La visión de Juan Miret para mejorar Tulsa / Juan Miret’s vision of a better Tulsa

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

Es bien sabido que Tulsa se ha convertido en una ciudad multi-cultural con un enorme porcentaje de hispanos que buscan su sueño americano. Pero lo que no muchos saben es que detrás de este crecimiento hay hombres como Juan Miret, trabajando todos los días para construir una comunidad unida a partir de la diversidad.

Miret es muchas cosas, periodista, director de desarrollo de la escuela San Miguel, escritor y recopilador de historias, pero ante todo es un caribeño exiliado de Venezuela que en este rincón del mundo vino a construir patria a partir de la valoración de sus propias raíces y las ajenas.

Llegó a Estados Unidos hace 20 años, cuando el comandante Chávez tomó posesión del gobierno de Venezuela, y se inició la revolución, su instinto de periodista no le falló y supo que su hogar ya no sería el mismo. “Por aquél entonces ya veías como apretaban las tuercas sobre la libertad de expresión. Chávez sólo quería periodismo hecho a medida, un traje perfecto que calzara justo, y el periodismo tiene que ser incómodo”, recordó sobre sus tiempos de exilio evaluando la decadencia actual de su país.

Desde hace años Miret trabaja incansablemente para que las voces de las minorías hispanas se hagan oír, respetando sus convicciones y denunciando injusticias. Pero no a todos les place lo que tiene para decir, y tanto la derecha como la izquierda le atribuyen roles políticos un tanto ambidiestros. “En temas migratorios los de ultraderecha me consideran liberal y los de izquierda uno de ultra derecha, yo soy sólo un caribeño intentando alcanzar el sueño americano, e intentaré siempre alzar la voz en pos de nuestros derechos”, aseguró recordando las viejas épocas de batalla contra el programa 287g y la ley 1804.

Sus convicciones son tan fuertes que le han valido la etiqueta de periodista controversial de Tulsa. “A veces defender a los mas desprotegidos incomoda a algunas personas, especialmente e ciudades pequeñas como Tulsa”. Y lo afirma porque su mayor ideal político está basado en el respeto a las minorías, algo que muchos olvidan. “A los políticos les interesa únicamente el proceso de relección y en ese círculo vicioso las minorías quedan siempre utilizadas y relegadas”, aseguró, recalcando que nunca seguirá un libreto, si el mismo no ayuda a la comunidad hispana. 

Hoy, Miret busca hacer la diferencia cultivando semillas jóvenes para cambiar el futuro de la ciudad, trabajando para fomentar la educación equitativa en la Escuela San Miguel y escribiendo cuentos infantiles bilingües, que integren a quienes están desunidos.  “La educación es el martillo para romper las barreras y es algo que nadie te puede quitar”, afirma.  

Recientemente publicó  “cultura for all”, donde narra distintas historias que pasan solo en Oklahoma, personajes cotidianos como santos de inmigrantes y platillos de restaurantes, retratan rincones específicos de la ciudad. Desde esta recopilación de relatos Miret busca que nos regocijemos en los avances de nuestra comunidad, y los hispanos puedan hacer de Tulsa su lugar, un hogar acogedor y distinto.

 Miret sabe que con lo que hace no alcanza, si bien lo llenan de esperanza las nuevas generaciones que cuentan con los puestos claves para liderar el cambio, le preocupa la falta de unión de los hispanos.  “Hay una especie de egoísmo cuando gente de nuestra comunidad va triunfando y esos triunfos molestan a otro”, dijo. Por eso sugiere que una de las formas de mejorar la representatividad de los hispanos de Tulsa es aumentando su visibilidad, y generando dinámicas de valoración de los demás. “Hay que apoyar a aquellos que están haciendo un cambio fundamental y celebrar los triunfos de quienes están teniendo un impacto positivo aún cuando tengamos nuestras diferencias”, sugirió. “Esto permitiría eventualmente tener más poder de decisión, un frente unido que influye en lo cultural, lo empresarial y lo educativo”, agregó.  

