Amor más allá de la muerte: Liam Neeson llora a su mujer cada día desde hace 13 años

Cuando en 2003, Liam Neeson interpretó en Love Actually al viudo con el corazón destrozado que enmascara su duelo acompañando las desventuras sentimentales de su hijastro preadolescente, no imaginaba que solo seis años más tarde él mismo perdería al amor de su vida y quedaría a cargo de su dos hijos de doce y trece años.

Pero a diferencia de Daniel –ese personaje irremediablemente triste con el que nos reencontramos cada vez que se acerca la Navidad y los canales y plataformas reponen la comedia romántica de Richard Curtis–, el actor nacido en Irlanda en 1952 no tuvo tiempo de prepararse para la tragedia.

El 16 de marzo de 2009 estaba en Toronto por el rodaje del thriller erótico Chloé, junto a Julianne Moore, cuando recibió la llamada de quien era su mujer desde hacía 15 años, Natasha Richardson.

La hija mayor de la legendaria actriz británica Vanessa Redgrave también había viajado a Canadá, aunque en plan de descanso, para pasar unos días en el resort de ski Mont Tremblant de Québec con el primogénito de la pareja, Micheál. Esa mañana había tomado una clase para principiantes en la que sufrió una caída que obligó al instructor a llamar a los paramédicos: un golpe seco de la cabeza contra la nieve dura. Pero la ganadora del Tony por su rol de Sally Bowles en Cabaret insistió en que se sentía bien y hasta firmó un documento en el que rechazó la asistencia médica. Apenas permitió que la escoltaran hasta su cuarto del hotel Quintessence.

Desde allí habló por última vez con su marido: “Ay, querido, ¡no sabés el revolcón que me di en la nieve!”. En ese momento, “no tenía idea de lo que le pasaba”, contó hace algunos años el protagonista de La lista de Schindler en una entrevista con CBS.

Richardson estaba atravesando lo que se conoce como “intervalo de lucidez”, el período en el que alguien con un trauma cerebral parece estar bien mientras se forman los hematomas que aumentan la presión dentro del cráneo. La atención que en ese lapso puede ser crucial, en el caso de Natasha recién llegó tres horas después, cuando se quejó de un fuerte dolor de cabeza y comenzó a mostrar signos de confusión. Sólo entonces una ambulancia la trasladó hasta el hospital local.

“Me llamó mi asistente y me dijo que fuera urgente, y me subí de inmediato a un avión. Durante el vuelo le avisaron al piloto que cambiara el destino por Montreal, porque la estaban derivando ahí, a un hospital más grande”, recordó Neeson, que conoció a la madre de sus hijos en 1993 en la obra de teatro Anna Christie en Broadway, la escena en la que Richardson –que acababa de separarse del productor Robert Fox– más se destacó.

“Nunca había sentido esa química explosiva con una actriz ni un actor. Éramos como Ginger Rogers y Fred Astaire, bailábamos de una manera maravillosa y libre todas las noches”, dijo en el mismo reportaje de CBS. Se casaron al año siguiente en la chacra que compraron en Millbrook, New York, y en la que todavía vive el yerno de Redgrave. Micheál nació en 1995, Daniel, en 1996.

Habían pasado solo dos años de la muerte de Richardson cuando un Neeson en carne viva narró a Esquire entre lágrimas su llegada al hospital de Montreal, al que describió como “enorme, vidrioso, oscuro, dickensiano”.

Durante los 18 meses previos, había aceptado y cancelado en varias oportunidades la nota con el periodista Tom Chiarella, que escribe que durante la charla el actor tomó más de una botella de Pinot Noir. Más adelante, Neeson –que en los años ochenta fue pareja de Helen Mirren– admitiría ante GQ que el alcohol fue un refugio durante los primeros tiempos sin su mujer: “Dejé de tomar porque me di cuenta que era demasiado. Empezó cuando murió Tasha. Nunca en el trabajo… pero era fácil a la noche tomar dos o tres botellas de Pinot y creer que estaba todo bajo control”.

Fue una enfermera la que lo reconoció mientras deambulaba desesperado buscando a su esposa en los pasillos de aquel hospital de Montreal. “Me dijo dónde estaba y me encontré con un doctor de no más de 18 años que me informó lo peor. Me mostró la radiografía de su cráneo aplastado. Yo sabía lo que significaba eso”, dijo.

