Una Argentina a aulas cerradas | Argentina: a country with closed classrooms

Análisis por Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Mientras la mayoría de los estados americanos reabrió sus escuelas este 2021, y aquí mismo, en Tulsa el único re­quisito para ir a clases es el uso de máscaras, en ciertos países del mundo como la Argentina el derecho a la educación se tiñe de política y los niños siguen fuera de las aulas desde hace más de un año.

Durante todo el 2020 los niños argentinos no acudieron a la escuela, la educación “supuestamente” se impartió en modo virtual, utilizo el supuestamente porque en un país del tercer mundo la brecha tecnológica dejó a cientos de miles sin ningún tipo de contacto con la escolarización en el pasado año. Pero este no es el único problema, en un país con un índice de pobreza que ronda el 42% y más de 7 millones de niños con hambre, las escuelas no son únicamente el lugar de las oportunidades, sino también donde se come ese plato que en casa, escasea.

El gobierno nacional nunca hizo un mea culpa por haber cancelado las clases prematuramente y sin sustancia científica entre marzo del 2020 y marzo del 2021, y ahora, en medio de la segunda ola de Covid, y con 600 muertos por día, volvió a dejar a los chicos como entes anexos de la pandemia, intrínsecamente afectados. Hace un mes que volvimos a la virtualidad, sólo hubo un mes de presencialidad y no fue en todas las escuelas del país. La ciudad de Buenos Aires, batalló el decreto nacional en la justicia y consiguió un amparo que le permitió volver a clases en el día de ayer, igual que varias provincias como Mendoza y Córdoba. En el resto del país, la educacion se convirtió meramente en una moneda de cambio política. Acatar el decreto implica tener el favor del presidente, lo que suma recursos para las provincias que siguen mamando de la teta del estado central a merced de su sumisión, lo que parece más importante que el futuro de toda una nación.

La cancelación de clases viene acompañada de dos cuestiones, por un lado la impotencia de un estado populista para imponerse sobre los sindicatos, en este caso el de los docentes. En Argentina el sindicacto de docentes es combativo, clasista y totalitario, aún perteneciendo a una escuela privada hay que aportar al sindicato. Los sindicatos dijeron que hasta que las condiciones no estuvieran dadas no volverían a las aulas, y por eso pararon, lo que dejó todo el mes de abril a muchos chicos sin clases, aún cuando las escuelas estaban abiertas. La segunda cuestión es meramente presupuestaria; sabemos que no se paga la docencia como corresponde y que Argentina no ha invertido en educación durante los últimos 50 años, no obstante, si la educación es un derecho, al igual que la salud, los docentes deberían de estar sobre produciendo, no arguyendo que hasta que no mejoren las escuelas, y hasta que no estén vacunados mejor no educar de modo presencial.

Y si esto fuera realmente así, y les diésemos la razón, porque los docentes también merecen ser cuidados, la pregunta que surge es: ¿Qué culpa tienen los chicos cuyos padres pagan escuelas privadas para reemplazar todo eso que el estado no provee y las condiciones sí estan dadas? ¿Por qué NADIE puede ir a la escuela?

Necesitamos reabrir las escuelas para que nuestros hijos recuperen su infancia y no sigan siendo adoctrinados por decretos basados en el temor, el desconcierto y la inconstancia, la educación es un derecho que merece ser reconocido y la Argentina necesita que se lo recuerden. (La Semana)

Argentina: a country with closed classrooms

Analysis by Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

While the majority of the American states opened the schools at the end of 2020 or the beginning of 2021, and here in Tulsa, the only requisite to attend in-person classes is the use of the mask, in other countries like Argentina, the right to education gets mixed with politics and schools have been in lockdown for more than a year.

During 2020 Argentinean kids learned virtually, or at least they were supposed to, because in this third world country the existent technological gap left thousands without contact with their teachers. Not receiving proper education is one of the problems of the pandemic, the second one is poverty. In a country where more than 42% of people are poor and 7 million children go to bed hungry every day, schools are not only a place to learn but also to eat meals that are scarce at home.

The national government of Argentina never admitted it was a mistake to close schools so prematurely back in 2020, and with no real scientific support has left children with no education between March 2020 and March 2021. Now, in the midst of the second wave of Covid 19, with more than 600 daily deaths, children are back at home, neglected by politics, affected by its schemes. A month ago, classes got canceled once again, back to school lasted only 25 days and in some places it wasn’t even possible. The city of Buenos Aires fought the national government with the power of the law and was able to repel the federal order that forced national lockdown, as did Mendoza and Cordoba. In the rest of the country education became merely a political exchange currency. Accepting the decree of the federal government implies gaining the favor of the President, something essential for the provinces that keep on bowing their heads in exchange for resources, a strategy that seems more pressing than the future of the nation.

The school lockdown comes with extra spice; it is the cause of the impossibility of the state to impose its will over the teacher’s union. In Argentina this union is leftist, totalitarian and combative. Even if you work for a private school part of your salary goes to the union — there no choice at all. Unions decided at the beginning of the year that back to school was not possible, and until all the teachers were vaccinated and the schools in a safe condition, they would go on strike. And so, they did, neglecting the children in the public schools’ districts. Schools were open but useless.

The problem then, seems budgetary. We know that teachers aren’t paid enough, that Argentina hasn’t invested heavily in the sector for the last 50 years. Still, education is a right, and just like health care, it should be provided. If this were true, teachers should be fighting out there in the school trenches, not staying at home, using the pandemic to gain benefits. And if we stood in their shoes, because teachers should be taken care of, should get vaccinations first and better wages, then why should all the schools be in lockdown, even the private ones who actually reunite all the requirements to respect protocols and avoid contagium? Why do all children have to stay at home when parents are paying for services the state does not provide?

We need our schools open so that our children can get their infancy back and fight the indoctrination of a state that rules through fear, inconstancy and corruption. Education is a right that deserves to be acknowledged and Argentina needs more reminders. (La Semana)