Héctor Roa: el jardinero cantante / the singing gardener

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, Oklahoma

Héctor Roa es un inmigrante colombiano, que como muchos otros, llegó a Tulsa hace seis años para cumplir su sueño americano: obtener estabilidad económica para su familia. Y lo logró, hoy es dueño de la empresa de jardinería y mientras corta el pasto de sus clientes los sorprende con su maravillosa voz. Es que además de cuidar jardines, Roa tiene talento nato como cantante, pero miedo de explotar una faceta que pudiera comprometer el futuro de quienes más quiere. “Me gustaría cantar profesionalmente, pero ahorita toca cortar pasto”, reconoció, admitiendo que carece de los conocimientos necesarios para afianzarse en el mundo musical. “Hoy lo vivo como hobbie porque dedicarme por completo a la música requiere de un patrocinio con el que no cuento”, aseguró, recalcando que una de las cosas que más ama de su trabajo actual es que puede escuchar música mientras realiza sus tareas. “A veces uno hace lo que quiere y otras lo que le toca, y dar el salto para combinar ambas es difícil. Sabemos que las cuentas no paran y hay que apoyar a la familia”, dijo sobre las razones por las cuales no puede dedicarse plenamente a su vocación.

Héctor Roa y su hija

Roa se inició musicalmente en su Colombia natal donde la música sonaba desde que uno se levanta hasta que se va a dormir. “Suena música en el trabajo, en las reuniones de los amigos, en un taxi, en cada rincón; y eso me enseno a identificar sonidos, voces, a valorar distintos géneros musicales. Porque cada genero tiene formas distintas de expresar sus sentimientos”, dijo, asegurando que tanta música le dejó una biblioteca mental lírica tan extensa como la variedad de sus interpretaciones.

No obstante, Roa es un tipo que hace lo que debe y las obligaciones siempre están primero. En Colombia trabajó en empresas petroleras y también fue militar, miembro de la MFO. “Es un cuerpo de paz cuya misión es vigilar un tratado de paz que existe entre Egipto e Israel”, explicó, asegurando que su año en Medio Oriente lo ayudó a valorar la diversidad y respetar todos los puntos de vista, por más radicales que suenen.

Sin duda,  ese aprendizaje le sirvió para desembarcar con su mujer e hijas en Estados Unidos, donde la cultura se presentaba como un verdadero desafío. “El idioma nunca fue un problema porque lo hablábamos de antes, pero las costumbres sociales nos costaron un poco, acá la cultura es más bien cerrada”, remarcó. Sin embargo, este emprendedor enfrentó la adversidad y aprendió que en suelo americano la clave para sobrevivir es saber adaptarse a las circunstancias y respetar la diversidad. “Aquí he sufrido al principio, he aprendido y he gozado. Y hoy solo pienso en ver crecer a mi empresa, por mi familia y por todas las personas que trabajan conmigo”, reconoció, intentando explicar con la mirada porque le es imposible dedicarse a su vocación.

Quizás, algún día, Roa pueda ser el cantante que lleva dentro, por el momento, se sincera con sí mismo, y trabaja a diario para sacar adelante su empresa, recordándonos a todos, que no hay sueño americano sin sacrificio, aunque este implique ceder la propia vocación. (La Semana)

Héctor Roa junto a su esposa e hijas

Héctor Roa: the singing gardener

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Héctor Roa is a Colombian immigrant who came to Tulsa six years ago, to do what most aspire to, fulfill his own American dream and obtain the economic stability needed to support his family. And he made it happen; today he owns a gardening company. And while he mows the lawn, he surprises all his clients with his marvelous voice. In between weeds and flower care, Roa sings, and shows how powerful his voice is, even if he is hesitant to make a business out of music.

“I would love to sing professionally but now I have to cut grass,” he said, recognizing he lacks the knowledge needed to succeed in the music industry. “I sing as a hobby, because making a living out of it requires a sponsorship I don’t have.”

Roa acknowledged his job allows him to sing freely while supporting his family at the same time.

“Sometimes you get to do what you love, other times what you have to, and combining both is difficult. Bills don’t stop and the family needs to be taken care of,” he said realistically.

Roa found his love for music in Colombia, where the radio sounded from dusk till dawn.

“You listened to music at work, with friends, on the bus, a taxi, on every corner. And that exposure taught me to identify sounds, voices, and explore the different musical genres. Because each genre explores feelings on a different way,” he said, trying to explain the ridiculous number of songs he has recorded in his mental library.

Still, Roa seems to control his passions and puts obligations first, something he learned from his time in the military.

“I was a member of the MFO, a peace corps that has to enforce a treaty signed between Egypt and Israel,” he explained, adding that the year he spent in the Middle East allowed him to cherish diversity and respect all points of view, regardless of how radical they might be.

Without a doubt, those experiences helped Roa pave the way to America, where culture seems to have been a real challenge.

“We already spoke the language, but social aspects were tricky,” he explained. “Here, culture seems to be more closed, more private.”

Still, this entrepreneur faced adversity diligently and learned that the key to survival on American soil is to adapt and embrace diversity.

“I suffered at first, I learned, and I have also profited. Today the only thing that matters is my company, my family and the people I work with,” he said trying to explain with one look why duty comes before vocation.

Maybe one day Roa will finally unleash the powerful singer he has inside. But for now, he is completely honest with himself and works daily to make his company grow, reminding us all the American Dream always comes with a price, and sometimes it might be our own vocation. (La Semana)