Forever Faith, un éxito sin límites / Forever Faith, a godly success

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Esta es la historia de Abe Cruz, un joven hispano que vivió un infierno, y desde la cárcel decidió fundar un imperio: Forever Faith, una marca de ropa y diseño que busca acercarnos más a dios.

Abraham nació en Los Angeles y dio sus primeros pasos en una pequeña habitación que compartía con sus 3 hermanos y su madre, una incansable mujer mejicana que trabajaba tres turnos para alimentar a sus hijos. Gracias a ese arduo esfuerzo pudo estudiar negocios en Winsconsin, pero decidió abandonar la carrera en pos del dinero. A sus veinte años, Abe ya había ganado sus primeros $100.000  haciendo marketing en redes, y el poderoso caballero lo sedujo más que los libros.  “Me estaban enseñando cosas  en la universidad, pero yo estaba creciendo demasiado rápido, sentia que sólo me enseñaban cómo trabajar para alguien y no cómo ganar dinero”, explicó Cruz sobre su elección.

Pero el dinero pronto se desvaneció y Abe se encontró absolutamente sólo, sin trabajo y de vuelta en Los Angeles intentando mantener el lujoso estilo de vida que tenía antes. Era tanta su desesperación y su afán por figurar, que optó por encontrar tres empleos para mantener su status: entrenador personal en un gimnasio, real state agent y promotor de clubes nocturnos, su vida era una locura interminable.  “En ese punto aprendí que la mayoría de los americanos vivían vidas súper pobres, las casas eran carísimas, y pretendían comprarlas sabiendo que cada mes tenían menos de $1000 en el banco. Y en ese momento me dije yo no quiero vivir asi”, reconoció Cruz.

Abe necesitaba más, y no iba a parar hasta conseguirlo, pero la vida súbitamente le sacó el pie del acelerador. “Un día estaba volviendo a las 4 de la mañana de Orange County a Pasadena cuando me quedé dormido al volante y choqué a otro vehículo. Ahí empezaron todos mis problemas, no tenía seguro, no tenía dinero y mi novia me rompió el corazón”, confesó.

Y como suele suceder cuando uno está en la oscuridad total, atrae aún más monstruos que nos desvían del camino. “Yo estaba destrozado, y necesitaba trabajar, ¡y justo! se me acercaron unos tipos que me pidieron que manejara un auto hasta la East Coast y lo dejase allí, sin hacer preguntas.  Me iban a pagar $20.000”, recordó sobre sus inicios en el tráfico de drogas.

Era evidente que lo que fuere que transportaba en el vehículo no era legal, pero mientras le diera dinero y le permitiese comprarse el rolex y el BMW que tanto quería entonces valdría la pena. “En esos tiempos era joven, loco, completamente egoísta y arrogante. Todo era para mi y para sentirme bien con gratificacion instántanea. Pero en cierto punto entendí que era algo de drogas lo que llevaba y les dije a mis jefes “yo no voy a matar a nadie””. Por suerte nada de eso fue necesario, y tras dos años de intensos viajes y más de $200.000 en la cuenta, viajes a las Vegas, fiestas y Rock and Roll, la policía de OKC lo arrestó en 2005. Nuevamente lo perdió todo, no quedaron ni el auto, ni las mujeres, ni el dinero, ni la dignidad.

“Me quisieron dar 30 años cuando me arrestaron por tráfico de drogas y dinero, porque me encontraron con $500.000. Finalmente apelé y me dieron sólo 4 años”.

La cárcel fue para Abe un lugar de corrección y sobre todas las cosas de revelación.  Un día un pastor de Victory se acercó al penal y le cambió la vida.  “El entró, me sacó de la cama y me dijo vamos a leer hoy. Sentí que él tenía el amor de dios y nos quería ayudar, era real”, recordó Cruz.

A partir de ese instante su vida inició otro rumbo, logró unir al grupo de reclusos de su ala, y juntos encontraron la manera de salir adelante. Hacían ejercicio todos los días, trabajaban y estudiaban, buscando una segunda oportunidad de la mano de dios.

“Yo empecé a platicar con Dios”, confesó Abe. Gracias a la biblia sintió una revelación y entendió que tenía una importante misión. “De repente, yo tocaba un libro y entendía todo, como si me hubiesen encendido un botón de repente, era Dios que me estaba dando tanto. Y ahí me di cuenta, el padre de fe en la biblia es Abraham y no era una coincidencia que me dieran ese nombre a mi, era el destino”.

Y de la mano de ese dios al que abrazó por siempre, logró cumplir su condena, y gozar la libertad con brios renovados. “Cuando salí de la cárcel nadie quería darme trabajo, nadie me miraba, finalmente logré ingresar en un gimnasio y darle vida a mi negocio”, dijo Cruz.

Forever Faith nació mucho antes de que fuera constituída, fue primero un concepto que le permitió a Cruz aferrarse a la vida y entender que debía empujar a los demás a acercarse a Dios, para salir adelante . “Un día conocí a alguien que me dijo que Forever Faith era una frase potente, me dio $80.000 y desde ese día no paramos”, contó sobre sus inicios.

