Empantanados en la demagogia antiinmigrante republicana / Bogged down in Republican anti-immigrant demagoguery

Maribel Hastings y David Torres | WASHINGTON, DC

Los gobernadores republicanos de Texas y Florida, Greg Abbott y Ron DeSantis, respectivamente, han montado un teatro político de año electoral utilizando a los inmigrantes y solicitantes de asilo como chivos expiatorios en sus estrategias de campaña. Esto, no con el objetivo de ofrecer soluciones reales, sino simple y llanamente para explotar el tema migratorio con fines electorales.

Pero a Abbott las cosas no parecen haberle salido como esperaba. Por ejemplo, el envío de autobuses con inmigrantes a Washington, D.C., con el fin de provocar un tremendo caos en la capital del país como represalia por el anuncio del presidente Biden de eliminar el Título 42 a finales de mayo, ha resultado en que organizaciones cívicas y religiosas den un paso al frente y asistan a los indocumentados, mediante un proceso bastante ordenado, dentro de las circunstancias.

Asimismo, su plan de reinspección de camiones en la frontera sur se le hizo sal y agua, después de la presión de diversos sectores por el daño que su farsa estaba acarreando a la economía de Texas. En efecto, el caos vehicular y las potenciales pérdidas económicas en ambos lados de la frontera lo llevaron a levantar su orden de inspecciones más minuciosas, que supuestamente tenían el fin de combatir el trasiego de drogas y el tráfico humano, pero a través de las cuales no se encontró ni lo uno ni lo otro. Lo irónico es que cuando surge legislación bipartidista federal para abordar ambos temas que afectan a la región, los republicanos como Abbott siempre se oponen a las medidas.

Obviamente, Abbott solo hizo el ridículo de su vida con esta rabieta de primer año de primaria en la arena política, pues todo mundo sabe que la frontera México-Estados Unidos es la más transitada del mundo, y que particularmente los 1,931 kilómetros que Texas comparte con el vecino del sur son más de la mitad de la franja fronteriza que divide —o une— a estas dos naciones, que es de más 3,200 kilómetros. Como dato al calce, el comercio entre los dos países alcanzó en 2021 la estratosférica cifra de 661,164 millones de dólares, apenas unos puntos porcentuales por debajo de Canadá, pero por encima de China, según datos del Censo y de la Secretaría de Economía de México. ¿Los asesores económicos de Abbott tomaron en cuenta esto o dejaron que su jefe se pusiera en evidencia él mismo?

DeSantis, por su parte, todavía no ha comenzado a enviar, como amenazó, autobuses con migrantes a Delaware, estado que el presidente Biden representó ante el Senado durante casi cuatro décadas y donde tiene residencia; o a Martha’s Vineyard, en Massachusetts, donde Barack Obama tiene una mansión veraniega y donde vacaciona la crema y nata del mundo liberal todos los veranos.

Abbott y DeSantis quieren asegurar la continuidad del Trumpismo en sus respectivos estados para apelar al sector nativista, en una especie de lid para demostrar quién es más antiinmigrante, con la esperanza quizá de algún día aspirar a convertirse en sucesores de Trump en la Casa Blanca. Pero como hemos dicho mil veces en este espacio, los republicanos no quieren solucionar el tema migratorio, porque hacerlo los privaría de explotarlo en estratagemas electorales, como muros, acusaciones de caos en la franja fronteriza o, como ahora, con autobuses llenos de migrantes.

Y como si no bastara con la bolsa de trucos electorales republicanos, tenemos a unos demócratas timoratos que, en lugar de responder a estos ataques, permiten que crezcan como bolas de nieve y dejan, como siempre, que los republicanos dicten la narrativa. No solo eso. Tienen planes, pero no los desarrollan ni los defienden como se debe.

Nos aguarda, sin duda, un largo verano-otoño de temporada electoral donde la obstrucción y la demagogia republicanas seguirán dictando el orden del día. (America’s Voice)

Bogged down in Republican anti-immigrant demagoguery

By Maribel Hastings and David Torres | WASHINGTON, DC

The Republican governors of Texas and Florida, Greg Abbott and Ron DeSantis, respectively, have staged election-year political theater by scapegoating immigrants and asylum seekers in their campaign strategies. This, not with the aim of offering real solutions, but simply and simply to exploit the immigration issue for electoral purposes.

But for Abbott, things don’t seem to have turned out the way he hoped. For example, sending immigrant buses to Washington, DC, in order to cause tremendous chaos in the nation’s capital in retaliation for President Biden’s announcement to eliminate Title 42 at the end of May, has resulted in organizations civic and religious take a step forward and assist the undocumented, through a fairly orderly process, within the circumstances.

Likewise, his plan to re-inspect trucks on the southern border turned out to be salt and water, after pressure from various sectors due to the damage that his farce was causing to the Texas economy. Indeed, the vehicular chaos and the potential economic losses on both sides of the border led him to lift his order for more detailed inspections, which were supposed to combat drug and human trafficking, but through which neither one nor the other was found. What’s ironic is that when bipartisan federal legislation comes along to address both issues plaguing the region, Republicans like Abbott always oppose the measures.

Obviously, Abbott only made a fool of himself with this first-year tantrum in the political arena, since everyone knows that the United States-Mexico border is the busiest in the world, and that particularly the 1,931 kilometers that Texas shares with the southern neighbor are more than half of the border strip that divides —or unites— these two nations, which is more than 3,200 kilometers. As a bottom line, trade between the two countries reached the stratospheric figure of 661 billion dollars in 2021, just a few percentage points below Canada, but above China, according to data from the Census and the Mexican Ministry of Economy . Did Abbott’s economic advisers take this into account, or did they let his boss embarrass himself?

DeSantis, for his part, has not yet begun to send, as he threatened, buses with migrants to Delaware, a state that President Biden represented in the Senate for almost four decades and where he has residence; or to Martha’s Vineyard, Massachusetts, where Barack Obama has a summer mansion and where he vacations the cream of the liberal world every summer.

Abbott and DeSantis want to ensure the continuity of Trumpism in their respective states to appeal to the nativist sector, in a kind of contest to show who is more anti-immigrant, with the hope perhaps of one day aspiring to become Trump’s successors in the White House. But as we have said a thousand times in this space, the Republicans do not want to solve the immigration issue, because doing so would prevent them from exploiting it with electoral stratagems, such as walls, accusations of chaos in the border area or, as now, with buses full of migrants.

And as if the Republican electoral bag of tricks weren’t enough, we have timid Democrats who, instead of responding to these attacks, allow them to snowball and let, as always, the Republicans dictate the narrative. Not only that. They have plans, but they do not develop or defend them as they should.

Undoubtedly, a long summer-autumn election season awaits us, where Republican obstruction and demagoguery will continue to dictate the order of the day. (America’s Voice)