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Tortillería Puebla, un éxito con cara de mujer / Tortillería Puebla: feeding hungry Tulsans with flour and love

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Siempre se comenta que la mujer mexicana es el sostén de la familia, aquella que hace malabares para mantener a todos contentos y hasta posibles los emprendimientos más irrisorios. Y nadie mejor para confirmarlo que María González, la  dueña de tortillas Puebla ubicado en 31st y Garnett, un clásico de Tulsa con más de treinta años de sabor.

González es originaria de Puebla y en su honor decidió  tres décadas atrás,  comenzar a fabricar tortillas en estados Unidos como negocio de familia que prometía cambiarle la vida. “Fue la necesidad, los mexicanos no tenían tortillas y querían comer lo típico del pueblo”, reconoció González sobre el puntapié inicial de su éxito. Y precisamente esa necesidad acompañada del increíble crecimiento de la comunidad hispana en Tulsa la llevó a abrir una fábrica con 4 máquinas, 35 empleados y una producción de 200 cajas de tortillas diarias que siempre, se venden. 

María es una fiel devota de dios, y está convencida que todo lo conseguido hasta el momento ha llegado por fe y devoción. Sin embargo, veinte minutos en su fábrica bastan para constatar que es ella la gran artífice de su destino. Va y viene por la fábrica, y se abre paso al andar con sonrisas y algo en la mano; está aquí en la entrevista, un poco allá en la cocina y también arreglando alguna de las máquinas que se descompuso. Su energía vital es tal que se contagia, y de repente todo el trabajo parece más fácil de lo que en realidad es. “Cuando uno ama lo que hace nada es difícil”, reconoció, admitiendo que el trabajo no es trabajo si se hace con gusto y amor. 

Las crujientes tortillas salen de la máquina y dan ganas de querer comerse una atrás de otra, no queda alternativa que preguntarle a María por qué son tan ricas. “El secreto para fabricar la tortilla es la pasión, los elementos los puso ya dios en la tierra, la clave es mezclarlos con amor, como a todo lo demás”, dijo con sinceridad, admitiendo que siempre ha tenido un don con las manos, especialmente para cocinar. “Cocino como si fuera para mi familia, y noto que a la gente le encanta y esa es mi mayor satisfacción”, aseguró. 

La comunidad hispana de la ciudad crece y tortillería Puebla también, y muy próximamente inaugurarán un segundo local para duplicar la producción. “No pensamos que esto fuera a suceder, arrancamos con una máquina y dijimos seguro así es suficiente, hoy tenemos cuatro y nos damos cuenta que no alcanzamos a satisfacer la demanda, así que compramos una quinta”, explicó, sin saber que depara el futuro más que lo que Dios quiera.

María es una mujer especial, con la energía de mil caballos de fuerza, el espíritu de campanita y un amor infinito por dios y su familia que le han permitido cosechar un éxito rotundo. A todos los emprendedores que busquen seguir sus pasos María les aconseja acercarse a Dios y emprender a corazón abierto, porque como ella sostiene, “Se puede si uno disfruta del trabajo como de un pasatiempo, y si confiamos en el señor, porque con él a tu lado no hay ni problema grande, ni chico, sólo soluciones”. (La Semana)

María González (I) junto a su familia| Foto: Guillermo Rojas

Tortillas Puebla: feeding hungry Tulsans with flour and love

By Guillermo Rojas | Tulsa, OK

Most people would agree on the role of women in Hispanic families, they are the hearts and minds of the pack, the ones that keep minds nourished and bellies full and who help make possible the most incredible businesses. And no one is better than Maria Gonzalez to confirm this — the owner of Tortillería Puebla at 31st and Garnett shows that women are capable of anything, especially spicing up a city while turning a profit at the same time. 

Gonzalez was born in Puebla and, after moving to the US more than 30 years ago, she decided to make tortillas to honor the flavors she had to leave on the other side of the border. 

“Mexicans did not have their own tortillas, not ones that tasted like home,” she said about the beginnings of the company. And it was precisely the need that that came along with the growth of the Hispanic community in town that made Puebla Tortillas flourish. Today the factory has four operating machines, more than 35 employees and a production of 200 packs of tortillas a day, and it cannot keep up with demand.

Maria is a fervent believer, and is convinced everything she has is a result of her faith in God and her constant devotion. Still, sharing 15 minutes with her at the factory is evidence enough to prove that she masters her own destiny and leads her business with grace and omniscience. She comes and goes, always busy holding something in her hands, and she needs to be followed to talk because she is a minute in the kitchen, then in the interview and later fixing a machine that broke down. Her energy is such that it makes the job seem deceptively easy, which it isn’t. 

“When you love what you do everything is easy,” she observed, noting that work is never work when you do it with love and pleasure.

As her tortillas emerge from the oven it’s impossible not to be hungry, and it seems imperative to ask Maria the secret of that intense flavor that makes them unique. 

“The secret to make tortillas is pure passion. The elements are there, they were given by God, but the key is to blend them with love, like everything else in life,” she said, even if everyone claims she has heavenly hands that cook deliciously.  

“I always cook as if it was for my family and people love it, it’s the best of satisfactions,” she stated proudly.

The Hispanic community grows and Tortillería Puebla Puebla grows too. Soon they will open a second factory and double their production. 

“We never thought we would get this big. We had one machine and thought it was enough, now we have four and cannot satisfy the need, and so we bought a fifth,” she said, hoping that God will accompany her in her future growth.

Maria is a very special woman, one with the energy of a thousand wild horses, the spirit of Tinker Bell and an infinite love for God and the family that has helped her achieve her successes. To all those entrepreneurs out there following their dreams, Maria advises to follow God and work with an open heart. 

“You can always do it if you work like if you were practicing a hobbie, and if you trust the power of the Lord. With him beside you, problems are not problems at all, only solutions.” (La Semana)