“Si hay un atleta que tiene un triunfo la comunidad debe estar atrás apoyándolo, si una iglesia reparte comida hay que festejarlo, si un escritor publica un libro hay que aplaudirlo”, pidió con entusiasmo, soñando con que el idioma español resuene en cada rincón de la ciudad.  “Acá el problema es el por qué tu y no yo. Al final del día, hay que recordar que somos todos inmigrantes y estamos en el mismo bote aunque las tormentas no sean iguales para todos”.

Miret sueña en grande, y desde su sillón piensa en cómo empoderar a los desamparados para cambiar la historia, quizás, el tiempo le permita hacer la diferencia, para nosotros, ya la hizo. (La Semana)

Juan Miret’s vision of a better Tulsa

By Guillermo Rojas and Victoria Lis Marino | Tulsa, OK

The world knows Tulsa has grown into a multicultural city with a large number of Hispanics searching for their American dream. Behind this tremendous growth there are immigrants like Juan Miret, who works every day to build a community based on the benefits of diversity.

Miret is a lot of things: journalist, writer, and storyteller, and now the development director of San Miguel school. But above all, he is a man who escaped from Venezuela and came to this little place in the world trying to build a new nation that treasures his roots and those of the others. 

He came to America 20 years ago Hugo Chavez took control of the Venezuelan government. Knowing his country would never be the same, he used the power of education to open ground in the US.

“Back then, you could see how they started limiting freedom of expression. Chavez wanted a controlled press, a perfect suit made only for him, but journalism doesn’t have to fit perfectly, it should be uncomfortable,” he remembered about his early exile days.

For years now Miret has been working tirelessly to amplify the voices of those unrepresented, denouncing injustices and asking for accountability. But not everyone is a fan of his, and right wingers and left wingers constantly attack him.

“When it comes to migration issues those in the far right accuse me of being a liberal, and those in the left of being of the extreme right. I am just a man trying to reach my American dream and will always raise my voice to defend our rights,” he stated, remembering his old battles against the 287(g) program and HB 1804.

His convictions are so strong they have on occasion given him the noble title of ‘controversial journalist.’

“Sometimes when you defend the most vulnerable, some people are made uncomfortable, especially in a small place like Tulsa,” he acknowledged, highlighting his most firm conviction is his love for minorities.

“Politicians only care for minorities when they need to win an election and in that process they end up being used and neglected,” Miret claimed, adding he will never follow a script that goes against the Hispanic community.

Today Miret works hard to make a difference by sowing the seeds of the young to change the future face of Tulsa, especially with his work for equal education at San Miguel school, and the writing of bilingual stories that can foster integration. “Education is the hammer you have to break all barriers, and it’s something that nobody can take away from you,” he said.

Recently he published “Culture for All,” a bilingual book of short stories that narrates the lives of interesting immigrants in Tulsa, while describing specific corners of the city. With this compilation, Miret wants us to cherish the development of the Hispanic community in Tulsa and show that our city can really be called ‘home.’

Miret knows that what he does is not enough, and although he believes in the power of new generations to lead change, he is worried about the lack of unity among Hispanics.

“There is a kind of selfishness when some people see others winning, as if triumphs actually bothered the rest,” he said. This is why he suggests that one way of improving the representation of Hispanics in Tulsa is magnifying their visibility and creating dynamics that could put value on what others do.

“We have to support those who are making fundamental changes and celebrate the triumphs of the ones who are having positive impacts in the community, even if they might think differently,” Mioret suggested. “This could help us gain more power of decision and create a united front that could influence culture, economics and even education”, he added. “If there is an athlete that won a competition, the whole community must back him up. If a church organizes a food give away, we have to celebrate and cooperate. If a Hispanic writes a book, we must congratulate him,” Miret emphasized, hoping to hear the sounds of Spanish in every corner of the city.

“The problem that we have here is the ‘why you and not me.’ At the end of the day, we must remember we are all immigrants in the same boat, even if the storms hit us differently.”

Miret dreams big, and from his thinking chair he tries to empower the vulnerable to change history. Maybe time can help him make an even bigger difference, but for us, he has already made it. (La Semana)