Y recordó el pacto que habían hecho exactamente diez años antes, cuando otro accidente los puso en la situación inversa. Richardson filmaba en Canadá, y él chocó su moto contra un venado. Voló a verlo al hospital de Lenox Hill, donde lo internaron, y al llegar, le dijeron que no pasaría la noche. Aquella vez, todo resultó bien, pero se prometieron que si alguno volvía a estar en una situación de vida o muerte y no había nada que hacer, “desenchufarían las máquinas”.

“Entonces fui y le dije que la amaba –confió Neeson en el programa 60 Minutes–. Le dije, ‘Mi amor, no vas a salir de esta. Te partiste la cabeza. No sé si me escuchás, pero eso es lo que pasó. Así que te vamos a llevar a Nueva York. Y van a venir toda tu familia y amigos.’ Y eso fue más o menos todo”. Al actor le tocaba ahora viajar desde Canadá hasta el Lenox Hill de Manhattan junto a su mujer en estado irreversible.

Sus hijos, su madre, su hermana Joely Richardson y sus íntimos, pasarían junto a ellos las últimas horas en el hospital del Upper East Side neoyorquino. Natasha murió a los 45 años el 18 de marzo de 2009 y, después de que algunos de sus órganos fueron donados, fue enterrada en Lithgow junto a su abuela –la también actriz Rachel Kempson–, muy cerca de la chacra familiar de Millbrook.

“Creo que sobreviví escapándome al trabajo. Sé cuántos años tengo y que estoy a una lesión en el hombro de perder papeles como el de Búsqueda Implacable (Taken). Así que me quedo con el entrenamiento, me quedo con el trabajo. Eso es lo extraño del dolor: no te permite prepararte. Creés que vas a llorar y terminar de una vez. Hacés planes, pero nunca funcionan”, le dijo Esquire.

El desconsuelo de Neeson en el funeral de Natasha
Neeson’s heartbreak at Natasha’s funeral (REUTERS

El efecto, tal vez el efecto de la saga creada por Luc Besson que –un año antes de la inesperada muerte de Richardson– convirtió a Neeson en un héroe de acción que enfrenta a la mafia de la trata para salvar a su hija, fue una de sus grandes motivaciones en medio del dolor más profundo. El fenómeno del personaje de Bryan Mills, un papel para el que el actor le pidió especialmente a Besson ser considerado, pese a no dar el tipo ni la edad –ya había pasado los 50– habituales para ese tipo de thrillers, lo puso en el ranking de los mejor pagos de Hollywood y le dio la oportunidad de dar en la ficción la pelea que no podía dar en la vida: el de vengarse y ajusticiar la muerte de quienes ama.

En En Venganza bajo cero (2019), una de sus últimas películas, la expiación es en familia, y a los tiros. En el film, Neeson comparte cartel con su propio hijo Micheál Richardson –que se cambió el apellido para homenajear a su madre–, y debe, cómo no, tomar revancha por su muerte. Volvieron a actuar juntos en la comedia Made in Italy (2020), donde otra vez son padre e hijo, y la manera de procesar el duelo es menos sutil: su esposa murió.

Ser un padre soltero no siempre fue fácil, y Micheál tuvo algunos problemas de adicciones, que superó. “Están aprendiendo, haciendo flexiones, y a veces toman avenidas peligrosas y pienso: ‘Carajo, si Tasha estuviera acá, podría compartir esto’. Pero estamos bien. Las drogas son una preocupación para todos los padres. Son como un virus –dijo a GQ cuando los chicos todavía iban al colegio–. Un adolescente prueba y de pronto queda atrapado, y eso cambia su vida y la de su familia para siempre. Confío en ellos y son chicos sensibles, pero hay veces en que la química no funciona”.

En otra charla más reciente le agradeció a su amigo Bono: “Pudo haber sido mucho peor, pudo haber sido un infierno. Pero me acuerdo que él venía mucho a casa después del accidente y, una vez, de la nada, le pregunta a Micheál, ‘¿Vos cuántos años tenés?’. Y él contesta: ‘Trece’. Y Bono le dice, ‘Ah, justo la edad que tenía yo cuando perdí a mi mamá’. Y yo casi lo beso. Porque era como decirle: ‘Mirá, yo también pasé por lo mismo cuando era como vos y estoy bien, vos vas a estar bien también’.