Hoy, su marca está posicionada en todo el país, comercializa ropa, suplementos nutricionales y accesorios mientras publicita el mensaje más importante, “la fe nos hace campeones”, frase que acuña en su libro “forever faith”.

“Las personas tienen fe pero sólo cuando les es conveniente, pero no pelean hasta que tocan fondo”, explicó Cruz, que busca que su logo le haga entender a la población que sólo Dios puede salvarnos.

“mi mensaje va a ser como un walmart de todo, la palabra va a ser un mensaje para todo el mundo”, aseguró el guerrero de dios, que ya cuenta con grandes marcas como socios comerciales y utiliza sus réditos para hacer obras de caridad como la fundación para madres solteras “new beginnings” en OKC.

“A todos los latinos les digo: pongan a dios primero y lo que quieran hacer en la vida lo podrán hacer”, aconsejó Cruz, mientras sueña cambiar al mundo con su poderoso mensaje.  (La Semana)

Abraham Cruz

Forever Faith, a godly success

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

This is the story of Abraham Cruz, a Hispanic young man who lived through hell and behind bars decided to create an empire: Forever Faith, a clothing and nutritional supplements store, inspired by God.

Abe was born in LA and took his first steps into life in a small room he shared with his three brothers and sisters and his mother, a restless Mexican woman who worked three shifts to support her children. Her efforts eventually paid off and Abe was able to go to university in Wisconsin, where he studied business and psychology, but he soon decided to drop out to make money. He was twenty years old and had already made his first $100,000 as a network marketer, but the power of money seduced him more than books.

“They taught me things at university, but I was growing too fast, I felt they only taught me how to work for someone, not how to make money,” he explained.

But soon the money vanished, and Abe found himself completely alone, jobless and back in LA dreaming about his previous lifestyle. In such a state of desperation, he decided to find three jobs to get by: personal trainer, real estate agent and night club marketer — his life was in an interminable state of craziness.

“At that point I realized that most Americans live super poor lives, houses were completely unaffordable, and they intended to buy then even knowing that they just had $1000 in their accounts.”

Abe needed more and would not stop until he got it, but life suddenly forced him to hit the bakes.

“I was coming back from the OC, going to Pasadena after a party at 4 am, and I was so tired that I felt asleep and crashed into another car. The world just collapsed, trouble began, I had no insurance, no money and my girlfriend left me and broke my heart,” he confessed.

In dark times, darkness tends to spread, and Abe lost his way for good.

“I was destroyed, in need of work, and these guys appeared and asked me to drive a car to the East Coast for $20,000, no questions asked,” he recalled.

It was evident to him that whatever he was carrying in his car was not legal, still, if it paid him decent money and allowed him to own a Rolex and a BMW, then it was worth it.

“I was young in those times, crazy, completely selfish and arrogant. Everything was for me, for my instant gratification,” he said. “But at some point, I learned that I was carrying drugs and told my bosses I won’t kill anyone.”

Luckily none of that happened, and after two years of transporting illegal substances and more than $200,000 in his account, trips to Vegas, parties and rock and roll, he got arrested by the Oklahoma City police in 2005. Again, he lost everything, his car, his women, his money and his dignity.

“They wanted to give me 30 years when they accused me of drug and money trafficking, because they caught me with $500,000. Finally, I appealed and got four years.”

Jail was for Abe a place of correction and revelation. One day a pastor from Victory church went to visit and change his life.

“He entered, took me out from bed and told me ‘Let’s read together today.’ I suddenly felt he carried the love of God and wanted to help us, he was real,” recalled Cruz.

From that day on, Abe decided to live a life full of righteousness, he lead his other inmates and together started studying and practicing exercise regularly, looking for a second chance with the help of God.

“I started talking to God,” confessed Abe. With the bible he felt a revelation that indicated his mission in life. “I could touch a book, any book and understood everything, it was like someone had turned on a switch, God was giving me my skills. And so, I realized that in the Bible the father of faith is Abraham, and my name was Abe. It wasn’t a coincidence, it was destiny.”

Walking hand in hand with God, he finished his sentence and enjoyed freedom with a new spirit.

“When I came out of jail no one would give me a job, everyone stared at me and finally I made it into a gym and started my own business,” said Cruz.

Forever Faith was born way before it was funded. It was first a concept that allowed Abe to hold on to life and push others closer to God.

“One day I met a guy who said Forever Faith was powerful, he gave me $80,000 and from that day on we did not stop.”

Today, his clothing brand is all over the country and while he makes profit, he also delivers the most important of messages “faith makes us all champions,” something that he discusses in his autobiography “Forever Faith.”

“People have faith but only when it’s convenient, they don’t fight until they are in real trouble,” said Cruz explaining his logo is meant to teach people how to be saved by God.

“In the future my message will be like Walmart, it will be everywhere,” Abe said confidently, claiming he is a warrior of God. Today Forever Faith is already working with worldwide brands and uses part of its profits to invest in charity, like the single mothers foundation “New Beginnings” based in OKC.

“To all Latinos out there I say, put God first, and whatever you want to do, it will be reachable,” he said, dreaming about changing the world with just two words. (La Semana)