Despidiendo a / Remembering Simón Navarro

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, Oklahoma

La comunidad inmigrante de nuestra ciudad está de duelo, Simón Navarro, uno de los principales referentes de los hispanos de Tulsa, falleció tras una prolongada enfermedad.

Para quienes no lo conocían, Navarro fue uno de los miembros fundadores de la Coalición para el Sueño Americano, organización iniciada en el 2006 para luchar contra las leyes estatales anti-inmigratorias. Fue además, un católico incansable que luchó por traer el santuario de Santo Toribio Romo, patrono de los inmigrantes a la Iglesia de San Pedro y San Pablo, y siempre fue el primero en organizar las festividades por el día de la Virgen de Guadalupe.

La familia entera lo llora y primordialmente su viuda, Agueda Perez Mejía, quien lo mantienen vivo en su memoria. Los Navarro se conocieron en California allí por los años 80,y fueron amigos hasta que Simón optó por dar el primer paso.  “Un día llegó y me quiso dar un beso, como hasta el momento éramos sólo amigos yo no lo dejé, le dije “oiga usted no me pidió ser mi novio no puede darme un beso”, y en ese momento me dijo esa es la mujer que quiero como madre de mis hijos, porque yo no era para nada fácil”, recordó con risas Agueda.

Muy poco después de casarse los Navarro retornaron a México, hasta que finalmente decidieron establecerse definitivamente en Tulsa en 1996. “Tulsa era una ciudad próspera, eso nos decían los parientes que aquí teníamos y ni lo dudamos”, recuerda Agueda.

El matrimonio inició su camino en la ciudad trabajando de lo que encontraba, en empresas y mercados hasta que finalmente abrieron su Herbolaria en el año 2000, desde la cual ayudan a todos los residentes de la ciudad a sentirse mejor a base de remedios naturales.

Agueda respeta la memoria de su marido, y conoce bien su obra, porque a cada paso que él daba, ella se sacrificaba. “Estuvimos casados 41 años, y no fue tan fácil, pero creo en el poder de la familia y por eso siempre buscamos la manera de hacerlo funcionar. Yo lo apoyé siempre en sus proyectos, si el quería salir a ayudar a la comunidad yo no tenía problema, pero alguien debía quedarse en la tienda, porque era lo que nos daba de comer”, dijo, reconociendo el desafío que implica estar casada con un idealista.

La fuerte mujer que supo cuidarlo hasta el fin hoy se siente en parte, liberada, dueña de sus decisiones, a conciencia de que ayudar, muchas veces también le cuesta la vida a otros. “Mi marido era un soñador, un hombre que amaba a sus nietos, a su hija y a su comunidad, y pensaba siempre en todo, por eso hasta abrió un Western Union para que mi hija pudiera en su momento trabajar de lo suyo, él pensaba en todo”, recalcó.

A pesar del dolor Agueda está tranquila, una extraña fortaleza interior la empodera, la satisfacción de saberse íntegra con su rol de mujer. “Me siento tranquila porque creo que mi rol de esposa, lo cumplí como debía, yo estuve todo el tiempo cuidando de el, no me siento triste porque creo que hice lo que debía de hacer. Me apena saber que no voy a compartir mas tiempo con el, pero satisfecha por haberlo ayudado”.

Ahora, planea seguir adelante, trabajar hasta que las manos le den, sin ataduras ni obligaciones, como ella misma dice “simplemente pa’ donde apunte la nariz”.

A todas aquellas mujeres atravesando momentos de pérdida y angustia Agueda les aconseja: “Sean valientes, no se dejen atemorizar porque la vida sigue, si tienen confianza, nos volveremos a encontrar con esos que perdimos”. (La Semana)

La ciudad llora a Simón Navarro y primordialmente su viuda, Agueda Perez Mejía

Remembering Simón Navarro

Por Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Tulsa´s immigrant community is mourning the passing of Simón Navarro, a renowned citizen who died after a prolonged illness.

Navarro was one of the founders of the Coalition for the American Dream, which was begun in 2006 to fight against anti-immigrant state laws. He was also instrumental in bringing the Shrine of Saint Toribio Romo (patron saint of immigrants) to Tulsa’s Iglesia Católica de San Pedro y San Pablo. Every year at the end of May, hundreds of people make the four-mile pilgrimage from Our Lady of Guadalupe to Saints Peter and Paul Church, and Simon was always a central part of this festival.

While there is sadness at his loss, Simon lives on in the memories of his friends,relatives, and his wife, Agueda Perez Mejía. The Navarros met in California back in the 1980s and they were friends until Simon took the first step.

“One day he came to see me and tried to kiss me, until that moment we were only friends so I said `mister, you haven’t asked me if I wanted to be your girlfriend, so you can’t kiss me’. He said that in that very moment he knew he wanted me to bear his children, because I wasn’t an easy woman,” recalled Agueda.

The couple later married and went back to Mexico for some years until they finally settled in Tulsa in 1996.

“We had some family here and they said this was a prosperous city,” explained Simon’s widow. Together in the early days of the Hispanic community they worked at whatever jobs they could find, in chain stores, markets, and doing clerical work, until one day in 2000 they opened the “Herbolaria Mexicana”, an herbal store were Agueda still helps others feel better through natural remedies.

From a distance Agueda tries to remember her Simon through little things. While the rest of us know him for his benevolence and generosity, she deeply understands his sacrifice.

“We were married for 41 years, it wasn’t easy, but the strength of our family and the belief in that union made us work it out. I always supported him with his dreams. If he wanted to go out there and help the community, I would let him as long as I could stay in the store, because it was what brought food into the table,” she said, acknowledging the challenges of being married to an idealist.

The strong woman that took care of her man until the end, today feels relieved, freed, owner at last of her own decisions, because those years of constant help were also years she was left behind.

“My husband was a dreamer; he was a family man who loved his daughter and grandchildren and always thought about everything. He even opened a Western Union, so that my daughter when she graduated could have a decent job,” she said.

Despite the pain, Agueda is poised. There is a strange inner force that empowers her, a satisfaction that lies with the conviction of feeling fulfilled as a woman.

“I feel at ease because I did my best as a wife, I played my role as I should, took care of him every single day. I don’t feel sad because I did what I had to do. I am sorry because I won’t spend my days with him anymore, but happy for having helped him.”

Now she plans to move forward, work until her hands fail her, with no strings attached, no obligations, “simply moving in the direction the nose points.”

To all those widows and widowers transitioning difficult times, Agueda advises to face the loss with dignity:

“Be brave, don’t let yourselves be afraid because live goes on. And if you believe in God, soon you will see each other again.” (La Semana)