México quiere beber agua del mar, pero tiene costos ambientales / Making Seawater Potable in Mexico Has High Costs and Environmental Impacts

Por Emilio Godoy | MÉXICO

México busca mitigar el déficit hídrico en parte de su extenso territorio recurriendo al agua del mar, mediante la ampliación de sus plantas desaladoras, pero se trata de una solución con un costo exorbitante e impactos ambientales nada desdeñables.

Entre 2012 y 2020, las autoridades ambientales autorizaron al menos 120 instalaciones desaladoras, rechazaron seis solicitudes y otras cinco están en evaluación, según datos obtenidos por IPS mediante solicitudes de información pública. La mayoría de los nuevos proyectos se localiza en tres estados con aguda escasez del recurso: los noroccidentales Baja California y Baja California Sur, y el suroriental Quintana Roo.

Las técnicas básicas de desalinizar consisten en la destilación térmica, en la cual el agua de mar se calienta hasta su evaporación, el vapor se condensa para formar agua dulce y el líquido sobrante se desecha como salmuera concentrada.

En una ósmosis inversa, el agua es filtrada y luego bombeada a muy alta presión a través de membranas muy finas que solo dejan pasar el líquido y retienen la sal.

En 2019, el estudio “El estado de la desalinización y la producción de salmuera: una perspectiva global”, elaborado por el Instituto para el Agua, Medio Ambiente y Salud de la Universidad de las Naciones Unidas, con base en Canadá, alertó de la creciente generación de salmuera y sus serios efectos sobre el ambiente. Su extracción, calculó, acumuló en ese año a nivel mundial un total de 142 millones de metros cúbicos (m3) del residuo.

En el mundo hay 18 214 plantas de desalinización, que poseen una capacidad instalada de 89 millones de m3 diarios y atienden a más de 300 millones de personas, según los últimos datos de la Asociación Internacional de Desalación. Por cada litro de agua purificado, se obtiene otro de salmuera.

Esas obras pertenecen a una tendencia de introducción de esa tecnología en zonas que enfrentan la amenaza de estrés hídrico o escasez del líquido.
México, la segunda economía latinoamericana, tiene una superficie de 1,96 millones de kilómetros cuadrados, de los cuales 67 por ciento es árido y semiárido y 33 por ciento húmedo.

El país, con 129 millones de habitantes, enfrenta una situación hídrica dispar, según define Conagua, pues el recurso escasea en el norte y abunda en el sur.

De cada 100 litros de lluvia, 72 retornan a la atmósfera por evotranspiración, 22 escurren por ríos y arroyos, y seis alimentan 653 acuíferos, de los cuales 108 estaban sobreexplotados, 32 tenían suelos salinos o agua salobre y 18, infiltración de agua salada marina, por la subida del nivel del mar y su invasión de los mantos freáticos.

Si bien México registraba en 2017 un grado de presión nacional hídrico bajo –19,5 por ciento–, su riesgo de estrés hídrico es alto, según la plataforma Aqueduct, elaborada por la Alianza Aqueduct, formada por gobiernos, empresas y fundaciones.

De hecho, México es el segundo país de América en estrés hídrico, detrás de Chile. Desde el centro al norte del país se puede padecer ese fenómeno en 2040.

Mientras, la esquina noroccidental presenta riesgo medio-alto de empobrecimiento de acuíferos y prácticamente todo el golfo de México y el mar Caribe, riesgo medio-alto de sequía, precisamente las sedes de la mayoría de plantas desaladoras. (IPS)

Proyección de planta desalinizadora de Los Cabos, cuya construcción quedó definitivamente aprobada en octubre de 2020. Tendrá capacidad para potabilizar 250 litros por segundo y su costo sobrepasará los 55 millones de dólares, según datos de la gobernación del estado de Baja California Sur. Imagen: Gobernación BCS

Making Seawater Potable in Mexico Has High Costs and Environmental Impacts

Por Emilio Godoy | MÉXICO

MEXICO CITY- Mexico is seeking to mitigate water shortages in part of its extensive territory by resorting to seawater, through the expansion of desalination plants. But this solution has exorbitant costs and significant environmental impacts.

Between 2012 and 2020, environmental authorities authorised at least 120 desalination facilities, rejected six applications and another five are under evaluation, according to data obtained by IPS through public information requests. Most of the new projects are located in three states with acute water shortages: the northwestern states of Baja California and Baja California Sur, and the southeastern state of Quintana Roo.

However, in Mexico, where more than 400 such plants operate, there has been no research on their ecological effects, as corroborated by IPS, with the exception of the study “Desalination of water”, published in 2000 by the government’s Mexican Water Institute.

One basic desalination technique is thermal distillation, in which seawater is heated until it evaporates, the vapor condenses to form freshwater, and the remaining liquid is discarded as concentrated brine.

Another is reverse osmosis, in which water is filtered and then pumped at high pressure through thin membranes that only allow the liquid to pass through and retain the salt.

In 2019, the study “The State of Desalination and Brine Production: A Global Outlook”, produced by the United Nations University Institute for Water, Environment and Health, based in Ontario, Canada, warned of the growing generation of brine and its serious effects on the environment. The process of extracting brine, it estimated, accumulated a total of 142 million cubic metres (m3) of waste worldwide that year.

There are 18,214 desalination plants around the world, with an installed capacity of 89 million m3 per day, serving more than 300 million people, according to the latest data from the International Desalination Association. For every litre of water desalinated, a litre of brine is produced.

These plants are part of a trend towards the introduction of this technology in areas facing the threat of water stress or scarcity.

Mexico, Latin America’s second largest economy, has an area of 1.96 million square kilometres, 67 percent of which is arid and semi-arid land.

According to CONAGUA, water availability varies widely in this country of 129 million people, as it is scarce in the north and abundant in the south.

Of every 100 litres of rainfall, 72 return to the atmosphere through evapotranspiration, 22 run off into rivers and streams, and six feed 653 aquifers, of which 108 were overexploited, 32 had saline soils or brackish water, and 18 had seawater infiltration due to rising sea levels and seepage into the water table.

Although Mexico had a low national water stress level in 2017 – 19.5 percent – its risk of water stress is high, according to the Aqueduct platform, developed by the Aqueduct Alliance, made up of governments, companies and foundations.

In fact, Mexico is the second most water-stressed country in the Americas, after Chile. Water stress could be a problem by 2040 from the centre to the north of the country.

Meanwhile, the extreme northwest presents a medium-high risk of aquifer depletion and practically the entire Gulf of Mexico and the Caribbean Sea present a medium-high risk of drought, precisely where most of the desalination plants are located. (IPS)