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Biden contra las cuerdas por el muro fronterizo / Biden faces anger over border wall

Análisis por William R. Wynn | TULSA, OK

Una de las primeras leyes de la política que no muchos candidatos respetan es no hacer promesas de campaña que no se pueden cumplir. Y uno pensaría que tras haber pasado una vida entera en la arena política Joe Biden habría aprendido la regla, sin embargo, los eventos acaecidos la semana pasada sugieren lo contrario. El 4 de octubre la administración Biden anunció la construcción de un muro de 20 millas de largo en el valle de Rio Grande, lo que contradice a las claras las afirmaciones que el presidente clamara en la campaña del 2020 cuando dijera: “No se va a construir ni un centímetro más de muros en mi presidencia”.

El presidente insiste que no tuvo elección en el asunto pues el Congreso ya había apropiado los fondos para construir esta sección en el 2019, bajo la administración Trump, y precisamente por la proveniencia de los fondos es que Biden  se ve hoy obligado por ley a finalizar el proyecto.

Cuando el presidente asumió su cargo allá por el 2021 decidió cancelar rápidamente la construcción de todos los muros que usasen dinero que hubiese sido obtenido mediante la deducción del presupuesto a los militares, efectivamente deteniendo todas las nuevas obras. Pero en los casos en los que para la extensión de muros o reparaciones se estuviera utilizando dinero aprobado y distribuido por el congreso, la administración de Biden chocaba contra una pared.

“Si el congreso aprueba una ley para construir algo, sea un avión o un muro, yo no puedo decir ‘no me gusta, no lo pienso hacer’”, explicó Biden asegurando que intentó que el congreso reubicara los fondos. “Intentamos pedirle al congreso que considerara cambiar la ley para reapropiar el dinero y usarlo para otros propósitos, como tener más agentes en la frontera, más capacidades tecnológicas de detención del fentanilo y cosas así. Eso es lo que yo quería hacer”. 

Y para hacer justicia hay que mencionar que el presidente ha dicho en reiteradas oportunidades que el muro no es la solución, que no funciona, y que la única manera de bajar las cifras de cruces ilegales es por medio de recursos tecnológicos y cambios de política. Desafortunadamente para el presidente, su propio secretario de seguridad, Alejandro N. Mayorkas, lo contradijo la semana pasada al publicar el “informe de determinación”, sobre la construcción de los muros, afirmando: “Que existe una aguda, presente e inmediata necesidad de construir barreras físicas y caminos cercanos a la frontera con Estados Unidos para evitar los ingresos no autorizados al país”.

Luego,Mayorkas agregó que en el oficio de sus funciones apadrinaba unas veinte leyes federales para que estas barreras pudiesen ser eficazmente construidas, una movida que enojó a más de un defensor del medio ambiente.

“Estoy enojada”, le dijo la ecologista Nayda Alvarez al diario The Guardian. “Biden no mantuvo sus promesas, ¿Qué pasó con el valor de su palabra? Pensamos que íbamos a estar bien con un demócrata como presidente y ahora él viene y ¿hace esto? Es como si nos hubiesen clavado una puñalada por la espalda.” 

Entre los grandes críticos del muro se incluye la diputada demócrata por California, Nanette Barragan, presidente de la comisión hispana en el congreso y quien también expresara su decepción ante la noticia. “Si bien los fondos para construir este muro provinieron de una ley aprobada bajo la presidencia republicana de Donald Trump, la decisión no está en sintonía con el compromiso de la actual administración y sus deseos de terminar con la construccion de muros”, dijo Barragan en respuesta al informe de Mayorkas.

La realidad es que unas 17 millas de pared en la frontera Sur no van a modificar la situación inmigratoria nacional ni terminar con el contrabando, pero si le ponen palos en la rueda a un presidente que comienza a mirar su relección desde lejos. Para conseguir dominar al alguna vez destronado pero sorprendentemente resiliente predecesor, Biden necesitará una fuerte base electoral que desee ir a participar de los comicios y cualquier error en el camino como este, sin dudas no ayuda. (La Semana)

Biden faces anger over border wall

Analysis by William R. Wynn | TULSA, OK

One of the first rules of politics, albeit one that few candidates ever adhere to, is to not make campaign promises you can’t keep. One would think that, after a lifetime in the political arena Joe Biden would have learned this, but the events of the past week suggest that he has not. On October 4, the Biden administration announced it was building up to 20 miles of border wall in the Rio Grande Valley, contradicting then candidate Biden’s assertions in 2020 that “There will not be another foot of wall constructed in my administration.” 

Biden insists that he had no choice in the matter, because Congress had already appropriated the funding for this section of barrier in 2019, during the Trump administration, and that because of how this was funded he is bound by law to complete the project.

Upon assuming office in 2021, Biden quickly cancelled the building of any border wall that would use money Trump had redirected away from the military, effectively stopping all new construction in its tracks. But there were a few sections of barrier repairs or extensions where the money had specifically been allocated by Congress, and it is in these cases that the Biden administration hit its own brick wall. 

“[If] Congress passes legislation to build something, whether it’s an aircraft carrier or a wall…I can’t say ‘I don’t like it – I’m not going to do it,’” Biden explained, adding that he tried to get Congress to reallocate the money. “We tried to ask the congress to consider changing the law, to reappropriate it, to use it for other purposes. Give me more border agents, give me more technical capabilities to detect fentanyl and the like. That’s what I want to do.” 

And in fairness, Biden has repeatedly stated publicly that the wall doesn’t work and the way to reduce unauthorize crossings is through technology and policy changes. Unfortunately for the President, his own Homeland Security secretary, Alejandro N. Mayorkas, contradicted his boss in last week’s “Notice of Determination” filing about the wall extension, stating, “There is presently an acute and immediate need to construct physical barriers and roads in the vicinity of the border of the United States in order to prevent unlawful entries into the United States…”

Mayorkas then went on to say that, in his “sole discretion” and in his official capacity, he was waiving over 20 federal laws so that the barrier could be efficiently constructed, a move that enraged many environmental advocates.

“I’m angry,” ecological activist Nayda Alvarez told The Guardian. “Biden didn’t keep his promises – what happened to his word?… We thought maybe we’d be OK with a Democrat as president, and now Biden did this. We’re being stabbed in the back.”

Other longtime critics of the wall, including California Democratic Rep. Nanette Barragán, chair of the Congressional Hispanic Caucus, likewise expressed disappointment in the announced action.

“While this border wall funding was signed into law by President Trump under Republican leadership, this decision is not in line with the current administration’s commitments to end border wall construction,” Barragán said in response to the filing by Mayorkas.

Truthfully, 17 miles or so of new wall on the southern border is unlikely to change the situation on the ground when it comes to migration or smuggling, but it is posing an unneeded and surely unwanted optics problem for a President facing a tough reelection bid. To fend off a challenge by his once defeated but astonishingly resilient predecessor, Biden will need a strong base of supporters that is energized about turning up on election day, and public relations gaffes like this certainly won’t help. (La Semana)