America and Asia, with a revenue of more than $30 million a year worldwide.

“It’s a great business all around the world,” he explained. “You make money, and your employees are truly happy.”

Cataño is hoping to make his new project a confirmed truth, opening 50 churrerias in Tulsa and relocating the central offices of his company to the area.

For the entrepreneur, churros are a true passion. “The key to our success is that we have a specialty and we do not change it,” he insists.

That is why he invites all Tulsans to taste churros and to consider opening a business that provides safe money, because once you try a churro, you cannot stop eating them. (La Semana)