Él también está bien, a su manera. Volvió a filmar pocos días después de la muerte de Natasha y nunca más paró. A los 69, se pondrá de nuevo en la piel de un héroe en The Ice Road, que Netflix estrenará este viernes. Desde que Micheál y Daniel se fueron Millbrook para estudiar, pasa bastante tiempo solo, pero se mantiene sobrio.

Aunque en estos trece años los medios lo relacionaron ocasionalmente con algunas mujeres, él dice que no le interesa volver a enamorarse: “No estoy a la caza, prefiero guardarme para mí”.

Cuando no está afuera por algún rodaje, visita dos veces por semana la tumba de su esposa. “No sé si creo en la vida después de la muerte –confiesa–, pero me gusta sentarme y hablarle. Me hace bien”.
Por Mercedes Funes | Infobae

Love beyond death: Liam Neeson cries and remembers his wife every day for 13 years

When in 2003, Liam Neeson interpreted in Love Actually to the heartbroken widower who masks his grief by accompanying the sentimental misadventures of his pre-adolescent stepson, he did not imagine that only six years later he himself she would lose the love of her life and would be left in charge of her two sons, twelve and thirteen years old.

But unlike Daniel – that hopelessly sad character with whom we meet every time Christmas approaches and the channels and platforms revive Richard Curtis’ romantic comedy – the actor born in Ireland in 1952 he had no time to prepare for the tragedy.

On March 16, 2009 I was in Toronto for the filming of the erotic thriller Chloé, next to Julianne Moore, when he received the call from who his wife had been for 15 years, Natasha Richardson.

The eldest daughter of the legendary British actress Vanessa Redgrave He had also traveled to Canada, albeit on a rest plan, to spend a few days at the Mont Tremblant ski resort in Québec with the couple’s firstborn, Micheál. That morning he had taken a beginners class in which he suffered a fall that forced the instructor to call paramedics: a thud of the head against the hard snow. But the Tony winner for her role as Sally Bowles in Cabaret He insisted that he felt fine and even signed a document in which he refused medical assistance. She barely allowed herself to be escorted to her room at the Quintessence Hotel.

From there she spoke for the last time with her husband: “Oh dear, you don’t know what a roll I had in the snow!” At that time, “I had no idea what was happening to him,” said the protagonist of Schindler’s List in an interview with CBS.

Richardson was going through what is known as the “lucidity interval,” the period when someone with a brain trauma appears to be fine as pressure-increasing bruises form within the skull. The care that in this period can be crucial, in Natasha’s case only came three hours later, when she complained of a severe headache and began to show signs of confusion. Only then did an ambulance transport her to the local hospital.

“My assistant called me and told me to be urgent, and I immediately got on a plane. During the flight they told the pilot to change his destination to Montreal, because they were referring her there, to a larger hospital, ”recalled Neeson, who met the mother of his children in 1993 in the play Anna Christie on Broadway, the scene in which Richardson – who had just split from producer Robert Fox – stood out the most.

“I have never felt such explosive chemistry with an actress or an actor. We were like Ginger Rogers and Fred Astaire, we danced in a wonderful and free way every night ”, he said in the same CBS report. They were married the following year on the farm they bought in Millbrook, New York, and where Redgrave’s son-in-law still lives. Micheál was born in 1995, Daniel, in 1996.

It was only two years after Richardson’s death when a raw Neeson narrated to Esquire through tears his arrival at the Montreal hospital, which he described as “huge, glassy, ​​dark, Dickensian.”

Tras la muerte de Natasha, Liam quedó a cargo de los dos hijos del matrimonio (Shutterstock)
After Natasha’s death, Liam was left in charge of the couple’s two children (Shutterstock)

During the previous 18 months, he had repeatedly accepted and canceled the note with journalist Tom Chiarella, who writes that during the talk the actor drank more than one bottle of Pinot Noir. Later, Neeson – who in the eighties was a couple of Helen Mirren– would admit to GQ what alcohol was a refuge in the early days without his wife: “I stopped drinking because I realized it was too much. It started when Tasha died. Never at work… but it was easy at night to take two or three bottles of Pinot and believe that everything was under control ”.

