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Jim Campos, un pionero en la comunidad hispana de Tulsa / Jim Campos, a Pioneer in Tulsa’s Hispanic Community

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

La primera vez que Jim Campos puso un pie en Tulsa fue en 1976, proveniente de una familia mexicana radicada en Nuevo México, a sus 18 se tomó un bus y con sólo 100 dólares en el bolsillo vino a cumplir una promesa: ser el primero de su familia en ir a la universidad.  

Jim había sido criado en un pequeño pueblo agrícola donde se labraba el campo y las oportunidades no sobraban. ¨Aun así mi padre se las ingenió para enseñarme a trabajar y mi madre a estudiar. Y me dijeron ´tú vas a salir adelante, vas a ir a la universidad. Y fui el primero de siete hermanos en lograrlo´¨, dijo con orgullo.

Como era muy creyente, se inscribió en la universidad de Oral Roberts, aun cuando su promedio le permitía ir a Harvard. ¨No conocía a nadie aquí, y digamos que en ese entonces Tulsa no era lo que es hoy, no había casi mexicanos. Fue todo un desafío¨, recordó sobre sus primeros días en la ciudad. 

Pero de alguna forma este pionero se las ingenió para mantener sus raíces intactas, estudió duro, como su madre le pidió y aplicó todas las enseñanzas de sus abuelos, para hacer de Tulsa su hogar. ¨Ellos me enseñaron a estar orgulloso de quien soy, a trabajar sin descansar y luchar por lo que quiero. Pero sabía que además tenía que ser más astuto que los americanos para poder darles competencia¨, reconoció. 

Y por eso, en su último año de cursada, le escribió una carta al Bob Parker, el mismísimo dueño de la empresa Parker Oiling Company, para buscar un trabajo en la industria petrolera. Tanta fue su convicción que, en menos de un mes, Campos no solo había conseguido una entrevista, sino también un empleo que lo transfería a Colombia por siete años. ¨Cuando volví a Tulsa, volví para toda la vida, esta es mi casa¨, aseguró.

Tiempo después, siendo director de la cámara de comercio, obtuvo un empleo como asesor de seguros de State Farm y a partir de allí, el resto es historia. ¨Yo no sabía de seguros, pero me capacité y a los dos años logré tener mi propia sucursal aquí en el Este de Tulsa, que ya tiene más de veinte años¨, explicó, asegurando que cada oportunidad laboral que tuvo la aprovechó al máximo, y ese fue el secreto del éxito. 

Jim es un reconocido hombre de negocios de la ciudad y un gran padrino de la comunidad hispana, pero odia llevarse el crédito. ¨Tengo un gran equipo¨, cuenta, ¨personas con más de 15 años trabajando conmigo para las que busco ser siempre un ejemplo, respeto a mis empleados y sirvo a mis clientes, porque esa es la clave, si somos servidores, nos llegan cosas buenas al final del día¨, agregó.

La máxima inspiración de Jim fue su abuela, oriunda de Chihuahua, quien siempre les brindaba comida y asistencia a los labradores de su pueblo, aquellos que venían a trabajar por temporada sin descanso. ¨Todos los días pienso en ella y me pregunto cómo ayudar más, cómo lograr que nos unamos más, que tengamos lo que necesitamos¨, reflexionó. 

Campos es un padre devoto y un abuelo amoroso, un hombre de negocios que además es un líder nato de la comunidad hispana, alguien que aprendió desde abajo a hacer la América y  ha sido testigo del crecimiento de una comunidad entera, pero que aún tiene camino por andar y por eso sueña con algo distinto. ¨Me gustaría ver que se cumpla la justicia que merece la comunidad hispana, justicia para los que vienen a trabajar, que la comunidad hispana se haga respetar porque son los que construyen el sistema capitalista¨, dijo, vislumbrando en un futuro la posibilidad de representar a los hispanos en el sistema electoral. 

Campos se siente hoy pleno, y con la experiencia suficiente para buscar nuevos rumbos y senderos recorridos como para dejarle a los más jóvenes un sabio consejo

¨Trabajen, respeten, estudien y no se les olvide que dios esta con ustedes, el los guía, siempre¨, concluyó. (La Semana)

Jim Campos

Jim Campos, a Pioneer in Tulsa’s Hispanic Community

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

The first time Jim Campos set foot in Tulsa was in 1976. Coming from a Mexican family settled in New Mexico, at 18 he took a bus with only 100 dollars in his pocket to fulfill a promise: to be the first in his family to go to college. Jim was raised in a small farming town where the fields were plowed and opportunities were few. “Even so, my father managed to teach me to work and my mother to study. And they told me ‘you will get ahead, you will go to college.’ And I was the first of seven siblings to achieve it,” he said proudly. As a devout believer, he enrolled at Oral Roberts University, even though his grades allowed him to go to Harvard. “I didn’t know anyone here, and let’s say that back then, Tulsa was not what it is today, there were hardly any Mexicans. It was quite a challenge,” he recalled about his first days in the city.

But somehow, this pioneer managed to keep his roots intact, studied hard as his mother had asked, and applied all the teachings of his grandparents to make Tulsa his home. “They taught me to be proud of who I am, to work tirelessly and fight for what I want. But I knew I also had to be cleverer than the Americans to be able to compete,” he acknowledged. Therefore, in his final year of college, he wrote a letter to Bob Parker, the very owner of Parker Oiling Company, to seek a job in the oil industry. His conviction was so great that, in less than a month, Campos not only got an interview but also a job that transferred him to Colombia for seven years. “When I returned to Tulsa, I came back for life, this is my home,” he assured.

Later, as director of the chamber of commerce, he got a job as an insurance advisor at State Farm and from there, the rest is history. “I knew nothing about insurance, but I trained and within two years I managed to have my own branch here in East Tulsa, which has been in operation for over twenty years,” he explained, ensuring that he took full advantage of every job opportunity he had, and that was the secret of his success. 

Jim is a well-known businessman in the city and a great godfather of the Hispanic community, but he hates taking credit. “I have a great team,” he says, “people who have been working with me for over 15 years for whom I always try to be an example, I respect my employees and serve my clients, because that is the key, if we are servers, good things come to us at the end of the day,” he added.

Jim’s greatest inspiration was his grandmother, a native of Chihuahua, who always provided food and assistance to the laborers of her town, those who came to work seasonally without rest. 

“Every day I think of her and wonder how to help more, how to achieve more unity, to have what we need,” he reflected. Campos is a devoted father and a loving grandfather, a businessman who is also a natural leader of the Hispanic community, someone who learned from the bottom up to make America and has witnessed the growth of an entire community, but still has a way to go and thus dreams of something different. 

“I would like to see the justice that the Hispanic community deserves, justice for those who come to work, that the Hispanic community be respected because they are the ones who build the capitalist system,” he said, envisioning in the future the possibility of representing Hispanics in the electoral system.

Today, Campos feels fulfilled, and with enough experience to seek new paths and paths traveled to leave the younger generation wise advice: “Work, respect, study and don’t forget that God is with you, He guides you, always,” he concluded. (La Semana)