FeaturedSociedad

Una vida como mamá de acogimiento / A life as a foster mom

Por Guillermo Rojas

Tulsa, OK – Aceptar la responsabilidad de cuidar a otros es algo que llega siempre con la adultez. Pero convertirse voluntariamente en padre o madre de acogida es un acto propio de corazones grandes que no todos los adultos estamos dispuestos a hacer.

Tisha Kimball comenzó en el programa de acogimiento en 1983 y desde entonces le ha dado calor de hogar a más de 25 niños. Hoy, con 8 hijos, de los cuales 6 fueron adoptados mientras estaban bajo su cuidado, Tisha reflexiona sobre los pros y contras de su decisión buscando que muchas familias de Oklahoma le abran su corazón a los niños sin hogar.

Actualmente en el sistema de adopciones de Oklahoma hay unos 439 niños que no tienen una casa de acogida, pequeños para los que faltan hogares dispuestos a recibirlos con los brazos abiertos. Ser madre o padre de acogida requiere de fuerza interior, pues son familias que se convierten en puentes entre el sistema y las futuras familias adoptivas de los niños, lo que implica que el cuidado de los menores es temporario y quizás algún día se tengan que ir. “Tienen que saber desde el primer día que a los chicos se los pueden llevar y eso es doloroso. Tu corazón se va a romper una y otra vez pero no hay nada que puedas hacer más que rezar que consigan una familia que los ame”, dijo Tisha, quien hasta ahora ha tenido la suerte de que la mayor parte de los niños a su cargo permanecieran en el hogar hasta los 18 años. 

Tisha también fue adoptada cuando era una niña, y nadie nunca le informó sobre sus raíces nativo americanas, y su pertenencia a la tribu Creek. Esa experiencia la marcó tan profundamente que decidió utilizar su pasado para cambiar el presente de muchos otros que compartían una historia similar. “Comenzamos a recibir chicos en casa cuando mis hijos de nacimiento tenían entre 9 y 10 años y ya podían ayudar. Así nos cuidábamos los unos a los otros”, explicó recordando los tiempos en los que los grandes cuidaban a los más pequeños y la casa se llenaba de risas. 

Como el resto de las familias de acogida Tisha recibe mensualmente una compensación estatal de entre $300 y $500 por el cuidado de los niños, pero ella jura que la plata no es el principal beneficio. “El beneficio más grande es poder brindarle a un niño amor, un hogar y aceptación para ayudarlos a convertirse en individuos sanos”, reconoció.

En Oklahoma para convertirse en padre o madre de acogida se necesita aprobar un extenso chequeo de datos, poseer una vivienda estable que sirva a las necesidades de los niños y tener tiempo para las clases de pre-acogida, que ensenan a cuidar a los que iniciaron sus vidas faltos de amor. 

“Si tienes una casa limpia y puedes darle al niño un lugar donde dormir, y no tienes nada en tu prontuario que complique las cosas no es nada difícil”, dijo Tisha. Aun así, existe algo sobre lo que no hay dudas, brindar acogimiento es solo para corazones elásticos, personas capaces de dar amor incondicional sin remordimientos. “La peor parte de todo esto es cuando se ponen grandes y empiezan a preguntar sobre sus padres. Es difícil darles una mirada positiva de esas personas que voluntariamente o a la fuerza ignoraron a sus hijos. Eso es lo peor, verlos reconectar con sus padres biológicos”, reconoció con pena. 

Pero Tisha sabe que nada de lo anteriormente dicho puede nublar la satisfacción de tocar con la varita mágica del amor, la vida de otro individuo para siempre. “Nada se compara a poder verlos crecer y florecer. Esa es la principal ventaja de esto, poder ser testigos de cómo se convirtieron en personas de bien que supieron prosperar en la vida.”. 

Si deseas convertirte en un padre o madre de acogida contáctate con el Departamento de Servicios Humanos de Oklahoma y cambia dos vidas en una sola acción, la de un niño, y la de ti mismo. (La Semana)

Tisha Kimball comenzó en el programa de acogimiento en 1983

A life as a foster mom

By Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino

Tulsa, OK – Accepting the responsibility of caring about others is an admirable trait, but willingly becoming foster parent is a true act from the heart, one that not all of us are ready to make. Tisha Kimball started fostering in 1983 and welcomed 25 children into her house. Today, with eight children of her own, six of whom she decided to adopt while being foster mom, Tisha reflects on the high and lows of her decision and encourages the families of Oklahoma to open their hearts to love. 

There are 439 children in the state of Oklahoma waiting to be placed in foster care, but not enough families to receive them. Fostering requires strength — these families are bridges between children placed in the adoption system and future adoptive families, which means the care is just temporary and the possibility of adopting doesn’t always exist. 

“You need to know the children may be taken from yoiu, and your heart will break, but there is nothing you can do about it but pray they go to a good home,” said Tisha, who was lucky enough to have most of her fosters until they were 18.

Tisha herself was adopted when she was young, and not even informed she was Native American Creek. The experience shaped her in such ways that she decided to use the past to change the present of many others that share her story. 

“We started fostering when my own birth children were 10 and 9, and could also help. We all took care of each other,” she said, remembering the times in which the eldest took care of the little ones and the house filled with laughter. 

Like any other foster parent, Tisha received a monthly reimbursement, money granted by the state for taking temporary care of children, an amount that varied between $300 and $500.  “But the benefits for me is just to be able to give a child love, a home and acceptance and help them grow as an individual in life,” she acknowledged. 

In order to become a foster parent, you need to go through an extensive background check, have a stable living arrangement, a house that meets the needs of the children in the custody of the department of human services, and time to take the pre-fostering classes designed to make sure you understand how to take care of children whose lives started with a void of love. 

“If you have a clean home and can provide the child with its own sleeping place, and you don’t have anything in your background that would be derogatory, it’s not that difficult,” Tisha said. Still, one thing is certain, fostering is only for elastic hearts, people strong enough to love and let go with no regrets. 

“The worst part of fostering is them growing up and asking for information about their birthparents, and it’s hard to give them a positive outlook of those that were willing or forced to give up the rights of those children,” she said. 

But Tisha believes that even the worst part of fostering does not cloud the best, the possibility of positively touching the life of another human being. “Nothing compares to being able to see them grow and thrive. That is the real best thing, watching them become good people and prosper in life,” Tisha said.

If you would like to become a foster parent, contact the Department of Human Services of Oklahoma and change two lives: a child’s and your own. (La Semana)