Orgánico sabroso y natural, Don Valentín, la mejor parrilla de Villa Elisa / Don Valentin the best steak of Villa Elisa: organic, fresh and tasty

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino

Villa Elisa, Entre Ríos – En el restaurante Don Valentín emplazado en la ciudad entrerriana de Villa Elisa, famosa por sus termas, nada está librado al azar, y los clientes pueden degustar las mejores carnes argentinas y encima, ¡comer orgánico!

Es que su dueño, Sergio Miguel Amadillio, está obsesionado con el buen vivir, y por eso ofrece en su mesa, los productos que provienen directamente de su chacra: vegetales, y también, carnes alimentadas a pasto entrerriano. “Siempre me gustó tener mis verduras en casa, tengo dos viveros y voy buscándole la vuelta para traer mis verduras al restaurante, cultivo todo sin productos químicos, para ser lo mas natural posible”, explicó.

Difícil es quitarle el tenedor de encima a los artesanales chorizos que también comercializa, la provoleta que siempre acompaña y el jugoso bife que nos dejan en el plato. Y si tienes un hambre voraz, no te preocupes, aquí puedes seguir comiendo y la cuenta no aumenta. “Una vez que el comensal ya gastó lo que corresponde, el resto va por cuenta de la casa”, asegura Amadillo con una sonrisa en el rostro.

Uno se pregunta cómo puede ser que una comida tan nutritiva cueste menos de $20 dólares por persona, a sabiendas de que en Estados Unidos un festival gastronómico semejante le está únicamente permitido a los bolsillos llenos ; ¡y es que, en este rincón del mundo, todo pareciera posible!

A simple vista el restaurante luce como una réplica de la dinámica de muchos en la Provincia de Buenos Aires, con una parrilla al aire libre en la avenida principal de Villa Elisa como otros restaurantes familiares que podemos encontrar en Tulsa, pero esto es Argentina, y las razones por las que todos trabajan en el mismo lugar son otras. “Hay choques trabajando en familia, pero son temporales”, reconoce Amadillio, consciente de que a pesar de todo nada es mejor que saber que tu espalda la cuidan los que más te quieren. Es que en Argentina es tan difícil tener empleados a cargo por las altas cargas fiscales, y la ubicuidad de los juicios laborales que la única manera de trabajar y salir adelante como emprendedor es hacerlo en familia.  Y en este caso, padre, madre, hijas y yernos trabajan con una única misión, hacer del huésped un rey, algo que el mismo Sergio atribuye a su pasado como metre en un hotel cinco estrellas.

Don Valentín es sin duda el ícono de Villa Elisa, el restaurante del pueblo, que pertenece a una familia maravillosa que hasta utiliza la leña de su propio monte para mantener esos fuegos andando, fuegos que reúnen a locales y transeúntes en postales de noches inolvidables.

Sergio Miguel tiene una vida plena, parece nutrirse de todo eso que genera, y se divierte trabajando, sabiendo que es lo que le permite hacer lo que ama, estar con sus nietos y ver el turf.  

A todos aquellos jóvenes del primer mundo, buscando sobresalir Sergio les envía un consejo desde el país más Austral del mundo: “Recuerden que el saber, nunca está demás. Yo se soldar, se hacer cosas de carpintería, se trabajar de mecánico, y estoy en el negocio gastronómico porque es mi pasión, pero podría hacer cualquier cosa. Busquen aprender a hacer algo distinto, más allá del estudio y de la tecnología”, y después siguió atendiendo, porque había más bocas por satisfacer. (La Semana)

Don Valentin the best steak of Villa Elisa: organic, fresh and tasty

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino

Sergio Miguel Amadillio (I), propietario del restaurante

Villa Elisa, Entre Ríos – At the restaurant Don Valentín, located in the city of Villa Elisa, in the province of Entre Rios, Argentina, and surrounded by the best hot springs in the country, no detail is left behind, and while enjoying the great surroundings clients can also have the best culinary experience, with a plus – the food is completely organic.

Its owner, Sergio Miguel Amadillio, is completely obsessed with the bon vivre, the art of pleasing others, which is why at his restaurant you can find products directly from farm to table. He produces his own veggies and even the meat, which comes from cows feed with the best grass in the country.

“I always loved to grow my own veggies and I have two little greenhouses where I produce and try to use those veggies in the restaurant,” he explained. “I don’t use chemicals, making everything as natural as possible.”

It’s hard to stop eating those great chorizos (typical Argentinean sausages) he produces and sells, which come always sided by a delicious provoleta (melted provolone cheese) and a juicy steak never at least as good as any in this country of steaks. And don’t worry, if you want to keep on trying more food but you don’t have enough money, here you can eat until you explode without breaking the bank.

“Once the client has spent what he should, the rest is on the house,” said Amadillo with a huge smile on his face.

One wonders how can such great food cost less than $20 per person, considering in America such a gastronomic feast is only affordable to loaded pockets. But in this corner of the world were time lays still and cows grace blissfully everything seems possible.

If you take a closer look at Don Valentin, it seems like a replica of those family restaurants you can find in Tulsa but with the classic Argentine sophistication. 

“There can be occasional clashes with the family but they don’t last,” Sergio acknowledged, but he is well aware that in a country like Argentina the only ones that really have your back are those related by blood.  In these lands having employees is so burdensome, for the high costs and the ubiquitous work issues, that the only way forward for entrepreneurs is to trust in their inner circle of love. And this family really works hard to make clients enjoy meals as if they were real kings, something that Sergio himself learned with his years of work at a five stars hotel.

Don Valentin is without a doubt the icon of Villa Elisa, a gathering place for the local community that belongs to an outstanding family who understands the importance of giving, and even chops its own wood to keep those fires burning, fires that illuminate the hearts and minds of friends and tourists alike, turning ordinary nights into unforgettable encounters.

Sergio has a great life, in which he seems to nurture of all those things he creates while having fun at work, knowing that’s the way of being closer to the things he loves: his grandchildren and horses.

To all those youngsters in the first world trying to be greater, Sergio has a piece of advice from the Austral country:

“Remember that knowledge is always a plus. I know how to work the wood, how to be a mechanic, how to weld, and I found my passion in the gastronomic business. But still, I can do anything to survive. Try to learn something else, besides school and technology,” he said, then smiled and off he went to greet a new client. (La Semana)