Inválido y sin ayuda estatal lucha por una prótesis / Invalid and without state aid, man fights for a prosthesis

Por Guillermo Rojas y Victoria Lis Marino |México, DF

En la ciudad de México los contrastes se encuentran a cada paso, ricos pobres, historia, modernidad, opulencia y necesidad extrema, todos parecen caras de la misma moneda. Entre estas contradicciones me topé con un peculiar conductor al que le faltaba una pierna. Fue inevitable maravillarme ante la proeza del joven hombre que manejaba con precaución y suma destreza. No lo dudé, me atreví y le pregunté  qué le había sucedido, y cómo hacía para sobrevivir.

Se trataba de Osvaldo Oleva San Luis, un hombre honesto que sueña un sueño imposible, volver a caminar, pero que no dispone de recursos para comprar la prótesis que le permita hacer lo que más le gusta, jugar al futbol y ser coreógrafo de danza.

“Un descuido de una herida de un dedo me provocó una úlcera que no cuidé y tuvieron que amputarme la pierna”, contó Osvaldo que hace un año está discapacitado. “No podía pensar en lo que iba a pasar, sólo en recuperarme y ver en qué trabajar”, dijo con honestidad.  Osvaldo es diabético, y en cualquier otra parte del mundo, quizás, podría haber salvado su pierna, pero en México, la falta de salud preventiva, le abre la puerta a situaciones extremas.

Como si fuera poco, el gobierno de López Obrador, poco promete para los discapacitados, y el pobre de Osvaldo, por su edad, no califica para recibir ayuda gubernamental, lo que lo deja sólo, e inválido sin posibilidad alguna. “Toqué puertas y se me han cerrado todas, es muy difícil que alguien me de empleo así, me siento muy discriminado”, reconoció.

Para rebuscárselas el hombre encontró la manera de salir adelante adaptando su vehículo para convertirlo en un Uber privado y conseguir el pan de cada día.  Pero el trabajo no cambia su inevitable realidad, y la sensación de malestar que tiene por no poder volver a pararse. “Era una persona alegre, y ahora esto me ha hecho una persona muy pesimista, tengo que depender de alguien para hacer mis cosas y me he vuelto amargo, lo que afecta a mi familia entera”, explicó dolido. “Pensé muchas veces en por qué la vida me mandaba todo esto, pero dios le manda las batallas a los mejores luchadores, uno sigue vivo, y por algo está así, la vida saca siempre lo mejor de las cosas”, agregó.

Desde su auto, y con el transporte de pasajeros pareciera que Osvaldo ha recuperado un poquito el control de su vida. “Me siento orgulloso, porque no me estanqué, estoy buscando salir adelante”, aseguró, mientras explicaba cómo utilizaba su pie izquierdo para frenar y una palanca para acelerar.

Osvaldo tiene un sueño, y necesita ayuda para conseguirlo. “Me encantaría patear un balón y volver a enseñar a bailar, pero pienso positivamente. Lo que más deseo es poder pararme otra vez y sentir algo indescriptible. Quiero volver a caminar al lado de mi familia”, pidió con desesperación.

En México,  un pobre trabajador inválido no tiene cómo conseguir $3000 para obtener una prótesis, el estado no ofrece colaboración alguna, y el resto de la sociedad tiene sus propias batallas. Por eso, La Semana apela a sus lectores para asistir a un hombre desamparado.  “Realmente me ayudaría mucho para volver a caminar, sentirme útil y ser un poquito más yo”, suplicó el taxista.

Deseamos que Osvaldo vuelva a caminar, y sabemos que junto a la comunidad latina de Tulsa podemos ayudarlo a conseguir la prótesis que tanto necesita. Por eso rogamos a nuestros amados lectores, compartir donaciones para cambiarle la vida a un pobre hombre en medio de México DF. Para información y cómo ayudar envíe un email a editor@lasemanadelsur.com. También puede ayudar a Osvaldo enviando a la cuenta 4213 1661 4102 0176 del abnco HSBC o
Visitando el facebook https://www.facebook.com/ProtesistaOmarLopez. (La Semana)

Osvaldo Oleva San Luis

Invalid and without state aid, man fights for a prosthesis

By Guillermo Rojas & Victoria Lis Marino | Mexico, DF

In Mexico City, contrasts are found at every step: rich, poor, history, modernity, opulence and extreme need, they all seem like different sides of the same coin. Among these contradictions I came across a peculiar driver who was missing a leg. It was inevitable to marvel at the feat of the young man that he managed with caution and great skill. I did not hesitate, I dared and asked him what had happened to him, and how he managed to survive.

The driver is Osvaldo Oleva San Luis, an honest man who dreams an impossible dream, to walk again, but who does not have the resources to buy the prosthesis that allows him to do what he likes the most, play soccer and be a dance choreographer.

“An oversight of a finger wound caused an ulcer that I did not take care of and they had to amputate my leg,” said Osvaldo, who has been disabled for a year.

“I couldn’t think about what was going to happen, just to recover and figure out what to work on,” he said honestly. Osvaldo is diabetic, and in any other part of the world, perhaps, he could have saved his leg, but in Mexico, the lack of preventive health care opens the door to extreme situations.

As if that were not enough, the López Obrador government promises little for the disabled, and poor Osvaldo, due to his age, does not qualify to receive government aid, which leaves him alone, and disabled without any possibility. “I knocked on doors and they have all been closed to me, it is very difficult for someone to employ me like this, I feel very discriminated against,” he acknowledged.

To search for them, the man found a way to get ahead by adapting his vehicle to turn it into a private Uber and get his daily bread. But the work doesn’t change the inevitable reality of him, and the sense of discomfort he has at not being able to get back on his feet.

“I was a happy person, and now this has made me a very pessimistic person, I have to depend on someone to do my things and I have become bitter, which affects my entire family,” he explained. “I wondered many times why life sent me all this, but God sends the battles to the best fighters, one is still alive, and for a reason it is like that, life always brings out the best in things.”

From his car, and being able to make money transporting passengers, it seems that Osvaldo has regained a little control of his life. “I feel proud, because I didn’t get stuck, I’m looking to get ahead,” he assured, while explaining how he used his left foot to brake and a lever to accelerate.

Osvaldo has a dream, but he needs help to achieve it. “I would love to kick a ball and teach dance again, but I think positively. What I want most is to be able to stand up again and feel something indescribable. I want to walk next to my family again,” he said.

In Mexico, a poor disabled worker has no way to get $3,000 to get a prosthesis. The state offers no assistance, and the rest of society has its own battles. For this reason, La Semana appeals to its readers to assist a desperate man. “It would really help me a lot to walk again, feel useful and be a little more me,” the taxi driver pleaded.

We want Osvaldo to walk again, and we know that together with the Latino community of Tulsa we can help him get the prosthesis that he so desperately needs. That is why we ask our beloved readers to share donations to change the life of a poor man in the middle of Mexico City. For information on how to help, email editor@lasemanadelsur.com. (La Semana)