Con Título 42 o sin él, los migrantes seguirán arriesgándolo todo / With or without Title 42, migrants will continue to risk everything

Por Maribel Hastings and David Torres | WASHINGTON, DC

Tras el fallo de un juez federal que impide al gobierno de Joe Biden dejar de implementar el Título 42, y que la Casa Blanca asegura que apelará, un común denominador recorre los reportes de prensa en estos días: con la medida o sin ella, los migrantes seguirán llegando a la frontera, con la esperanza de solicitar asilo en algún momento.

Esa parece ser una lógica de sobrevivencia pura que los antiinmigrantes —entre políticos, funcionarios y parte de la sociedad estadounidense— nunca lograrán ni entender, ni aceptar. Porque puede haber miles de obstáculos en el camino, pero para alguien que busca dejar atrás aquello que martiriza su existencia y la de sus seres queridos no hay barrera que le impida, al menos, intentarlo.

En efecto, en varias ciudades fronterizas son miles los migrantes que aguardan porque, con Título 42 o sin él, ellos seguirán llegando. De hecho, una de las falacias que republicanos y algunos demócratas moderados esgrimen es que la eliminación del Título 42 generaría un “caos en la frontera” ante el masivo arribo de migrantes. De ahí que insistan en asirse a esta medida sanitaria, activada por la pandemia del Covid-19, para lidiar con los retos migratorios, sin que medie un debate de altura en el Congreso para aprobar o rechazar una legislación.

Es, simple y llanamente, una especie de toma y daca a nivel legislativo, en el que miles de vidas humanas en total vulnerabilidad son utilizadas como parte de ese juego perverso de conveniencias políticas, donde lo más “importante” es vencer al opositor en turno, ya sea en la tribuna o en la prensa, poniendo en medio a esos migrantes como estratagema ideológica, lo mismo para defenderlos que para atacarlos. Y mientras tanto, esos migrantes siempre quedan, lamentablemente, en el limbo migratorio.

En otras palabras, el Título 42 le ha servido de arma a esos políticos, quienes durante décadas se han dedicado a entorpecer una reforma migratoria amplia que, además de legalizar a indocumentados, atienda las obsoletas leyes de asilo que rigen en este país. Es más, el Título 42 ha permitido minar todavía más esas leyes de asilo, impidiendo el ingreso sobre todo de extranjeros de países latinoamericanos, caribeños y africanos, entre otros, tal como se empezó a dar ese fenómeno durante la administración Trump, dejando ver además ese lado xenófobo que conlleva desde el principio la aplicación de dicha política de exclusion evidente.

Así, el cinismo de estos políticos no tiene límites. Todavía no entraba en vigor la fecha límite para eliminar el Título 42, este pasado 23 de mayo, cuando ellos ya argumentaban que había una “crisis en la frontera”. Si con el Título 42 ya había una “crisis”, entonces ¿por qué aferrarse a una medida sanitaria para hacer frente al desastre que son las leyes de inmigración en la nación supuestamente más poderosa del planeta? ¿Por qué no legislar?

La respuesta es sencilla. Porque es más fácil explotar el tema para fines políticos, que tener los pantalones y las faldas bien puestos para tomar decisiones difíciles y reformar un sistema migratorio que no corresponde a la realidad de este Siglo 21. Es más fácil recurrir a la demagogia que hacer el trabajo para el cual supuestamente fueron electos.

Porque la realidad es que con Título 42 o sin él los migrantes seguirán llegando, sobre todo ahora que comienza el verano, cuando las cifras se disparan. Porque no únicamente buscan asilo — pues muchos provienen de países aliados de Estados Unidos y la posibilidad de obtener ese beneficio es remota—, sino también, como tantos otros, huyen de la miseria, de la violencia en todas sus manifestaciones.

Son esas situaciones las que los llevan a cruzar desiertos y a navegar en aguas infestadas de tiburones en precarias embarcaciones. Si sobreviven las travesías y luego los deportan, ellos vuelven a intentarlo. Con Título 42 o sin él. (America’s Voice)

With or without Title 42, migrants will continue to risk everything

By Maribel Hastings and David Torres | WASHINGTON, DC

After the ruling of a federal judge that prevents the Biden administration from ceasing to implement Title 42, and that the White House assures that it will appeal, a common denominator runs through the press reports these days: with the measure or without it, mgrants will continue to arrive at the border, hoping to apply for asylum at some point.

That seems to be a logic of pure survival that anti-immigrants —including politicians, officials and part of American society— will never be able to understand or accept. Because there may be thousands of obstacles along the way, but for someone who seeks to leave behind what martyrs his existence and that of his loved ones, there is no barrier that prevents him from at least trying.

Indeed, in several border cities there are thousands of migrants waiting because, with or without Title 42, they will continue to arrive. In fact, one of the fallacies that Republicans and some moderate Democrats wield is that the elimination of Title 42 would generate “chaos at the border” in the face of the massive arrival of migrants. Hence, they insist on clinging to this health measure, activated by the Covid-19 pandemic, to deal with migratory challenges, without a high-level debate in Congress to approve or reject legislation.

It is, plain and simple, a kind of give and take at the legislative level, in which thousands of human lives in total vulnerability are used as part of that perverse game of political convenience, where the most “important” thing is to beat the opponent in turn, whether on the platform or in the press, putting these migrants in the middle as an ideological stratagem, both to defend them and to attack them. And meanwhile, those migrants are always, unfortunately, in migratory limbo.

In other words, Title 42 has served as a weapon for those politicians, who for decades have dedicated themselves to obstructing a comprehensive immigration reform that, in addition to legalizing undocumented immigrants, addresses the obsolete asylum laws that govern this country. Moreover, Title 42 has made it possible to further undermine these asylum laws, preventing the entry, especially of foreigners from Latin American, Caribbean and African countries, among others, just as this phenomenon began to occur during the Trump administration, also revealing that xenophobic side that entails from the beginning the application of said policy of obvious exclusion.

Thus, the cynicism of these politicians knows no bounds. The deadline to eliminate Title 42, this past May 23, had not yet come into force, when they were already arguing that there was a “crisis at the border.” If with Title 42 there was already a “crisis”, then why cling to a sanitary measure to face the disaster that is the immigration laws in the supposedly most powerful nation on the planet? Why not legislate?

The answer is simple. Because it is easier to exploit the issue for political purposes, than to have the pants and skirts on to make difficult decisions and reform an immigration system that does not correspond to the reality of this 21st century. It is easier to resort to demagoguery than to do the job for which they were supposedly elected.

Because the reality is that with Title 42 or without it, migrants will continue to arrive, especially now that summer begins, when the numbers skyrocket. Because not only do they seek asylum —since many come from countries allied with the United States and the possibility of obtaining that benefit is remote—, but also, like so many others, they flee misery, and violence in all its manifestations.

It is these situations that lead them to cross deserts and navigate shark-infested waters in precarious boats. If they survive the journeys and are later deported, they try again. With or without Title 42. (America’s Voice)