Ulises Moreno, una vida de dolor y amor / Ulises Moreno, a life of pain and love

Ulises Moreno, una vida de segundas vueltas

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino

Tulsa, OK- El día en que a Ulises lo atrapó la policía tras una larga persecución,  supo que hasta el momento no había entendido cómo se vivía en Estados Unidos. Escuchaba el helicóptero sobrevolar su vehículo en la autopista, y solo pensaba en escapar, aunque no había hecho nada malo. Era tal el miedo que su cultura chicana le había infundado sobre la labor policial, que en vez de detener su auto, decidió correr a toda velocidad.  “Siempre le tuve miedo a la policía y a ser deportado, No sabia que ellos podían ayudarnos, solo pensaba en escapar”, recordó.  “Necesité que eso me sucediera para darme cuenta de que aquí todos podemos progresar y  ver que este país nos brinda más seguridad, tenemos más derecho a hacer mas cosas, el dinero se gana mas fácil, uno vive mas a gusto y tiene sus cositas, sin importar de que raza seas”, dijo.

La vida de Ulises no fue fácil, como muchos otros ‘dreamers’ cruzó la frontera con su familia siendo pequeño, y abandonó sus raíces en Jalisco, para construir su verdadera identidad en California, a fuerza de obstáculos y asperezas. “Llegó un punto en el que me di cuenta de las diferencias que había entre mi familia y el resto de la población. Veía que si íbamos a la tienda me sentía un poco tímido, y a veces discriminado porque éramos distintos a los demás. Vivíamos en una comunidad afroamericana y había mucha tensión con los mexicanos en ese momento. Los adolescentes en la escuela nos hacían sentir muy mal. Siento que verdaderamente experimenté el racismo, no sólo entre blancos e hispanos, sino sobre todo entre las mismas minorías”, recordó sobre su infancia.

La marginalidad propia de las subculturas dejó a Ulises fuera del sistema, acompañado de malas juntas y finalmente tras las rejas. “Eran tiempos de Barack Obama y yo estuve a punto de ser deportado”, reconoció, como quien no quiere recordar. “Pero aún muerto de miedo entendí que el sistema americano está realmente hecho para que uno mejore y salga, y yo, recibí otra oportunidad”, agregó. Ulises fue uno de los bendecidos con la cancelación de su deportación, un milagro que sólo le sucede a menos del 4 por ciento de los indocumentados detenidos.

Su estancia en la cárcel le hizo conocer la fe, de la mano de la biblia, y lo invitó a cambiar, a abrazar el sistema y dejarse cuidar. “La biblia dice que si uno confiesa ante los hombres, dios nos confiesa delante de su padre, y yo tuve fe. Alguien pagó mi fianza, y de repente tenía 19 años, estaba libre, y era otra persona”, admitió

Hoy es un padre trabajador de 3 hijos que encuentra en su familia la máxima bendición. “Trabajo haciendo mesadas de granito, hago lo que puedo, a pesar de lo riesgoso del trabajo porque quiero que mis hijos puedan disfrutar de la vida mas que yo”, dijo.

A quienes estén ahí afuera y crean que la vida no da segundas oportunidades, piensen en Ulises y sigan su consejo: “La vida es muy corta y los placeres son cosas momentáneas que tienen muy poco valor. Meterse en problemas con la ley es fácil, pero cuando uno hace cosas malas acaba mal, pues cosechas lo que siembras. Siembren cosas buenas, y los que siembren cosas malas intenten cosechar frutos dignos de arrepentimiento”.

Ulises Moreno

Ulises Moreno, a life of second chances

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino

Tulsa, OK – The day Ulises Moreno was caught by the police after a long Hollywood-style pursuit, he realized that so far he hadn’t learned how to live in America like an American. He could hear the noisy chopper wings over his car, and only thought about running away, even if he had nothing to hide or run for. He had grown in a Chicano community full of prejudices against the police, and instead of stopping the car, his fear made him push the accelerator even further.

“I have always been afraid of the police, and of the possibility of getting deported. I didn’t know they could actually help us, I only thought of escaping,” he remembered.

“But I needed that to happen to learn that in this country we have the chance of developing, we can do more things, earn more money, be more secure, enjoy life and have things, regardless of our race,” he said, trying to accept the fact that before his criminal incident he wasn’t aware he was also a part of the American Dream.

Ulises’ life wasn’t always easy. Like many other dreamers, he crossed the border with his family before primary school and left Jalisco to embrace California, walking a path filled with obstacles and ruggedness.

“The time came which I realized there were palpable differences between me and the rest of the population,” Ulises said. “We went to a store, and I felt awkward, even discriminated against, as we didn’t look alike. I used to live in an African American community and there was constant tension with the Mexicans. Teenagers at school used to bully us and I experienced racism daily, but not the typical white vs the rest racism, but racism between minorities.”

This marginality pushed Ulises away from the system, leaving him alone or keeping bad company, then suddenly behind bars.

“Barack Obama was president, and I was about to be deported,” he recalled. “I was afraid, but I understood that the USA is made for men to improve, to change, and to receive second chances.”

Ulises was one of the few blessed with the cancellation of his deportation, a rare event that only happens to less than 4% of those undocumented in prison.

His jail experience helped him believe in God, and through the Bible he learned about change and faith.

“The Bible says that if one confesses to men, then Jesus will confess us to his father. I believed, and suddenly someone paid my fine and I was free. I was 19, and could become someone else.”

Today Ulises is a dedicated father of three who works from dawn till dusk, finding comfort in his wife and children.

“I work with granite, making countertops and other things. I know it’s a risky job, but I do what I can to provide for my children. I want them to enjoy the life I couldn’t have,” he said.

For all those out there who believe life does not grant second chances, think about Ulises and follow his advice: “Life is too short, and pleasure is something momentary that has very little value. It is easy to break the law, but when one does evil, evil follows you, because you get what you give. Give good things always, and if you give bad things, at least dignify yourselves through regret.” (La Semana)