¡Basta! La retórica racista siempre generará violencia y muerte / Enough! Racist rhetoric will always generate violence and death

Por Maribel Hastings y David Torres | WASHINGTON, DC

Por más lamentable que haya sido el mortal tiroteo del sábado en Buffalo, Nueva York, que cobró la vida de 10 personas, en su mayoría afroamericanos, a manos de un desequilibrado supremacista blanco, la cruda realidad es que era de anticiparse.

En efecto, pues tal parece que para una buena parte de la sociedad estadounidense —la más recalcitrante y supremacista— “resolver” los problemas sociales no es el diálogo, ni el análisis, ni mucho menos el entendimiento mutuo, sino simple y sencillamente recurrir a la violencia armada, misma que se ha convertido en el signo de los tiempos en esta nación.

De hecho, a nadie sorprende que un país lamentablemente dividido, en particular desde el ascenso del trumpismo al poder, donde un sector anglosajón cree que las crecientes minorías étnicas quieren reemplazarlos, sea terreno fértil para el desarrollo de fanáticos racistas que no dudan en sacar ventaja del otro flagelo que aqueja a esta nación: el fácil acceso a las armas.

Las 21 millones de armas de fuego, entre revólveres, escopetas y fusiles automáticos que según la propia National Sport Shooting Foundation (NSSF) se vendieron en Estados Unidos en 2020, el peor año de la pandemia, son la prueba más fehaciente de que este mercado no dejará de fructificar mientras persista la tendencia hacia el racismo, que es a su vez caldo de cultivo de ese otro fenómeno más que aterrador: el terrorismo doméstico, al que son tan proclives los jóvenes blancos supremacistas, clientes cautivos de la Asociación Nacional del Rifle (NRA, por su sigla en inglés).

Esa influencia perniciosa de las armas no es solo doméstica, sino hacia el exterior, lo que explica en gran medida el carácter bélico de esta nación: según el Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), el 36% de las exportaciones de armas entre 2015 y 2019 correspondió a Estados Unidos, con nada menos que 96 clientes, el verdadero país dominante en ese rubro.

Y lo peor del caso es que sean figuras políticas y públicas las que echen leña al fuego con su retórica incendiaria, sin medir las consecuencias que pueda tener su discurso en una mente febril. Por ello, para muchas minorías la principal preocupación es precisamente esa agenda nacionalista blanca, que pormueve con vehemencia la teoría del “gran reemplazo”, un absurdo histórico que nada tiene que ver con el mundo que necesitamos hoy, en este siglo XXI.

Porque no olvidemos que han sido figuras republicanas, comenzando con el propio expresidente Donald Trump, quienes promueven, por ejemplo, la idea de que la frontera sur con México está “fuera de control” y que estamos siendo “invadidos” por indocumentados. De hecho, el manifiesto de Payton Gendron, el individuo de 18 años que perpetró la matanza en Buffalo, hace referencia a una “invasión” sin precedentes, con lo que busca justificar sus deleznables actos.

En 2019, en El Paso, Texas, otro supremacista blanco, Patrick Crusius, atacó a tiros un Walmart matando a 23 personas e hiriendo a otras 23 en su mayoría hispanos. Y ha habido ataques contra sinagogas, iglesias afroamericanas, mezquitas, etc., porque el odio de estos individuos es contra cualquier minoría.

La teoría del “gran reemplazo” de anglosajones por parte de las minorías ha pasado de grupos extremistas y supremacistas blancos a ser normalizada por presentadores de televisión conservadores, como es el caso de Tucker Carlson, en Fox News, y de políticos republicanos que le han dado su visto bueno a un discurso racista, si eso supone movilizar a las huestes que los colocan en el poder.

Porque lo triste de esta situación es que un sector de la población avala este discurso racista y favorece con su voto a estas figuras, tal y como lo vimos con Trump en su triunfo de 2016. Tal y como lo veremos en futuros comicios. Hay una audiencia receptiva y los políticos lo saben. Pero cuando alguien interpreta la retórica literalmente y culmina en violencia, entonces esos mismos políticos se lavan las manos de cualquier responsabilidad.

Pues sucede que la retórica racista, tarde o temprano, siempre generará violencia y muerte. (America’s Voice)

Payton Gendron, de Conklin, Nueva York, un pueblo ubicado a unos 320 kilómetros (200 millas) al sureste de Buffalo.

Enough! Racist rhetoric will always generate violence and death

By Maribel Hastings and David Torres | WASHINGTON, DC

As unfortunate as Saturday’s deadly shooting was in Buffalo, New York, which claimed the lives of 10 mostly African-Americans at the hands of a deranged white supremacist, the stark reality is that it was to be anticipated.

In fact, it seems that for a good part of American society —the most recalcitrant and supremacist— “solving” social problems is not dialogue, analysis, much less mutual understanding, but simply resorting to armed violence, which has become the sign of the times in this nation.

In fact, it is no surprise that a woefully divided country, particularly since the rise of Trumpism to power, where an Anglo-Saxon sector believes that the growing ethnic minorities want to replace them, is fertile ground for the development of racist fanatics who do not hesitate to take advantage of the other scourge that afflicts this nation: easy access to weapons.

The  21 million firearms , including revolvers, shotguns and automatic rifles that, according to the National Sport Shooting Foundation (NSSF) itself, were sold in the United States in 2020, the worst year of the pandemic, are the most reliable proof that this market It will not cease to bear fruit as long as the trend towards racism persists, which is in turn a breeding ground for that other more than terrifying phenomenon: domestic terrorism, to which young white supremacists, captive clients of the  National Rifle Association, are so prone.  (NRA, for its acronym in English).

This pernicious influence of weapons is not only domestic, but abroad, which largely explains the warlike nature of this nation: according to the Stockholm International Peace Research Institute (SIPRI), 36% of arms exports between 2015 and 2019 corresponded to the United States, with no less than 96 clients, the  true dominant country in that area.

And the worst of the case is that it is political and public figures who add fuel to the fire with their incendiary rhetoric, without measuring the consequences that their speech may have on a feverish mind. Therefore, for many minorities the main concern is precisely that white nationalist agenda, which vehemently promotes the theory of the “great replacement,” a historical absurdity that has nothing to do with the world we need today, in this 21st century.

Because let’s not forget that it has been Republican figures, beginning with former President Donald Trump himself, who promote, for example, the idea that the southern border with Mexico is “out of control” and that we are being “invaded” by undocumented immigrants. In fact, the manifesto of Payton Gendron, the 18-year-old individual who perpetrated the massacre in Buffalo, refers to an unprecedented “invasion,” with which he seeks to justify his despicable acts.

In 2019, in El Paso, Texas, another white supremacist, Patrick Crusius, gunned down a Walmart killing 23 people and injuring 23 others, mostly Hispanics. And there have been attacks against synagogues, African-American churches, mosques, etc., because the hatred of these individuals is against any minority.

The theory of the “great replacement” of Anglo-Saxons by minorities has gone from extremist and white supremacist groups to being normalized by conservative television presenters, as is the case with Tucker Carlson, on Fox News, and by Republican politicians who have given its approval to a racist discourse, if that means mobilizing the hosts that put them in power.

Because the sad thing about this situation is that a sector of the population endorses this racist discourse and favors these figures with its vote, as we saw with Trump in his 2016 victory. As we will see in future elections. There is a receptive audience and the politicians know it. But when someone interprets the rhetoric literally and it culminates in violence, then those same politicians wash their hands of any responsibility. But racist rhetoric, sooner or later, will always generate violence and death. (America’s Voice)