El maravilloso mundo de la escritura / The wonderful world of the written word

Por Marta Rosa Mutti

Nota del editor: Marta Rosa Mutti vive en Buenos Aires, Argentina. Es una reconocida escritora que lleva publicados doce libros en todos los géneros literarios, dos de ellos traducidos al inglés. Es periodista y editora. Entre otras cosas, se dedica a la formación del escritor motivada por trasmitir su pasión por la escritura, siendo la expresión donde la persona es libre de habitar tantos mundos pueda imaginar.

La palabra – El escritor – Escribir – El libro

La simbolización de una palabra remite a significados infinitos, propios de la vida misma cuya profundidad se define a través del peso que se le otorga.

Es la puesta en evidencia de lo que dicen las ausencias,  los silencios, sus murmullos y gritos mudos.

 El escritor navega las aguas de estos mundos que conforman apenas y tanto como la vida y la muerte  a fin de gestar las historias, sus pasiones, desvelos y glorias. El acto de escribir remite pues a la génesis, misma de ser.  Parte de una pulsión, una necesidad imperiosa, urgente e impostergable de transpolar en idea  la emoción, el sentimiento,  la observación y análisis de todo lo que nos conforma y de todo lo que nos rodea.

 Porque  de eso se trata vivir, de la huella que se fija y al hombre le impele dejar registro de sus pasos.

 He aquí lo trascendente del acto de la escritura, y del que elige escribir, o es elegido por los hilos de este arte, disciplina, profesión y sin dudas pasión.  Pero nada de lo expuesto tendría sentido  si las historias, poesías, tiempos imaginarios, realidades fantásticas, crudas, siniestras y tantos  otros aspectos que no menciono; no tuvieran un lugar dónde habitar expresando lo percibido y descubierto de modo individual  o general. Y ese lugar es precisamente el libro.

 Una compañía que no condiciona.

 Un torrente de sentidos que no se puede detener.

 La puerta de entrada  a todos los lugares de este mundo y de otros infinitos donde no hay contradicción sino transformación, asociación e identificación que laten por fuera de la anécdota o el verso porque conforman una revelación que dice: nada es igual, nada permanece intacto, todo está sujeto a un irreversible proceso de evolución.

Ello supone transitar espacios de cambios en los que la literatura funciona como conductora y conectora y el libro es su casa, su techo, su abrigo. Un navío en el que viaja el hombre y sus universos.

Puede suceder que nos pongamos a escribir una historia luego de soñarla, o de descubrir su punta en el intersticio de nuestros actos cotidianos o en los de cualquiera. Un episodio intrascendente que dispare la idea. Y aquí, dará comienzo la tarea.

Toda obra debe ser el producto de un bosquejo definido y calculado de los matices del pensamiento y de la imaginación. Un entretejido que nos pasee por la superficie y simultáneamente nos lleve hacia el fondo de la trama porque allí, espera la epifanía.

Marta Rosa Mutti

The wonderful world of the written word

By Marta Rosa Mutti

Editor’s note: Rosa Mutti lives in Buenos Aires, Argentina. She is a well-known writer and has published 12 books in different genres, two of which have been translated into English. She is a journalist and editor, and among other things she dedicates her life to empowering future writers who share her passion for writing, hoping, they can be free enough to inhabit all the worlds they can imagine.

The Word-the writer- Writing- The book

The symbolization of a Word follows infinite meanings, meanings that belong to life itself, who’s depth defines according to the weigh it has been given.

It is the state of the evidence of what’s said through those things that are missing, the silences and its whispers and mute screams.

The writer sails the waters of the worlds they conform, merely and mostly like life and death to give birth to stories, passions, glories and insomnia. Writing takes us to the genesis of the being. It is part of a compulsion, an imperious need, urgent and unpostponable that implies translating an idea into emotion, a feeling, an observation, and an analysis of everything that conforms us and surrounds us.

And that’s exactly what living means, a footprint that is fixed and a man compelled to leave some trace of his steps.

Here is what transcends the act of writing and the person that chooses to write or is chosen by the threads of this art, discipline, profession, and passion. But nothing of the previous would make any sense if the stories, poetries, faraway times, fantastic realities, sinister characters, and other aspects I am not mentioning wouldn’t have a place to inhabit, a place that is expressed by what we perceive and uncover individually, and luckily, by many. And that place is the book.

A company that doesn’t condition the self.

A torrent of senses that cannot be stopped.

The door to all the places of the world and the imaginary ones where there are no contradictions but transformation, association and identification, things that beat outside the mere anecdotes or the verse, and conform a revelation that says: nothing is the same, nothing remains the same, everything is affected by the irreversible process of evolution.

And all of this implies walking spaces of constant change in which literature works as conductor and connector and the book is the home, the roof, the shelter. A ship in which men and their universes are the passengers.

It can happen that we start writing a story after a dream, or we discover its peak in the interception of our ordinary habits, or somebody else’s. A transcendent episode triggers the idea, and that makes the beginning of the chore.

Every piece needs to be the product of a defined and calculated sketch of the shades of thought and imagination. An interweaver that penetrates the surface and simultaneously takes us to the depth of the plot, because there, epiphany awaits.