Qué pasará con los indocumentados / The year of the immigration debt

Por David Torres | WASHINGTON, DC

Joe Biden llega a su primer año en la presidencia no precisamente con las manos vacías, pero sí con muchas expectativas bastante desdibujadas, sobre todo en el ámbito migratorio. Después de arribar a la Casa Blanca tras un angustiante periodo de amenaza contra la democracia estadounidense por parte del gobierno anterior, sus promesas hacia los inmigrantes indocumentados tienen ahora un literal sabor a nada.

En efecto, nada concreto se tiene en este 2022 que pueda hacer revivir en lo inmediato la enorme esperanza de facilitar el camino hacia la ciudadanía de esos 11 millones de seres humanos que consideraban con devoción que, ahora sí, las cosas para ellos y sus familias cambiarían para bien. De tal modo que día con día continuaban contribuyendo con su trabajo y aportaciones –como lo hacen hasta el día de hoy, por supuesto– al país en el que han vivido durante décadas, mientras escuchaban en tiempos de campaña cómo se les tomaba en cuenta en discursos y debates con un lenguaje profundamente incluyente.

Sin embargo, las circunstancias políticas, la realidad migratoria y las conveniencias electorales de algunos actores políticos durante 2021 –tanto demócratas como republicanos– hicieron cambiar prioridades en forma más que brusca, afectando los planes que se tenían para sacar de las sombras a millones de indocumentados. También, muchos en el país se enteraban, por primera vez, de la existencia de una Parlamentaria, o asesora jurídica del Senado, que literalmente podía decidir sobre la suerte de millones de personas. Sus tres veces NO estremecieron las estructuras tangibles e intangibles de toda una esperanza.

De acuerdo, todo eso y más ha ocurrido en este primer año de la presidencia demócrata de Joe Biden, que por otra parte se desarrolló en el contexto de una crisis de salud pública ocasionada por la pandemia de Covid-19. Pero el momento histórico que vive Estados Unidos requiere no solamente reconocer que, en efecto, los más perjudicados han sido los inmigrantes indocumentados y sus familias, sino cómo la parte que les prometió tanto va a manejar la situación para cumplirles este año que comienza.

Porque no se trata de utilizar como bandera a un grupo de seres humanos para llegar al poder y después dejarlos tirados en el camino como si no pasara nada. No sólo no sería justo, sino que sería moralmente inaceptable. Y en términos políticos el panorama se tornaría aún más complicado para los demócratas.

Así, la absurda idea que propaga el ala más conservadora del Trumpismo del “reemplazo étnico” de los blancos por parte de las minorías de color es otro de los escollos con los que tiene que lidiar este y los años por venir la actual Casa Blanca; lo cual, en lugar de complicar la lucha contra el racismo, debería ser un elemento clave para elaborar nuevas estrategias, a fin de defender la agenda pro inmigrante hasta sus últimas consecuencias. Pero esta vez ya no con palabras, sino con pasos concretos.

Es decir, si los demócratas en este año de comicios intermedios van a volver a utilizar el tema migratorio como escudo electoral, más les valdría no hacer nuevas y huecas promesas, sino primero cumplir las que ya hicieron, para que su nivel de credibilidad entre las minorías y sus familias vuelva a subir. Esto es, de lo que se trata ahora es de que reconozcan que el electorado que tiene lazos indisolubles con el tema migratorio, sobre todo por cuestiones familiares, ha madurado políticamente y no se puede jugar con él de manera fácil ni impune.

Ya no se trata, en conclusión, de que se diga utópicamente “este es el año” de la reforma migratoria, tal como se aseguró durante todo 2021, sino de decir con los pies en la tierra que “2022 es el año de los inmigrantes y sus familias”. Porque de su beneficio o perjuicio por parte de la clase política estadounidense dependerá en gran medida el que un determinado partido siga siendo una opción política o no, ya sea republicano o demócrata.

Son muchos los temores al fracaso político, pero por encima de todos debe tomarse en cuenta la amenaza del ascenso y retorno al poder de esa agenda xenófoba y racista que durante cuatro años puso en peligro la democracia de esta nación. (America’s Voice)

The year of the immigration debt

By David Torres | Washington, DC

Joe Biden finishes the first year of his presidency not exactly with empty hands, but with many hopes effectively dashed, especially on the issue of immigration. Upon ascending to the White House—following an anguishing period of threats against U.S. democracy by the previous administration—his promises to undocumented immigrants now taste like weak tea.

Essentially, there is nothing concrete in 2022 that would immediately revive the enormous hope of facilitating a path to citizenship for those 11 million human beings who thought fervently that, finally, things would change for the better for them and their families. Day after day they continue contributing their hard work and perseverance—to this very day, of course—to the country where they have lived for decades, and hearing during campaign season how they are being taken into account, in speeches and debates, with profoundly inclusive language.

However, political circumstances, migration realities, and the electoral expedience of some political actors in 2021—both Democrats and Republicans—forced a beyond abrupt change in priorities, affecting the plans they had to bring millions of undocumented people out of the shadows. Also, for the first time, many in the country learned of the existence of the Parliamentarian, the Senate’s legal advisor, who could literally determine the fate of millions of people. Her thrice-uttered NO shook both the tangible and intangible foundations of all hope.

Of course, all that and more occurred in the first year of the Democratic presidency of Joe Biden, also in the context of a public health crisis created by the COVID-19 pandemic. But this moment in U.S. history is not only a recognition that, essentially, undocumented immigrants and their families have been harmed the most, but also how those who promised them so much will manage the situation and accomplish it this year.

Because it is not about using a group of human beings as a stepping stone to achieve power and then abandoning them, like nothing happened. Not only would that not be just, but it would be morally unacceptable. And in political terms, the landscape would be even more complicated for the Democrats.

The absurd idea that the most conservative wing of Trumpism propagates, of the “ethnic replacement” of white people by people of color, is another one of the obstacles today’s White House must deal with now and in the years to come. An obstacle which, instead of complicating the fight against racism, could be a crucial element in developing new strategies, with the goal of defending the pro-immigrant agenda to the end. But this time not with words, but concrete steps.

If, in this midterm election year, the Democrats are going to return to using the immigration issue as an electoral battering ram, they’d better not make new and empty promises, but first follow through on those they already made, to increase their credibility among people and families of color. Essentially, they need to realize that the electorate with the closest ties to the immigration issue, especially when it comes to families, has matured politically and cannot be played with easily, or with impunity.

No longer can they say in a utopic way “this is the year” for immigration reform, as they assured throughout all of 2021, but rather, with feet firmly planted on ground, that “2022 is the year for immigrants and their families.” Because whether a political party remains an option or not—whether Republican or Democrat—largely depends on their benefit to the U.S. electorate.

There are many fears about political failure, but at the top of them all, the threat of the ascension and return to power of the xenophobic and racist agenda—which put this nation’s democracy in danger for four years—must be taken into consideration. (America’s Voice)