Chilpancingo: el infierno de la burocracia / The enigma of Chilpancingo

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino

CHILPANCINGO-MEXICO — Chilpancingo es un pequeño poblado enclavado en las montañas de Guerrero que cuenta con casi 400 mil habitantes y está ubicado a tan solo tres horas de manejo desde México City (275 Km) y a poco más de una hora de las famosas playas de Acapulco. Pero allí, nada funciona como debe. Dos bandas criminales, los Ardillos y los Tlacos, controlan la ciudad, haciendo famosa a la localidad por el reciente secuestro de 30 integrantes del Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Estatal.

Este reportero, de visita en Chilpancingo, pudo comprobar que la población está acostumbrada a la violencia y al ruido de las balas porque escuchó  disparos, los vecinos, con total indiferencia levantan los hombros y afirman: “eso ya no nos preocupa, pueden ser balas reales festejando algún evento en la iglesia del pueblo o una pelea entre los grupos criminales”, todo mientras comen tacos en familia alrededor de la plaza principal.

Pero la violencia no es todo lo que necesita modificación en Chilpancingo, la vida allí es injusta, incluso cuando lo único que uno quiere hacer es un trámite legal. Por ejemplo, si quieres realizar cambios en tu certificado de nacimiento u otro documento oficial que fuera transferido al nuevo sistema computarizado de datos en la Dirección General del Registro civil de Chilpancingo, mereces una paciencia especial. Es que los errores gramaticales, la omisión de letras y nombres, pueden resultar un martirio, casi peor que el del crimen organizado.

El primer paso para realizar un trámite es adquirir un turno en el Registro Civil, para hacerlo, se necesita madrugar, levantarse a las 5 de la mañana y esperar casi dos horas a que abra la institución. Pero tampoco eso alcanza, porque muchos duermen en la calzada del edificio y monopolizan la mayoría de las fichas que luego las venden por $ 100 pesos mexicanos (equivalente a 5 dólares) a los que están en fila. Hecha la ley, hecha la trampa dice el dicho, no obstante, el martirio no termina allí. Al   llegar a la ventanilla de turnos los empleados comienzan a pedir una serie de documentos que el contribuyente desconocía. Un empleado del otro lado de la ventanilla le recomienda que visite al licenciado de turno para que le ayude con la documentación y los trámites posteriores. El licenciado revisa los papeles y en pocos minutos despide al contribuyente con la promesa de que si la documentación se según encuentra en los archivos podrá finalizar el trámite, y los costos pueden superar los $ 500 según la modalidad del trámite.

Los residentes de esta bella pero contradictoria ciudad no saben que pueden obtener sus actas de nacimiento via internet, desconocen que la burocracia está al servicio del ciudadano, pues para ellos es hasta una clase social con más derechos que el resto. En Chilpancingo los ciudadanos viven a merced de su propia suerte, entre el crimen organizado y un estado ciego, que entorpece todos los caminos.  (La Semana)

The enigma of Chilpancingo

By Guillermo Rojas &Victoria Lis Marino

CHILPANCINGO-MEXICO— Chilpancingo is a small town located in the Guerrero mountains. It has around 400 thousand inhabitants and a strategic location, 275 km away from Mexico City and one hour from the sunny beaches of Acapulco. The problem is that this town is nothing like the other two-, and every-day life is more difficult than in the rest of Mexico. Two criminal gangs, the Ardillos and the Tlacos, control Chilpancingo, and recently kidnapped and held hostage for nine hours almost 30 enforcement agents from the army, the state police, and the national guard.

This reporter was able to assess, while visiting the city, that people are used to violence and even the sound of bullets, which can be heard on an ordinary day. The neighbors, completely oblivious to the situation, look around and say, “That doesn’t worry us any more, they can be real shots fired by the gangs, or by the people while celebrating an event,” all while they eat tacos around the main square.

But violence is not the only thing that requires fixing in Chilpancingo. Life in this forsaken town is plain unfair, something that I witnessed firsthand when trying to obtain a birth certificate at the local registry. Without doubt, if you are trying to obtain a birth certificate or other official document in the civil registry, you must have an extra dose of patience. Grammatical errors, omission of letters and change of names can become a nightmare, worse than organized crime.

The first step to approach the registry is obtaining an appointment, and to do so, one needs to fly early, get there by 5 am, and wait until the doors open. Considering that people have been lining up there all night – and some even sleep at the curfew to sell the appointments for $5 – it is hard to find a place. Still, the issue doesn’t end there, for after purchasing the appointment one reaches an office where a bureaucrat starts asking you for papers you didn’t even know existed. And they tell you the best option is to hire a notary for help, a man who, obviously clueless, asks for $25 before telling you nothing can be done. The Mexican state fails all the citizens of Chilpancingo, who face corruption inside and outside the judiciary services, and this makes everything slower.

The residents of this beautiful but abandoned town don’t know they can obtain their birth certificates online, they are not aware bureaucracy is there to serve the citizens, because for them, they look forlornly at a special social class with more rights than the rest. In Chilpancingo, all citizens are just lucky to be alive, struggling in between organized crime and a blind state that seems to make everything worse. While I walk around Tulsa, I think about how lucky I am and wonder, what can be done to help these poor people? (La Semana)