Acusan a Donald Trump por intento de golpe de estado / Attempted coup described in Jan. 6 hearings

Por William R. Wynn | TULSA, OK

Un creciente cuerpo de evidencia descubierto por el Comité del 6 de enero de la Cámara de Representantes revela el grado en que el ex presidente Donald Trump alentó a los que asaltaron el Capitolio en 2021, e incluso trató de unirse físicamente a los alborotadores mientras buscaban anular los resultados legítimos de las elecciones presidenciales de 2020.

Los testigos describieron cómo, en las semanas previas a la insurrección sin precedentes que dejó cinco personas -incluido un agente de policía de la capital- muertas y muchas otras heridas, Trump continuó impulsando la mentira de que las elecciones le habían sido robadas de alguna manera, a pesar de que numerosos asesores de alto nivel y miembros de su propia familia le dijeron que no había ninguna base fáctica para tales afirmaciones. Pero en lugar de aceptar la derrota con elegancia, como ha sucedido en todas las demás contiendas presidenciales de la historia de Estados Unidos, cuanto más le decían los altos cargos de Trump -incluido el entonces fiscal general William Barr- que había perdido las elecciones y que había agotado todos los medios legales para impugnar los resultados, más decidido estaba Trump a seguir con lo que se ha conocido como “la gran mentira”.

Al comparecer a través de un testimonio grabado, Barr relató que le dijo a Trump en numerosas ocasiones que no había pruebas creíbles de fraude electoral o de máquinas de votación comprometidas, y describió las declaraciones que su jefe estaba haciendo públicamente acerca de haber ganado realmente las elecciones como “perturbadoras” e “idiotas”.

“Se ha alejado de la realidad si realmente cree en estas cosas”, recordó Barr que pensó en ese momento.

Pero lo que sigue surgiendo del testimonio es una imagen no de alguien iluso que pensaba honestamente que había ganado, sino de un presidente que sabía perfectamente que había perdido las elecciones limpiamente, pero que, después de perder todas las impugnaciones judiciales y todos los recuentos en numerosos estados, estaba dispuesto a rebajarse a cualquier medio a su disposición -incluido un golpe de estado insurreccional- para revertir la voluntad del pueblo y aferrarse al poder.

Pero a pesar de las afirmaciones de Barr y de la hija de Trump, Ivanka, y de su yerno, Jared Kushner, de que se le había dicho al presidente que abandonara las reclamaciones de elecciones robadas, un cuadro de extremistas siguió instando al presidente a persistir en los esfuerzos por anular los resultados.

Un beneficio añadido para el pronto ex presidente fue la enorme cantidad de dinero -al menos 250 millones de dólares- que pudo recaudar de sus partidarios al perpetrar públicamente la mentira. La comisión demostró que muy poco de ese dinero se destinó realmente a financiar las frívolas impugnaciones legales defendidas por el a menudo ebrio Rudy Giuliani, sino que fue a parar al comité de acción política de Trump, Save America, que a su vez ha canalizado millones hacia hoteles y complejos turísticos propiedad de Trump.

Algunos de los testimonios más inquietantes proceden de quienes estuvieron cerca del expresidente el 6 de enero, en el mitin que celebró justo antes de que se produjeran los disturbios y en la Casa Blanca mientras la insurrección estaba en pleno apogeo.

Cuando el entonces vicepresidente Mike Pence informó a Trump de que no tenía autoridad legal para negarse a certificar las elecciones, como Trump había estado presionando pública y privadamente para que lo hiciera, Trump refundó a su número dos como “débil” y “cobarde”. No cabe duda de que los repetidos vapuleos de Trump a Pence en el mitin del 6 de enero provocaron directamente que sus partidarios levantaran horcas improvisadas en las escaleras del capitolio y corearan “colgad a Mike Pence”.

Según un agente del servicio secreto que viajaba en el automóvil del presidente cuando regresaba a la Casa Blanca de la ahora infame manifestación, Trump expresó su deseo de unirse a los insurrectos en el edificio del Capitolio.

A estas alturas es de dominio público que, incluso después de que se le dijera repetidamente que debía condenar la violencia, Trump permaneció en silencio mientras el Capitolio era invadido, y sólo más tarde y a regañadientes dijo a la agresiva multitud “os queremos”, pero es hora de irse a casa.

Todavía quedan más testimonios por llegar esta semana, y se especula con que los demócratas de la Cámara de Representantes pedirán al Departamento de Justicia que presente cargos penales contra Trump por su papel en los intentos de golpe. (La Semana)

Attempted coup described in Jan. 6 hearings

By William R. Wynn | TULSA, OK

A growing body of evidence uncovered by the House January 6th Committee reveals the degree to which former president Donald Trump encouraged those who stormed the Capitol in 2021, and even tried to physically join the rioters as they sought to overturn the legitimate results of the 2020 presidential election.

Witnesses described how, in the weeks leading up to the unprecedented insurrection that left five people – including a capital police officer – dead and many others wounded, Trump continued to push the lie that the election had somehow been stolen from him, despite being told by numerous top advisors and his own family members that there was no factual basis for such claims. But rather than gracefully accepting defeat, as has been the case in every other presidential contest in American history, the more Trump’s top people – including then Attorney General William Barr – told him he had lost the election and had exhausted every legal means to challenge to results, the more determined Trump became to pursue what has become known as “the big lie.”

Appearing via taped testimony, Barr recounted telling Trump on numerous occasions that there was no credible evidence of voter fraud or compromised voting machines, and described the statements his boss was making publicly about having actually won the election as “disturbing” and “idiotic.”

“He’s become detached from reality if he really believes this stuff,” Barr recalled thinking at the time.

But what continues to emerge from the testimony is a picture not of someone deluded who honestly thought he won, but of a president who knew full well he had lost the election fairly, but who, after losing every court challenge and every recount in numerous states, was willing to stoop to any means at his disposal – including an insurrectionist coups – to reverse the will of the people and cling to power.

But despite Barr’s assertions and that of Trump’s daughter Ivanka and son-in-law Jared Kushner that the president had been told to drop the stolen election claims, a cadre of extremists continued to urge the president to persist in efforts to overturn the results.

An added benefit for the soon to be ex-president was the huge amount of money – at least $250 million – he was able to raise from supporters by publicly perpetrating the lie. The committee showed that very little of this money actually went to fund the frivolous legal challenges championed by the often inebriated Rudy Giuliani, but rather found its way into Trump’s political action committee, Save America, which in turn has funneled millions into Trump-owned hotels and resorts.

Some of the most disturbing testimony came from those who were around the former president on January 6, at the rally he held just before the riot took place and at the White House while the insurrection was in full swing.

When then Vice President Mike Pence informed Trump that he had no legal authority to refuse to certify the election, as Trump had been publicly and privately pressuring him to do, Trump recast his number two as “weak” and “a coward.” There can be no doubt that Trump’s repeated slamming of Pence at the Jan 6 rally directly resulted in his supporters erecting makeshift gallows on the steps of the capitol and chanting “hang Mike Pence.”

According to a secret service agent riding in the president’s car as he returned to the White House from the now infamous rally, Trump expressed a desire to join the insurrectionists at the Capitol building.

By now it is common knowledge that, even after repeatedly being told he should condemn the violence, Trump remained silent as the Capitol was overrun, only later and begrudgingly telling the deadly crowd “we love you” but it’s time to go home.

There is still more testimony to come this week, and speculation is growing that House Democrats will ask the Department of Justice to pursue criminal charges against Trump for his role in the attempted coups. (La Semana)