It was a nurse who recognized him as he wandered desperately looking for his wife in the corridors of that Montreal hospital. “He told me where he was and I met a doctor no more than 18 years old who told me the worst. He showed me the X-ray of his crushed skull. I knew what that meant, ”he said.

And he remembered the pact they had made exactly ten years before, when another accident put them in the reverse situation. Richardson was filming in Canada, and he crashed his motorcycle into a deer. He flew to see him at Lenox Hill Hospital, where he was admitted, and upon arrival, he was told that he would not spend the night. That time, everything turned out fine, but They promised themselves that if anyone were to be in a life or death situation again and there was nothing to do, they would “unplug the machines.”

“So I went and told her I loved her,” Neeson confided in the program 60 Minutes. I told, ‘My love, you are not going to get out of this. You broke your head. I don’t know if you hear me, but that’s what happened. So we’re taking you to New York. And all your family and friends are coming. ‘ And that was more or less it ”. The actor now had to travel from Canada to Lenox Hill in Manhattan with his wife in an irreversible state.

Their children, their mother, their sister Joely Richardson and their intimates, would spend the last hours with them in the hospital on the Upper East Side of New York. Natasha died at age 45 on March 18, 2009 and, after some of her organs were donated, she was buried in Lithgow with her grandmother – also an actress. Rachel kempson– very close to the Millbrook family farm.

“I think I survived by running away to work. I know how old I am and that I am one shoulder injury from losing papers like that of Relentless search (Taken). So I keep the training, I keep the job. That’s the strange thing about pain: it doesn’t allow you to prepare. You think you are going to cry and finish at once. You make plans, but they never work, ”Esquire told him.

The effect, perhaps the effect of the saga created by Luc Besson that – a year before Richardson’s unexpected death – turned Neeson into an action hero who faces the trafficking mafia to save his daughter, was one of his great motivations in the midst of the deepest pain. The phenomenon of the character of Bryan Mills, a role for which the actor especially asked Besson to be considered, despite not giving the type or age – he had already passed 50 – usual for such thrillers, put him in the ranking of the best payments in Hollywood and gave him the opportunity to give in fiction the fight he could not give in life: to get revenge and execute the death of those he loves.

On In Subzero Revenge (2019), one of his latest films, The Atonement is in the Family, and to the Shots. In the film, Neeson shares a poster with his own son Micheál Richardson – who changed his surname to honor his mother – and must, of course, take revenge for her death. They returned to act together in the comedy Made in Italy (2020), where they are again father and son, and the way to process grief is less subtle: his wife died.

Being a single parent wasn’t always easy, and Micheál had some addiction issues, which he overcame. “They’re learning, doing push-ups, and sometimes they take dangerous avenues and I think, ‘Damn, if Tasha was here, I could share this.’ But we are fine. Drugs are a concern for all parents. They are like a virus –he said to GQ when the boys were still going to school. A teenager tries and is suddenly trapped, and that changes his life and that of his family forever. I trust them and they are sensitive guys, but there are times when the chemistry doesn’t work. “

In another more recent talk he thanked his friend Bono: “It could have been a lot worse, it could have been hell. But I remember that he came home a lot after the accident and, once, out of nowhere, He asks Micheál, ‘How old are you?’ And he answers: ‘Thirteen’. And Bono says, ‘Oh, just how old I was when I lost my mom.’ And I almost kissed him. Because it was like saying: ‘Look, I also went through the same thing when I was like you and I’m fine, you’re going to be fine too.’

He’s fine too, in his own way. He returned to filming a few days after Natasha’s death and never stopped again. At 69, he will put himself back in the shoes of a hero in The Ice Road, which Netflix will premiere this Friday. Since Micheál and Daniel Millbrook left to study He spends a lot of time alone, but he stays sober.

Although in these thirteen years the media occasionally related him to some women, he says that he is not interested in falling in love again: “I’m not hunting, I prefer to keep to myself.”

When he’s not out for a shoot, he visits his wife’s grave twice a week. “I don’t know if I believe in life after death,” he confesses, “but I like to sit down and talk to him. It makes me well”.