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Trump y Proud Boys, el lado oscuro de la historia de EEUU / Trump and the Proud Boys, the dark side of U.S. history

Por Maribel Hastings and David Torres

Washington, DC — Es de anticiparse que en los retorcidos tiempos en que nos ha tocado vivir, la sentencia de 22 años al exlíder de los Proud Boys, Enrique Tarrio, por conspiración sediciosa tras el asalto al Capitolio el 6 de enero de 2021, provoque que el grupo extremista sume seguidores y pueda extender sus tentáculos por todo el país.

Es, de hecho, una reacción natural entre quienes se sienten “ofendidos” porque a un antipático provocador le han dado su merecido con base en la ley; y no importa que sea de origen hispano, como muchos de esta comunidad que se identifican con su altanería y fechorías, sino que lo más importante es que Tarrio representa el vivo reflejo de un segmento de la población que deifica el extremismo y la violencia por encima de todas las cosas.

Es algo similar a lo que ocurre con Donald J. Trump, que mientras más cargos criminales enfrenta, 91 hasta el momento, derivados de cuatro casos separados, más apoyo recibe de sus seguidores y más dinero suma a sus arcas en su intento de convertirse en el nominado presidencial republicano en 2024.

La más reciente encuesta de CNN, por ejemplo, arroja una preferencia de 52% hacia el exmandatario, en comparación con el gobernador floridano, Ron DeSantis, quien solo recibió 18% de apoyo. Es decir, hay ahora una diferencia de 34% entre los dos aspirantes presidenciales más antiinmigrantes de la historia reciente de Estados Unidos.

No olvidemos que la intentona de golpe de estado del 6 de enero tenía el objetivo de evitar la certificación de Joe Biden como el legítimamente electo presidente de Estados Unidos, porque Trump y sus habilitadores propagaron la mentira de que le habían “robado” la elección. Trump instó a la turba, incluyendo a los Proud Boys, a asaltar el Capitolio, prometiéndoles indultos si llegaba a ser presidente de nuevo en 2024.

Y aquí nos encontramos en el umbral de otra elección y parece que nada se ha aprendido. Porque la base del Partido Republicano favorece a una persona que en cualquier liga sería catalogada como un delincuente.

Es decir, un individuo con 91 cargos criminales es el favorito en las encuestas, y por mucho. Controla el mensaje de su partido en diversos rubros, incluyendo inmigración, al grado de que congresistas republicanos de extrema derecha amenazan con cerrar el gobierno si en la medida que financia las operaciones no se cumplen sus demandas migratorias, incluyendo que se levante el ridículo muro en la frontera y que se lleve a votación el proyecto que busca un juicio de destitución contra el presidente Biden.

Porque a final de cuentas, la línea entre extremistas violentos como los Proud Boys y el resto del Partido Republicano ya no se distingue. De hecho, esos republicanos fueron los mismos que tardaron en condenar el asalto del 6 de enero; son quienes siguen propagando la mentira del “robo” de la elección, y quienes a pesar de todas las pruebas contundentes del papel de Trump sostienen que es un “perseguido político”. (America’s Voice)

Proud Boys vid en protest i Raleigh, North Carolina i november 2020. Foto: Anthony Crider/Flickr

Trump and the Proud Boys, the dark side of U.S. history

By Maribel Hastings and David Torres

Washington, DC – It’s to be expected that in these twisted times in which we are living, the twenty-two year sentence for the former leader of the Proud Boys, Enrique Tarrio, for seditious conspiracy after the January 6, 2021 assault on the U.S. Capitol will prompt the extremist group to add to its followers, and even extend its tentacles throughout the country

In fact, it’s a natural reaction among those who feel “offended” because an unfriendly provocateur got what he deserved under the law; and it doesn’t matter that he is of Hispanic origin. What’s most important is that Tarrio represents a living reflection of a segment of the population that deifies extremism and violence over everything.

Something similar is occurring with Donald J. Trump. However many criminal charges he faces, 91 as of this writing, stemming from four separate cases, the more support he receives from his followers and the more money is added to his coffers for his campaign to be the Republican presidential nominee in 2024.

For example, the most recent CNN poll shows that 52% prefer the former president, compared with the Governor of Florida, Ron DeSantis, who only receives 18% support. That is, there is now a 34-point difference between the two most anti-immigrant presidential aspirants in recent U.S. history.

Let’s not forget that the attempted coup d’etat on January 6 had the objective of avoiding the certification of Joe Biden as the legitimately elected president of the United States because Trump and his enablers propagated the lie that the election had been “stolen” from them. Trump incited the mob, including the Proud Boys, to attack the Capitol, later promising them pardons if he becomes president again in 2024.

And this is where we find ourselves, in the shadow of another election, and it seems like nothing has been learned. Because the Republican Party’s base favors a person who would be considered a criminal in any league.

Essentially, an individual with 91 criminal charges is the favorite in the polls, and by a lot. He controls his party’s message on various fronts, including immigration, to the degree that Republican congress members from the extreme right are threatening to close the government if the operational funding bill doesn’t include their migration demands, including construction of the ridiculous wall along the border, and that the effort to impeach President Biden be brought to a vote. 

Because at bottom, the line between violent extremists like the Proud Boys and the rest of the Republican Party is no longer distinguishable. In fact, those Republicans were the same ones who delayed condemning the January 6 assault; they are the ones who continue propagating the lie of the “stolen” election; and they are the ones who continue to insist Trump is being “politically persecuted,” despite all of the compelling evidence about his role.  (America’s Voice)