Biden-AMLO y la lejana reforma migratoria / Biden-AMLO and the distant immigration reform

Maribel Hastings y David Torres

Mientras los presidentes de Estados Unidos y México, Joe Biden y Andrés Manuel López Obrador, respectivamente, sostenían su segunda reunión en la Casa Blanca para discutir temas vitales de las relaciones bilaterales, hay asuntos que siguen en el tintero. Y seguirán ahí, tal como en administraciones previas y a pesar de que los encuentros van y vienen, como van y vienen los presidentes de ambas naciones. Uno de esos temas centrales e inconclusos es la reforma migratoria, que sigue durmiendo el sueño de los justos.

Es cierto que durante la nueva reunión de trabajo entre Biden y AMLO —en la que los mandatarios se trataron como socios y amigos, y en la que se destacó la confianza y el respeto a la soberanía— se abordaron temas concretos y vistosos para los titulares de prensa, como esos $3,400 millones ya destinados para reforzar la frontera, disminuir la migración indocumentada y combatir el tráfico de estupefacientes; o las 300 mil visas H-2 que el presidente estadounidense destacó como cifra récord. Pero la esencia de lo que realmente ansía la comunidad inmigrante solo se tocó como una anhelada esperanza que nunca ha podido ser aterrizada, salvo en el discurso.

En esta ocasión, correspondió a López Obrador impulsar esa petición al decir que “es indispensable para nosotros regularizar y dar certeza a los migrantes que durante años han vivido y trabajado de manera muy honesta y también están contribuyendo al desarrollo de esta gran nación”. Algo tan cierto como tan comprobable en la práctica, pero ante lo que la clase política estadounidense prefiere no mirar, ni aceptar, ni mucho menos legislar.

Y así, dada la relación histórica entre México y Estados Unidos, y que gran parte del territorio estadounidense perteneció a los mexicanos, el tema migratorio entre las dos naciones siempre ha sido espinoso. La mayoría de los 11 millones de indocumentados en Estados Unidos son mexicanos y constituyen el principal grupo de inmigrantes en este país, casi 25% de los 45 millones de residentes nacidos en el extranjero. Además, la huella de los mexicanos en la historia, la cultura, la economía, el alma de Estados Unidos es indeleble. Y sus aportaciones en todos estos y otros rubros es invaluable.

Tan solo en cuanto a intercambio comercial se refiere, su valor alcanzó los $248,400 millones, el 14.6% del comercio total en Estados Unidos, de acuerdo con cifras del Departamento de Comercio, correspondientes al primer cuatrimestre de este año. Ello coloca a México como segundo socio comercial de Estados Unidos, debajo de Canadá y encima de China.

Si a ello sumamos el monto de las remesas que los mexicanos envían a su país, el panorama se amplía y refuerza al mismo tiempo la importancia económica de esta migración: tan solo en 2021 los envíos de dinero a México llegaron a la cifra récord de $51,594 millones, un aumento anual de 27.1% respecto al año anterior, que llegó a los $40,605 millones, según el Banco de México (Banxico). Esa cifra tiende a aumentar, cuando se sabe que en abril de este 2022 fueron enviadas remesas por $4,718 millones, según la misma institución.

¿Y la reforma migratoria? Esa sigue siendo una esquiva ilusión. (America’s Voice)

Presidents Joe Biden and Andrés M. López O.

Biden-AMLO and the distant immigration reform

Maribel Hastings and David Torres

While the presidents of the United States and Mexico, Joe Biden and Andrés Manuel López Obrador, respectively, held their second meeting at the White House to discuss vital issues in bilateral relations, there are issues that remain in the pipeline. And they will continue there, just as in previous administrations and despite the fact that the meetings come and go, as the presidents of both nations come and go. One of those central and unfinished issues is immigration reform, which continues to sleep the sleep of the just.

It is true that during the new work meeting between Biden and AMLO —in which the leaders treated each other as partners and friends, and in which trust and respect for sovereignty were highlighted— concrete and eye-catching topics were addressed for the headlines of press, like those $3,400 million already allocated to reinforce the border, reduce undocumented migration and combat drug trafficking; or the 300,000 H-2 visas that the US president highlighted as a record number. But the essence of what the immigrant community really yearns for was only touched on as a longed-for hope that has never been able to be landed, except in the speech.

On this occasion, it was up to López Obrador to promote that request by saying that “it is essential for us to regularize and give certainty to migrants who for years have lived and worked very honestly and are also contributing to the development of this great nation.” Something as true as it is verifiable in practice, but before which the American political class prefers not to look at, nor accept, much less legislate.

And so, given the historical relationship between Mexico and the United States, and the fact that a large part of the US territory belonged to Mexicans, the migration issue between the two nations has always been thorny. The majority of the 11 million undocumented immigrants in the United States are Mexicans and they constitute the main group of immigrants in this country, almost 25% of the 45 million foreign-born residents. In addition, the imprint of Mexicans in the history, culture, economy, the soul of the United States is indelible. And their contributions in all these and other areas is invaluable.

Only in terms of commercial exchange, its value reached $248.4 billion, 14.6% of total trade in the United States, according to figures from the Department of Commerce, corresponding to the first quarter of this year. This places Mexico as the second trade partner of the United States, below Canada and above China.

If we add to this the amount of remittances that Mexicans send to their country, the panorama broadens and at the same time reinforces the economic importance of this migration: in 2021 alone, money transfers to Mexico reached a record figure of $51,594 million, an annual increase of 27.1% compared to the previous year, which reached $40,605 million, according to the Bank of Mexico (Banxico). That figure tends to increase, when it is known that in April 2022, remittances were sent for $4,718 million, according to the same institution.

What about immigration reform? That remains an elusive illusion. (America’s Voice)